TOGETHER

EL BEBE DE ROBBIE Y NICOLE


Together (Nicole & Natalie Appleton)

NICOLE
Robbie Williams y yo estábamos muy enamorados. Siempre estábamos riéndonos y sacábamos lo mejor de cada uno. Es por eso que, a pesar de todas las dificultades, duramos tanto tiempo. Lo que más me gustaba de Rob era su sentido del humor, eso y su generosidad. Es una persona muy amable. No es tonto, es muy listo con su dinero, pero todo el mundo es bienvenido en su casa y nunca da nada por sentado.

Solíamos pasar horas en la habitación de arriba de Rob, que es como una sala de juegos, escuchando música y pretendiendo ser DJs, haciendo el tonto con su enorme sillón en forma de balón de fútbol y su modelo a tamaño real de un soldado de Star Wars. En otras ocasiones teníamos románticos picnics en Hampstead Heath en el norte de Londres. Al principio, Rob y yo estábamos muy ocupados viajando alrededor del mundo y no teníamos muchas oportunidades para vernos. Era maravilloso cuando podíamos arreglárnoslas para estar en la misma ciudad al mismo tiempo.

En una ocasión, en que llevábamos diez dias sin vernos, estábamos los dos haciendo un show en Paris. Llegar al hotel y saber que él estaba en el mismo edificio fue tan excitante que me empezó a latir muy fuerte el corazón. El hotel tenía un vestíbulo muy largo y recuerdo cuando le vi a él al fondo del mismo. Corrimos el uno hacia el otro y salté entre sus brazos. Estuvimos todo el tiempo en la habitación de alguno de los dos.

Desde el principio nuestra relación estuvo bajo un montón de presión. Yo era parte de una banda que era un caos y me llevaba todos los problemas a casa con Rob. Era lamentable. All Saints lo estaba haciendo bien, pero no nos llevábamos bien y yo estaba a menudo triste. Rob era amable y compasivo, siempre estaba ahí. Irónicamente eso es lo que lo hacia más difícil: mi dolor hacia revivir el suyo.

Rob nunca fue aceptado en Take That. Me contó como se burlaban de su sobrepeso y todas las reglas y normas con las que tenía que vivir. Una noche nos sentamos en la terraza del tejado de su piso de Notting Hill, en el Oeste de Londres, y empezó a llorar hablando sobre sus experiencias en Take That.

Aparte de Rob y mi hermana, Natalie, la otra persona de la que me sentía más cerca era el tercer miembro de All Saints, Melanie Blatt. Nos conocíamos desde la escuela y habíamos sido amigas durante tanto tiempo que hasta las reglas las teníamos a la vez. Las dos teníamos una relación estable, ella con Stuart Zender, el bajista de Jamiroquai, y hablábamos sobre como sería tener un bebé.

En marzo de 1998 estábamos promocionando Never Ever, nuestro primer gran éxito, en Vancouver, Canadá, cuando Mel y yo nos dimos cuenta de que teníamos un retraso y decidimos hacernos juntas el test de embarazo. Nos turnamos para hacer pis en las tiras de papel y miramos asombradas como ambos se volvían azules. El mio era vibrante y luminoso, el de Mel era difuso.

‘¡Estamos embarazadas!’, gritamos. Fue el momento más extraordinario. Era tarde por la noche y la luz de la luna hacia que la nieve de fuera pareciera azul. No nos movimos, solo estábamos allí sentadas sonriendo. Todos esos años de amistad, luego el éxito en la música juntas y ahora esto.

‘Según mis cuentas significa que me quedé embarazada el dia de San Valentin’, le dije a Mel. Parecía un presagio asombroso y nos abrazamos un montón de veces.

‘No se lo digamos a nadie de momento’, dijo Mel. ‘Va a ser nuestro secreto’. Era como ser crías otra vez, compartiendo algo que nadie más sabia.

‘Excepto a Natalie’, dije. ‘Se lo tengo que decir a mi hermana’.

‘A los otros no les va a gustar’, dijo Mel. Ella había dicho lo que ambas estábamos pensando. ‘Nos van a echar’.

La idea de la tormenta que se avecinaba eclipsó nuestra alegría. A los momentos de éxtasis ante nuestro descubrimiento les siguieron el miedo al disgusto de los otros, a ser rechazadas. ‘Lo van a ver como una amenaza para la banda’, dijo Mel. ‘Lo sé. Va a poner en peligro nuestra imagen’.

Estuve de acuerdo. Por aquel entonces ninguna de las Spice Girl se había quedado embarazada. El embarazo para las estrellas del pop no era todavía una cosa guay.

Llamé a Rob. Eran las dos de la mañana. Estaba cansado y dormido, pero fue maravilloso poder contactar con él, tal como hacíamos cada dia, para sentirnos unidos el uno al otro. Era duro estar siempre separados.

‘Tengo algo que contarte’, dije. ‘Mel y yo nos hemos hecho un test de embarazo hace algunas horas y estoy embarazada’.

‘Eso es genial, nena’, su respuesta fue inmediata, cálida y entusiasta. Era exactamente lo que yo quería oír. Incluso sin expresarlo supe entonces que no tenía por qué haber estado asustada de la reacción de Rob. Llevábamos juntos tres meses. Una parte de mi tenía miedo de que él no quisiera implicarse en esto y en todo lo que conllevaba.

‘¿Estas contento?’, le pregunté.

‘Estoy encantado’, me aseguró. ‘Es lo que quiero’.

Esa noche Mel durmió en mi habitación del hotel y estuvimos levantadas hasta muy tarde, riendo y haciendo planes. Era como un sueño: tener bebes juntas, bebes que podrían crecer juntos, como habíamos hecho Mel y yo. estábamos muy excitadas. Entonces parecía posible tenerlo todo: una carrera, un hombre que te ama, un bebé. La vida no podía ser mejor.

Tomamos cereales y vasos de leche para desayunar. Era una mañana realmente feliz para mí. Pero tenía miedo de decirle a nuestro representante, John Benson, que estaba embarazada, me daba miedo su reacción.

‘A mi no me da miedo’, dijo Mel, lo que era verdad solo a medias. ‘Se lo diré yo primero, si quieres, así podrás juzgar su reacción’.

Dejamos Vancouver y nos dirigimos a Australia. Mel y yo nos sentamos en la parte de atrás del avión. La fecha era 25 de marzo de 1998. Era el 23 cumpleaños de Mel. Esto hacía mayor la emoción, era un momento trascendental. ‘Si supieran que estamos embarazadas’, susurrábamos y nos reíamos.

El avión hizo una escala en el aeropuerto de Los Angeles y fuimos al enorme Hall, que estaba lleno de restaurantes y bares, a esperar nuestro vuelo.

‘Se lo voy a decir a John’, dijo Mel.

‘Mientras tú se lo dices a él, yo se lo diré a Nat’, dije. Nos apretamos las manos. ‘Ven un momento’, le dije a Natalie. ‘Vamos a echar un vistazo a la tienda de regalos’. Era uno de nuestros pasatiempos favoritos en los aeropuertos, comprar chucherias raras.

‘Nat, tengo que contarte algo’, dije. Parecía asustada y excitada incluso antes de que yo hablara. ‘Estoy embarazada’, dije. Natalie gritó y me rodeó con sus brazos. ‘Es fantástico’, dijo. Nos sonreímos la una a la otra. ‘¿Lo sabe alguien más?’ ‘No’, contesté. ‘Oh, Dios’, dijo ella. ‘¿Y que pasa con John?’. ‘Nat, tengo que contarte otra cosa’, dije. Vi como su expresión cambiaba esperando otro bombazo. ‘Mel también está embarazada’.

NATALIE

‘¿Mel embarazada?. Por el amor de Dios, ¿es que tenéis que hacerlo todo juntas?’. Dije: ‘¿Cómo lo habéis organizado?’’No lo hemos hecho, simplemente ha ocurrido’. ‘Estoy celosa’, dije inmediatamente. ‘Dos buenas amigas quedándose embarazadas a la vez’.

Estaba feliz por mi hermana – un bebé en la familia – pero también estaba en estado de shock. Me tranquilizaba que Mel también estuviera embarazada. Sabía que eso haría las cosas más fáciles. No podía dejar de mirarlas. Los gansos, este era su apodo en la escuela, estaban embarazadas. Me hacía gracia.

NICOLE

Natalie y yo dejamos la tienda de regalos y nos dirigimos hacia Mel y John. Estaban sentados a una mesa. Podíamos oír la voz de John desde una distancia de 20 metros. Estaba gritando y limpiándose el sudor de la frente. Mel estaba llorando. ‘Oh, Dios mio’, dije. ‘Oh, Dios mio’. Quería salir corriendo del hall, del aeropuerto, lejos de John y Mel, pero Mel me necesitaba. Tenía que estar con ella. Me dirigí hacia su mesa. ‘Estas loca’, continuaba John. ‘¿Desde cuando conoces a Stuart?, ¿nueve meses?, ¿diez? Estas echándolo todo a perder’.

Rodeé con mis brazos a Mel. Ya habían llamado para embarcar y nos dirigimos a la zona de salidas. John no paraba, hablando continuamente al oído de Mel. ‘No conoces a Stuart lo suficiente como para tener un niño con él’, decía. ‘Eres una estúpida, qué ingenua’. El resto de los pasajeros nos miraba. Yo me sentía avergonzada y apenada. Deseaba que alguien, cualquiera, le hiciera callar. En una de las cabinas que había a lo largo de las paredes del corredor Mel dijo, ‘Seguid sin mi, os alcanzaré’. Según íbamos hacia el avión, pude oírla. ‘Stuart, Stuart, es horrible. No podía haber sido peor’. Estaba llorando mientras hablaba por teléfono. Natalie miró aterrada a John. ‘No se trata de lo que yo piense’, dijo John. ‘Sino de lo que es mejor para All Saints. Mejor para vosotras. A Shaznay no le va a gustar esto’.

‘No se lo digas a Shaznay, John’, dijo Mel. ‘Quiero decírselo yo misma’. Natalie me miró con los ojos muy abiertos. Sabía lo que estaba pensando: Todo esto y todavía no sabe nada sobre ti. Otra cabina. Otra vez Mel se quedó atrás, esta vez para llamar a su madre. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho. Las lágrimas salían de mis ojos. Melanie estaba haciendo esto por nosotras dos, pero yo iba a recibir lo mismo. Solo era cuestión de tiempo. ‘¿Qué ha dicho Stuart?’, le pregunté. ‘Dice, “No escuches a los demás, vas a tener a este bebé”’. Mel llamó a Stuart otra vez. Hasta el mismo momento de irnos ella estuvo poniéndose en contacto con la gente que la quería y que se alegraba por ella. Yo conocía el dolor de dejar todo eso detrás. Algunos dias tienes que arrastrarte hasta el avión cuando cada fibra de tu cuerpo únicamente desea estar en tu propia cama, una taza de té hecha por tu madre, o una tranquila noche en casa.

Shiara Juthan, la secretaria de John, rodeó con sus brazos a Mel cuando subimos al avión. ‘No te preocupes, cariño’, dijo, ‘Todo va a salir bien’. Todas queríamos a Shiara. Cariñosa, amable y sincera, era una amiga. En el avión, Natalie se giró en el asiento al lado del mio y estuvimos hablando en susurros. ‘¿Cómo estas?’, preguntó. ‘Aterrada’, contesté. ‘Nunca imaginé que él podría portarse así’. ‘Yo tampoco’, dijo ella. ‘Y todavía no sabe nada de ti. ¿Cuándo se lo vas a decir?’ ‘No lo sé’. Shaznay pasó por nuestro lado, pero no se paró a hablar. ‘Está cabreada’, dije. ‘John se lo ha dicho’, dijo Natalie, y era evidente que lo había hecho.’¿Cómo ha podido hacer eso?’ ‘Va a ser horrible cuando aterricemos’. Cuando llegamos a Australia, Mel y yo bajamos del avión como zombies. Con las gafas de sol puestas, las cabezas agachadas, casi no podíamos hablar. El futuro parecía sombrío.

Tracey Edenshaw, que trabajaba en la oficina de Londres de nuestra compañía de discos, estaba allí para recibirnos. Era una de las personas más amables de London Records, se dio cuenta al instante de que Mel lo estaba pasando mal y la envolvió fuertemente con sus brazos. ‘¿Qué es lo que pasa?’, preguntó. ‘¿Puedo hacer algo?’. Le contamos lo del embarazo de Mel. ‘Y hay algo más’, dije. Lo solté de repente. ‘Yo también estoy embarazada’.

‘Nicole, eso es maravilloso’, dijo. La inmediata respuesta de Tracey fue tan cariñosa y positiva que empecé a llorar. ‘Esta bien’, dijo ella. ‘Siempre y cuando hagas tu trabajo, no importa si tienes niños. La banda lo superará. No siempre es posible elegir el mejor momento para tener un bebé. Las cosas pasan’.

Viajando desde el aeropuerto, en la furgoneta, hablando con Tracey, vi el primer rayo de esperanza desde la confesión de Mel a John. Las cosas podían salir bien.

En el hotel, John nos llamó a una reunión en su habitación. Shaznay se sentó atrás, sin mezclarse con nadie. ‘He convocado esta reunión porque la banda está en peligro de hundirse’, dijo. ‘Hoy Mel me ha dicho algo que puede hacer mucho daño a la banda. Necesito hacerlo público. Mel dice que está embarazada’. Con esto, Shaznay empezó a gritar y a gritar. ‘¡No puedo creer que estes embarazada!’, escupió la palabra hacia Mel. ‘Vamos a parecer unas estúpidas, ¿Has pensado en las consecuencias?’. Yo sentía la sangre agolpándose en mis oídos. Tenía la cara roja y caliente. Quería levantarme pero no podía. Tenía que hablar. Mel me necesitaba. Se me saltaban las lágrimas, estaba aterrorizada.

‘Yo también estoy embarazada’, dije. Las palabras salieron y ya nunca podría retirarlas. John empezó a reírse, y luego se giro hacia mí. ‘No te creo’, dijo. ‘Es verdad’. Intenté que mi voz sonara fuerte. ‘Yo también estoy embarazada. Lo estamos las dos’. Shaznay empezó a gritar otra vez. Daba miedo. Pensé que iba a pegarme. ‘Eres imbécil’, dijo John. ‘¿Tienes idea de lo que has hecho?’.

‘Robbie Williams es una estrella del pop’, dijo. ‘Probablemente estará con otra mañana, y con otra distinta la semana siguiente’.

Ahora Mel y yo estábamos las dos llorando, mientras Natalie miraba con la boca abierta. ‘Podía haberme esperado esto de Nicole’, dijo Shaznay con todo el desprecio que podía expresar, ‘pero no de ti, Melanie. CREI que tenias más sentido común’. Esto hizo que Mel se pusiera muy furiosa, yo era su aliada. Incluso en este momento, cuando ambas éramos culpables de la misma traición a All Saints, había una jerarquía y yo estaba al final de ella. Todo lo que quería hacer era irme a casa. John se dirigió hacia Natalie. ‘Te das cuenta de que tu hermana esta cometiendo un grave error, ¿verdad?. Esto también te va a afectar a ti’.

John convocó una reunión con Natalie. No sé lo que la dijo, pero sé que entró allí siendo mi fiel amiga y salió convencida de que todo nuestro futuro dependía de que yo renunciara al bebé de Rob. Me tumbé en mi cama. Estaba llena de emociones, tan agotada por todo. Además había que añadir el desfase horario, todo lo que deseaba era irme a casa. Llamé a Rob. El se ofreció a buscarme un vuelo para volver a casa, pero yo quería terminar la gira promocional. Nos quedaban tres dias. Podía aguantarlo. ‘Vamos a tener este niño’, dijo Rob. Me encantó la seguridad de su voz. ‘Nada ni nadie va a poder evitarlo’.

Mel y yo nos apoyábamos la una a la otra y estábamos seguras, cuando estábamos juntas, de que no estábamos haciendo nada malo. Ella me llamó a su habitación. ‘Prométeme’, dijo, ‘que digan lo que digan, siempre recordaras que quieres tener este bebé. No dejes que te obliguen a renunciar a él’. ‘De ninguna manera’. Yo lo tenía muy claro: ‘Quiero este bebé’. Esa noche, de pie en el puerto de Sydney, me sentí más cerca de Mel de lo que lo había estado nunca. ‘Que se jodan’, dijimos e hicimos un trato. ‘Vamos a tener a nuestros niños’. Al dia siguiente, en la compañía de discos, el personal australiano nos apoyo mucho. ‘Vais a ser unas bonitas madres’, dijeron.

Fue fantástico regresar a casa con Rob, con alguien que quería al bebe tanto como yo. estábamos muy unidos en aquella época. Nos encantaba estar juntos, haciendo planes. Rob iba a comprar un piso y me llevó a verlo. Desde fuera miramos hacia arriba y él señaló una de las ventanas delanteras. ‘Esa será la habitación de nuestro bebé’, dijo. Rob me llevó a ver a su abuela en su casa de Stoke-On-Trent. Ella era muy dulce y se alegró mucho por nosotros. Rob puso sus manos en mi vientre y dijo, ‘Este bebé va a salvar mi vida’.

Para él era una respuesta, una razón para vivir. Si era una niña, dijo, la llamaríamos Grace. Escribió una canción sobre ella, Grace. Está en su álbum I’ve Been Expecting You: ‘Grace, aun no he nacido / Ven a abrazar / a un alma que llora / Tengo tanto para darte’.

Mi madre me apoyó, ella quería lo que yo quisiera, pero un dia fui a visitarla y vi que había estado llorando. ‘Llamaron de la compañía de discos’, dijo, ‘Me han dicho que estas cometiendo un grave error y que Rob no te va a traer más que problemas’. ‘¿Te han llamado?’ ‘Si, querían que te hiciera cambiar de idea, que te hiciera pensar en las consecuencias para ti y para Natalie’. ‘No puedo creer que hayan metido a mi familia en esto’, dije.

‘¿Estas segura, realmente segura, de que quieres tener ese niño?’, preguntó mi madre. Esa tarde lloré durante horas en el sofá. Mamá y Natalie intentaban razonar conmigo y tranquilizarme. Yo quería que alguien, solo que alguien de mi familia, me dijera qué era lo mejor que podía hacer. Me sentía muy frustrada. Nadie salvo Rob y Mel entendía lo que este bebé significaba para mí. ¿Por qué tenía que seguir luchando por el derecho a vivir mi vida de la forma que quisiera?.

‘No me hagáis elegir entre mi hijo y la banda’, les supliqué. ‘Vosotros no, mi familia no’.

Un mes después de nuestro regreso de Australia, fuimos a Nueva York para una semana. Éramos una banda dividida en dos mitades: Mel y yo en un lado, Shaznay y Natalie en el otro. Todo llegó al punto crítico al dia siguiente. Me dieron muchas razones y excusas diferentes. Pero yo quería de verdad tener el bebé de Rob. ¿Qué es lo que estaba tan mal?. Todo, según parecía.

Me llamaron para una reunión en las oficinas de la compañía de discos mientras las otras se daban una vuelta pillando CDs y pósters (una de las ventajas de nuestro trabajo). Querían hablar conmigo sobre mi embarazo y la reunión terminó con la discográfica preguntándome: ¿Quería yo que me organizaran un aborto? Dijeron que si estaba de acuerdo podían organizarlo para el dia siguiente y que sería fácil y rápido. Podría entrar y salir de la clínica en el mismo dia. Yo no sabía que decir. Incluso la compañía de discos estaba interesada en mi vida privada. Después de tantas semanas de presión yo estaba con los ánimos muy bajos, estaba muy deprimida. No tenía fuerzas para seguir luchando y simplemente me dejé llevar. Como un robot acepté tener una cita con un médico. Tenía que cumplir con las formalidades. Eso no era lo que yo quería pero ya no podía seguir luchando. Era como una gran ola que me arrastraba y contra la que no podía luchar, inconscientemente y sin querer ni poder elegir. Todo el mundo era más fuerte y más insistente que yo. No tenía ni la fuerza ni los medios para luchar contra ellos. La secretaria de John, Shiara, entró en la habitación y se sentó junto a mí. Me rodeo con sus brazos. Sabía que la habían mandado entrar porque ella también era mujer. Era perfecta. Cuando salí, le conté a Mel lo que había pasado.

‘¿No vas a seguir adelante con esto, no?’, me preguntó. Sus ojos echaban chispas. ‘Dime que no vas a seguir con esto, Nicole’. ‘No sé que hacer’, dije, ‘ya no sé lo que está bien. Parece lo más fácil. Somos una banda nueva. Es un mal momento’. ‘No puedo creerlo’. Mel estaba decepcionada conmigo y también disgustada. ‘Tu quieres este bebe. Tienes derecho a tenerlo. ¿No tienes entrañas? ¿Cómo puedes hacer eso?. Mel se alejó, no quería hablar conmigo.

Cuando le hablé a Natalie del aborto, ella se encogió de hombros. No quería hablar de ello. Cuando volví al apartamento llamé a Rob y le conté lo que había pasado. Se quedó callado durante mucho tiempo. ‘Voy a hacerlo’, le dije. ‘Voy a abortar’. ‘¿Estas segura de que es eso lo que quieres?’, preguntó. No podía contestarle. No lo sabía. ‘Apoyaré cualquier cosa que decidas’, dijo. ‘Voy a coger el Concorde. Estaré contigo mañana por la mañana’.

Estuvimos sentados en mi habitación toda la noche siguiente, hablando. Rob me apoyó mucho. Yo estaba intentando ocultar mis sentimientos, pero con Rob no podía. ‘No sé si tengo que seguir adelante con esto o no. Mel no quiere hablar conmigo. Cree que no tengo entrañas. Rob me consoló mientras yo lloraba. Era la primera vez que deseaba que los medios de comunicación se metieran por medio.

‘Ojala la prensa en Inglaterra descubriera que estoy embarazada’, dije. ‘Entonces nadie podría obligarme a hacer nada’.

Al dia siguiente, mientras las otras hacían las maletas para volver a casa, Rob y yo fuimos a ver al médico. El no sabía nada de mí. Ni siquiera me preguntó mi grupo sanguíneo – soy RH negativo, que es raro. No le interesaba. Solo parecía preocupado por meterme y sacarme de su clínica privada tan rápido como fuera posible. Me hizo algunas preguntas superficiales sobre mi decisión. Luego me examinó. ‘Estas embarazada de cuatro meses’, dijo. Yo trataba de no imaginar un feto de cuatro meses. Todavía no era un bebé, era algo que debía hacer. Rob me cogió la mano. El estaba reprimiendo sus sentimientos para apoyarme, pero no era un autómata. Estaba dolido. Esto nos estaba destrozando a los dos.

‘Estas muy avanzada’,dijo el doctor. ‘Si no lo hacemos ahora será demasiado tarde’. ‘Esta bien’, dije. No era la decisión correcta. Yo ya no sabía lo que quería. Había perdido la confianza en mi capacidad para defenderme a mi misma o a mi hijo no nacido. En ese momento creo que hubiera necesitado una fuerza sobrenatural para decir no.

‘Es una operación indolora’, dijo el médico. ‘Te mantendremos despierta, así podrás regresar al trabajo casi inmediatamente’. Rob fue a sentarse en la sala de espera. El doctor me llevó a un diminuto despacho y allí me senté en una silla como las de los dentistas. Había un enorme aparato para hacer ecografías a mi izquierda. ‘Estarás despierta y sentada durante toda la intervención’, dijo jovialmente. Miré hacia la maquina de ecografías. Allí vi algo que parecía como una pequeña alubia. Yo quería decir ‘¡No, no!’, pero parecía imposible. ‘¡Aquí está!’, dijo el doctor. Tocó la alubia con una linterna de plástico y me puso una inyección dentro de la vagina. ‘Esto es para adormecer la zona’, dijo. Tal vez la anestesia no era lo suficientemente fuerte o tal vez mi cuerpo estaba oponiendo la última lucha por mi bebé, pero el dolor fue insoportable. Sentía como si estuviera de parto.

‘Lo estoy sintiendo todo’, dije jadeando. ‘No digas tonterías’, dijo, ‘solo te lo estas imaginando’. Ocurrió muy rápido. Oí el ruido del aspirador del equipo de succión, vi el largo tuvo de plástico y vi a la alubia moverse de un lado a otro de la pantalla. Se había acabado tan rápido. Quería que el médico se alejara de mí. Habría podido detenerle. Estaba hecho. Había sangre por todas partes. Tenía el cuerpo dolorido y vació. Todo lo que quería era ver a Rob. Quería llorar y llorar. Lo sentía mucho por mí, por el desastre que era mi vida. De repente, de una forma horrible, con una claridad que sacudió todo mi cuerpo, me di cuenta de lo que había pasado. Mi bebe había desaparecido. Me desmayé.

‘Es muy normal desmayarse’, oí a la enfermera decir a Rob cuando recobré el conocimiento. Rob me acercó un vaso de agua para que bebiera y dos analgésicos. ‘Quiero irme a casa’, dije. Rob me levantó. Yo estaba débil y en estado de shock. Yo quería estar tan lejos como fuera posible de ese sitio y ese médico. Rob me llevó sosteniéndome fuera hacia la limusina de la discográfica y volvimos al apartamento.

‘No puedo creer lo que he hecho’, dije una y otra vez. ‘Quiero suicidarme. Quiero morir’. ‘Está bien’, dijo Rob. ‘Se te pasará, nena, ya verás’.

‘No podemos dar marcha atrás al reloj. Es irreversible’, dije. Sentía en el estómago dolores como de parto. Rob me dio otro analgésico y otro trago de agua. Rob fue un ángel, pero yo casi no me fijaba en él, estaba demasiado concentrada en mi propio dolor, en mi propio fracaso. Sentía que no había nada que me importara. El apartamento en la Torre Trump donde nos alojábamos parecía vacío, desocupado. Las otras habían recogido todas sus cosas, listas para irse en el vuelo de la tarde a Inglaterra. Yo esperaba que alguien me abrazara, pero ellas estaban por allí dando vueltas, recogiendo botellas de aquí y cosas de allá. Me tumbé en el sofá. Rob me rodeó con sus brazos. Nadie me preguntó como estaba. Oía a Shaznay hablar sobre todas las cosas fabulosas que se había conseguido durante su sesión de compras. Mel evitaba mirarme. Quería que me abrazara, quería que ella, de entre toda aquella gente, me entendiera. Pero ella no podía estar cerca de mí. Natalie entró en la habitación y me dio un abrazo. Ella fue la única que tuvo las agallas de acercarse a mí. ‘¿Estas bien?’, preguntó. ‘Me siento fatal’, dije. Me miró a la cara. ‘¿Te duele?’. ‘Si, muchísimo’, contesté. ‘Por Dios, Nic, lo siento mucho’. Y de repente Natalie se puso a llorar. ‘Yo no quería que te pasara esto. No quería hacerte daño. Lo siento mucho’. ‘Es demasiado tarde, Nat’, dije. ‘Te quiero, pero ahora quiero que nos dejes solos’. Se levantó del sofá. ‘Me duele mucho’, dije. ‘No sé lo que me han hecho. No te culpo’.

NATALIE

Cuando vi a Nic tumbada allí en el sofá, en posición fetal, me di cuenta de por lo que había pasado. Estaba desolada por lo que había pasado. Estaba pálida. Con grandes ojeras alrededor de los ojos. Me sentía culpable. Yo no la había defendido. Le había fallado a mi hermana pequeña. Cuando la pregunté como estaba, Nic levantó los brazos y me abrazó. Me rompió el corazón. Me temblaba la mandíbula. No había palabras para expresar como lo sentía, lo desgraciada que me sentía. Todavía vivo con ese sentimiento de culpabilidad. Hay cosas que son irreparables.

NICOLE

Diez minutos después el lugar estaba vacío. Natalie, Mel, Shaznay, Shiara, John y la gente de la compañía de discos se habían ido a coger el vuelo a casa. La habitación parecía desnuda, sin vida. Solo estábamos Rob y yo y aquel gran y enorme vacío. Entonces, y solo entonces, encontré dentro de mí la fuerza que había necesitado para decir ‘No’, para haber luchado por mis derechos. Podía haberlo detenido, debería haberlo detenido. Así es como empecé a torturarme a mi misma. Fue el peor dia de mi vida.

Rob y yo nos tumbamos en la cama y nos abrazamos dulcemente. El dolor todavía era agudo, tan profundo. No podría olvidar lo que había pasado ni aunque hubiera querido. Nos tumbamos allí juntos, contando chistes, intentando relajar el ambiente. Fue horrible, difícil, equivocado. Antes teníamos planes, un futuro al que mirar con el niño que habíamos concebido. Ahora no teníamos nada. Solo algo muerto entre nosotros. Ya no sabíamos como estar el uno con el otro, que decir, como acabar con el dolor. Rob había querido este bebé. Yo recordaba escenas de él tocándome el vientre y diciendo ‘Me estas salvando la vida’. Yo no sabía si me había perdonado. Aun hoy en dia, todavía no lo sé. El aborto tenía que haber simbolizado todo lo que él odiaba sobre como este negocio puede controlar tu vida. Me sentía muy apenada porque él hubiera perdido a su niño.

Pasamos la noche en el apartamento. estábamos inquietos y ninguno de los dos durmió. La compañía de discos nos había reservado un vuelo de siete horas a Inglaterra, pero aquello parecía algo imposible. ¿Qué pasaría si tenía una hemorragia? Rob hizo una llamada y consiguió un vuelo en el Concorde. La banda tenía un compromiso la semana siguiente para actuar en un concierto privado dado por el Sultán de Brunei por el cumpleaños de la princesa Hamida. Era importante que yo estuviera allí. En medio de todo, mi trabajo era una razón para seguir adelante.

Cuando llegué a casa, fui derecha a ver a mi madre y lloramos juntas. ‘Oh, Nicole’, dijo. ‘Lo siento mucho’. Sentía mi dolor como si fuera suyo. Lo sabía. Era un dulce alivio estar a su lado, que me abrazara y me diera cariño.

Pero de vuelta a Londres, en los ensayos, nadie dijo una palabra. Era como si no hubiera pasado nada – el embarazo, el aborto, el continuo e insoportable dolor. Yo estaba delgada y sangraba constantemente. Me miraba en el espejo y me veía pálida. Me habían dicho que no viajara durante dos semanas, pero una semana después de volver de Nueva York, volamos a Brunei.

La familia real tenía su propia bolera, discoteca y parque de atracciones. En el centro había una enorme y preciosa fuente luminosa. Nos dieron a cada una carritos dorados para conducirlos por allí, en los que sonaba Capital Radio de Londres, y nuestra propia mansión. Era como algo salido de un cuento de hadas; había mármol por todas partes, incluso en los caminos. El personal del palacio no podía hacer más por nosotras. Un dia Shiara y yo nos quedamos dormidas en la piscina. Cuando nos despertamos estábamos rodeadas de bandejas de nuestra comida favorita: cocktails, patatas fritas y M&Ms.

Por su cumpleaños, a la princesa Hamida le regalaron un diamante del tamaño de una pelota. Un dia me llevó en su Ferrari hecho de encargo. Una vez que la compañía lo había fabricado, la familia pagó para que rompieran el molde.

Actuamos junto a Janet Jackson y dimos dos conciertos, uno para el público y otro para la princesa. Tuvimos que ir a la mansión de Janet Jackson para recibir nuestros regalos. Cada una recibimos un reloj con joyas incrustadas. El mio tenía esmeraldas y el de Natalie rubíes. Intenté pasármelo bien y andaba sobre todo con Shiara. Después de algunos dias, Mel se fue para reunirse con su novio Stuart en Bali. Casi no habíamos hablado.

Cuando volví a casa fui a un reconocimiento con un médico en Londres. ‘Algo va mal’, dije. ‘Todavía sangro y me duele. ¿Me estoy muriendo?’. ‘¿Muriendote?’. El doctor fue frío y despectivo. ‘Estas bien’.

Mirando hacia atrás, creo que lo único que le preocupaba a todo el mundo era que el doctor confirmara que estaba lo suficientemente bien para actuar con la banda. Lo único que importaba era nuestro éxito y nuestra habilidad para hacer dinero. Me sentía impotente. Se me veía en fiestas continuamente y me gané una reputación glamorosa, pero en realidad solo estaba ahogando la pena sobre la que no podía hablar. Salía con gente, y quería contarles lo que había pasado, pero no podía. El miedo a la compañía de discos me mantenía en silencio.

Nadie quería hablar sobre ello. Sabía que le había fallado a Rob, así que tampoco podía hablar con él. Recordaba lo bien que me había sentido cuando estaba embarazada. Me había dicho que le estaba salvando la vida y yo traicioné su confianza.

estábamos increíblemente ocupadas, pero yo todavía sangraba. Me estaba pasando algo malo. Perdí más de 12 kilos de peso. Fui a ver a otro doctor y luego a otro. Me hicieron análisis de tiroides y de sida. Todo dio negativo.

Meses después del aborto, tuve una gran hemorragia. Horrorizada, lo recogí en un bote y se lo llevé a una doctora que mi madre me había buscado. Cuando vio el contenido del tarro y escuchó mi historia, se quedó callada. Luego me di cuenta de que estaba atónita. ‘Eso son restos de tejidos’, dijo. ‘Tu aborto fue incompleto. ¿Cómo has tardado tanto en ir a ver a un médico?’.

Pensé en todas las veces que Rob y yo nos habíamos sentado en consultas de médicos solo para que nos dijeran que yo estaba fingiendo, cuando en realidad resultaba que el aborto había sido incompleto. Empecé a llorar, con una mezcla de furia, alivio y un dolor ciego. ‘Sabía que algo iba mal, pero nadie me escuchaba’, dije. ‘Esto explica porque te has estado sintiendo tan mal’, dijo la doctora. Estaba furiosa. ‘Por eso has perdido tanto peso, tu cuerpo estaba tratando de expulsarlo’. Me examinó y me hizo preguntas sobre mi grupo sanguíneo y los síntomas. ‘Antes de la operación, ¿te dieron una inyección para el RH?’, preguntó. ‘Ni siquiera me preguntaron cual era mi tipo de sangre’, dije. La doctora estaba horrorizada. ‘Es un procedimiento habitual’, dijo. ‘Debido a tu raro tipo de sangre necesitas una inyección para proteger a los futuros fetos. Podrías haber tenido una infección en el útero’.

‘¿Qué significa eso?’, pregunté. ‘En el peor de los casos’, dijo, ‘significaría que no podrías tener más niños’. Yo estaba horrorizada, me sentía violada por el poder de una industria que obliga a una mujer a sacrificar a su hijo para mantener unida a una banda. Mi vida había estado en manos de un médico que había tenido tan poco cuidado con ella como podría haberlo tenido con la de un perro callejero.

En la consulta con este médico, me enteré de que a los cuatro meses el embarazo ya estaba demasiado avanzado para la operación que me habían hecho. Me tenían que haber hecho un tipo diferente de operación, pero ello habría llevado más tiempo y me habría costado más recuperarme. No hubiera podido volver al trabajo tan pronto.

‘¿Y que hay de la terapia?’, me preguntó la doctora. ‘¿Te ofrecieron alguna terapia para ayudarte a superar el trauma emocional del aborto?’. ‘No’, dije. ‘Lo más importante era que no se supiera nada de esto’. Yo necesitaba respuestas. Cuando volví a casa llamé al médico de Nueva York. ‘Necesito ver mi historial médico’, dije. ‘Veré que puedo hacer’, me contestó.

Me llamó muchas horas después. ‘Siento tener que decirte’, dijo, ‘que tu historia se ha perdido’. Perdida no: eliminada. No querían que ni yo ni nadie supiera la verdad. Poco después saltó la noticia de que la Scary Spice estaba embarazada, y luego la Spice Pija. Ellas eran chicas despreocupadas, solteras y salvajes y la noticia fue recibida con alegría. Dos de las Spice Girls estaban embarazadas, ¡Enhorabuena!. Dos embarazos en la misma banda. Por primera vez deseé estar en su banda. Nadie sabía lo que yo había sacrificado, y según pasaba el tiempo, me di cuenta de que a nadie le importaba.

Mel había dicho que si la presionaban para que abortara, dejaría la banda. Y de alguna forma, su desafío, su firmeza, hizo que todo el mundo la respetara, incluso Shaznay. Yo veía crecer el vientre de Mel, veía su entusiasmo, veía todo el apoyo que recibía. Yo solía tocar su barriga, sintiendo las patadas de su bebé. Mel no se sentía culpable. Ella mantuvo su palabra y estaba orgullosa de ello.

‘Tu eres una idiota’, dijo

Y tenía razón.







 

     
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  • Traducido al español por Eva Larrakoetxea