
Together (Nicole & Natalie Appleton) |
Conocí a Robbie Williams a finales de 1997 cuando nos invitaron a un
programa de televisión para promocionar el segundo single de All Saints,
Never Ever. El llevaba una camiseta ajustada y gafas de sol naranjas y
parecía salvaje, guapo y muy famoso. La fama distancia a la gente. Les hace
parecer diferentes de alguna forma. Yo había visto a su banda, Take That, en
televisión, en los periódicos, en las revistas, por todas partes. Y ahora
aquí estaba Robbie Williams de pie en frente de mí. Me sentía asustada y
tímida. Ambos éramos tímidos, pero trabajando en la industria musical al
menos teníamos algo en común. Rob dijo ‘Me gusta tu música’ y yo le dije a
él que me gustaba la suya también. No hubo tiempo para llegar más lejos.
Al poco tiempo estábamos en el escenario, ensayando nuestra canción. Estaba
saliendo bien cuando de repente el productor tuvo una idea. ‘Bajaros los
tops para enseñar tanta carne como sea posible’, nos dijo. Había cuatro
pantallas de televisión enormes detrás de nosotras y, con los tops bajados,
en las pantallas parecía que estábamos desnudas. Nos miramos las unas a las
otras. No nos gustaba la idea, pero allí no había nadie a quien pudiéramos
pedir ayuda. No queríamos perder nuestra oportunidad, así que, a
regañadientes, nos bajamos un poco los tops. Mel, que estaba subida en una
caja para que todas pareciéramos de la misma altura, se enfadó y empezó a
maldecir entre dientes. ‘Hacedlo otra vez’, dijo el productor. ‘Teneis que
bajaros los tops un poco más’.
En ese momento estallamos en risas. Pretender que estábamos desnudas nos
hacia sentir muy raras, muy poco naturales. Sabíamos que no teníamos que
reírnos, pero cuanto más intentábamos evitarlo más risa nos entraba. La risa
alivió la situación. estábamos enfadadas y esa era nuestra forma de
revelarnos. ‘Marcharos y volved cuando os hayáis calmado’, dijo el director
de escena. Hablamos sobre las opciones que teníamos. No queríamos estropear
las cosas con el programa de televisión, pero tampoco queríamos que
pareciera que estábamos desnudas, nosotras no éramos así. Nos daba miedo que
si estábamos demasiado tiempo discutiendo sobre ello se hiciera demasiado
tarde como para volver a grabar la canción.
Cuando salimos al escenario esa noche, yo empecé la canción con el verso
‘Hay algunas cosas que necesito saber; como pudiste hacerme tanto daño’.
Mientras cantaba miré al monitor y vi, proyectada en las pantallas detrás
nuestro, la grabación con los tops bajados. Parecíamos desnudas y tristes.
All Saints no eran así. No volví a ver a Rob hasta después de muchos meses
de esto. Nos pidieron que actuáramos en el Concierto de Esperanza, un
concierto benéfico en memoria de Diana, Princesa de Gales, en diciembre.
Salvo All Saints, todas las demás bandas que iban a actuar eran masculinas,
y nos sentimos muy incómodas en los ensayos. Había una habitación llena de
chicos presumiendo y practicando sus escalas. Todos vestidos de forma
elegante mientras que nosotras cuatro llevábamos nuestra cómoda ropa de
diario. Hacia frío y yo llevaba una chaqueta acolchada, pantalones anchos y
un gorro de lana.
Allí estaban Boyzone, 911 y Peter Andre. Gary Barlow, el solista y
compositor de Take That, estaba sentado al piano y dijo: ‘Que todo el mundo
se ponga alrededor del piano, que vamos a cantar algo’. Luego nos miró a
nosotras y dijo ‘Esta es vuestra oportunidad de demostrar lo que sois
capaces de hacer’. Era tan condescendiente que me hacia sentirme
avergonzada.
Y de repente un enorme y brillante rayo de luz entró por la puerta. Era Rob.
Era finales de noviembre y afuera estaba lloviendo, llevaba un abrigo de
piel sintética. Parecía un oso mojado. Yo pensé ‘Es impresionante’. Tan solo
con entrar en la habitación, Rob lo cambió todo. Era la primera vez que Rob
estaba en la misma habitación que otro miembro de Take That desde que había
dejado la banda. No había tenido mucho éxito en su carrera en solitario y
por aquella época, Gary Barlow era considerado como el que tenía más talento
y el más prometedor miembro de la banda.
Rob vino directamente hacia nosotras y nos dio un beso a cada una, luego fue
y saludó al resto. Era un tipo espontáneo y destacaba sobre el resto.
Parecía mucho más auténtico que cualquiera de los otros. Parecía totalmente
fuera de lugar, igual que nosotras.
Yo iba a celebrar mi 23 cumpleaños poco después, y en el concierto me armé
de valor para invitar a Rob. Cuando entré en el bar estaba casi vacío, solo
estaban los otros miembros de la banda, mi hermana Lori y sus amigos. Me
senté a la mesa con ellos y pedí una caña. La primera persona en llegar fue
Rob. Era temprano, alrededor de las 8, vino directo hacia mí y me deseó
feliz cumpleaños. Estaba con su amigo, Charlie. El también se pidió una caña
y nos sentamos allí a charlar, principalmente sobre los ensayos. Yo no hacia
más que pensar: ‘Estoy muy contenta de que haya venido a mi fiesta de
cumpleaños’. Rob y yo hablamos durante una hora más o menos. Fue algo muy
dulce. Ambos estábamos sobrios, y fue algo inocente y reconfortante. Me
gustó mucho que hubiera llegado temprano y que hubiéramos tenido tiempo para
estar juntos antes de que llegaran los demás. Entonces pude conocerle un
poco. Me gustaba. Me encantaban sus ojos.
Empezaron a llegar otros invitados. Mel se había citado con Stuart Zender,
el que tocaba el bajo en la banda Jamiroquai, y todos los de Jamiroquai
estaban allí. Después de estar con Rob yo no quería hablar con nadie más y
me resultó muy duro separarme de él. Estaba todo el rato mirándole. Fue
entonces cuando supe que me atraía. Se que suena raro, pero tan pronto como
sé que alguien me gusta, lo evito. Me da terror que pueda darse cuenta de
mis sentimientos. Ahora estaba preocupada por no hacer ninguna idiotez y no
sabía que decir. Había muchas chicas guapas en el bar, chicas rubias con
faldas cortas. Igual que en la escuela, me hacían sentirme muy poco
atractiva. Había venido derecha de una sesión de fotos para la promoción de
Under The Bridge, y llevaba pantalones de cuero negro y una camiseta negra.
Sabía que no destacaba, parecía una de las camareras.
Después de un par de horas, Rob se me acercó y me dijo que se iba. El regalo
de cumpleaños que me había hecho Stuart era una cámara Polaroid. ‘¿Te
sacarás una foto conmigo?’, le pregunté a Rob. El me atrajo hacia sí y me
abrazó para la fotografía. Fue algo encantador, lo mejor. Me sentía
electrificada. Fue entonces cuando pensé que tal vez yo le gustara. Aquello
no fue solo un abrazo de cumpleaños.
El concierto de esperanza tuvo lugar al dia siguiente en Battersea Power
Station, en Londres. Fue un gran acontecimiento, había diez bandas y un
público de 6.000 personas. No vi a Rob, pero sabía que estaba allí y eso era
excitante. Yo había llevado cientos de fotos de mi Polaroid y estaba
enseñando a la gente las mejores de mi fiesta. Quería enseñarle a Rob la
foto de nosotros dos juntos. Estaba subida encima de una caja para poder
situarme en cuanto le viera. Una hora antes del show hicimos un ensayo
final. Dejé el camerino preguntándome si Rob andaría por allí y si me
encontraría con él. Ensayamos Never Ever y estaba ya saliendo del escenario
cuando oí una voz 20 pies por detrás de mí cantando a pleno pulmón.
Era Rob. Todas nos dimos la vuelta y volvimos para saludarle. ‘Oh, Dios
mio’, dije, ‘No he traído las fotos’. Yo llevaba puesta la ropa de la
actuación, un abrigo largo sin bolsillos. Al final de la noche todo el mundo
nos íbamos yendo. Yo tenía las fotos en el bolsillo y cuando salíamos por la
puerta principal, oí a Rob gritando: ‘¡Hasta luego!’. Me di la vuelta.
‘Tengo que enseñarte una foto’, dije. Vino hacia mí y le enseñé la foto de
la Polaroid. ‘Es una foto genial’, dijo. Más tarde me dijo que le había
llegado al corazón la dulzura con que le enseñé la foto. Me sentía muy
satisfecha.
No podía dejar de pensar en Rob. Tenía la sensación de que yo le gustaba y
quería verle otra vez. Le pedí a nuestro representante que consiguiera el
número de teléfono de Rob para mí, pero me faltó el valor para llamarle.
¿Qué podía decirle? ¿Cómo reaccionaría él?. Me gustaba el simple hecho de
tener su número, así podría llamarle si quería.
Una semana después abrí el periódico y vi que Rob había tenido una cita con
Denise Van Outen, que estaba en un curso por encima de mí en la Escuela de
Teatro de Sylvia Young. Yo sabía que habían estado flirteando cuando Rob
había aparecido en The Big Breakfast, que ella presentaba. Me convencí a mi
misma de que no estaba ni disgustada ni enfadada, yo solo quería ser amiga
de Rob. Esa noche fui a una fiesta y me emborraché. Volví a casa en un taxi
y pensé que era un buen momento, o al menos un momento lo suficientemente
bueno, para llamarle. Marqué el número de Rob rápidamente, casi sin pensar,
y antes de que pudiera cambiar de idea. Contestó su compañero de habitación,
Charlie. ‘Hola, ¿está Rob?’ ‘No’, dijo Charlie. ‘Acaba de salir a comprar
leche’. ‘Soy Nicole de All Saints’, dije. ‘¿Puedo dejarte mi número?’. Un
segundo después Rob me llamó. No era verdad que hubiera salido, solo estaba
filtrando las llamadas. Ambos estábamos encantados de hablar el uno con el
otro.
‘Voy a ir a un estudio en el campo para trabajar en mi álbum’, dijo
Rob.’¿Por qué no vienes mañana por la noche y cenas conmigo?’. Era una
locura. Solo le conocía de un dia. No le conocía en absoluto. ‘Esta bien’,
dije.
Al dia siguiente casi no podía pensar en nada más. Había reservado un taxi,
que resultó ser un destartalado Nissan que no parecía muy seguro para las
carreteras heladas. El coche era ruidoso y olía a humedad. Estaba nevando.
Me había puesto unos pantalones blancos por la cadera, un top negro y una
enorme praka verde. Me estaba congelando. Rob había dicho que era un viaje
de 45 minutos, tardamos hora y media. Yo no hacía más que pensar: ‘Estas en
medio de ninguna parte. Estas chiflada, Nicole. ¿Qué estas haciendo?’.
Cuando por fin llegamos a la granja, pagué rápidamente al taxista, no quería
que Rob viera el destartalado coche en el que había llegado.
Rob me recibió en la puerta. ‘Todavía no he cenado, así que podemos comer
juntos’, dijo. Rob llevaba unos pantalones grises ajustados que parecían
incómodos. Llevaba ropa muy ajustada. Yo podía adivinarlo todo. ‘Vamos a
comer en el comedor’, dijo. Le seguí. Trajo dos platos cubiertos con
plástico transparente. Esa noche el cocinero había hecho asado con patatas y
pudín de Yorkshire, la guarnición tradicional. Era difícil de comer y yo no
sabía como actuar. Yo quería mostrarme tal como era y ser simpática, pero
estaba muy nerviosa. Estaba comportándome como las chicas que odio: sin
personalidad, mostrándome de acuerdo con todo.
‘¿Qué pasa con Denise Van Outen, entonces?’, me encontré preguntando. ‘Me
mandó un pájaro y una nota que decía: “¿Puedo ser tu chica?”’, me contó Rob.
‘Le di el pájaro a mi madre’. Después de cenar fuimos al estudio donde Rob y
yo nos sentamos en un sofá e intentamos parecer ocupados. Yo no quería hacer
otra cosa que mirarle. Cogí un libro, pero lo dejé enseguida. Sentía que
estaba de más. En la cabina de grabación Rob hizo algo mal y dijo por el
micrófono: ‘Me he distraído con la bonita persona que tengo detrás’.
Incluida de repente, me eché a reír y me incliné hacia atrás, golpeándome
ruidosamente la cabeza con la estantería que tenía detrás. Me puse roja de
vergüenza. Me odie a mi misma.
Cogí otro libro y empecé a leer. Era un libro lleno de palabras que rimaban
para usarlo para escribir letras de canciones. Traté de parecer absorta.
Después de alrededor de una hora, Rob salió de la cabina y fuimos andando
por la carretera hasta el pub. Yo me sentía más relajada y menos como un
accesorio. Acabamos muy borrachos, bebiendo caña tras caña. Al final sentía
que era yo misma. De repente ya eran las once de la noche y me di cuenta de
que tendría que quedarme a pasar la noche, también pensé que no me había
traído nada y que tenía la grabación del video de Under The Bridge a primera
hora de la mañana.
Salimos del pub y nos quedamos fuera. Rob no me cogió la mano ni nada de
eso. Hacía frío, así que me subí la capucha de la praka. Estaba nevando
mucho. Rob me bajó la capucha y me besó. De vuelta en la granja Rob y yo nos
sentamos a ver la televisión. estábamos tan borrachos que nos quedamos
dormidos en el sofá. Todo lo que pensaba era: ‘Tengo que rodar un video
mañana. Tengo que despertarme’. El sofá era estrecho. Al final nos
despertamos y subimos las escaleras hacia la habitación de Rob. Dormí con
una camiseta y unas bragas negras, altas y abrigadas. La verdad era que no
había planeado más que llegar a la granja. Le di la espalda. El convirtió la
situación en divertida y los dos nos reímos. Yo no hacía más que decir, ‘Por
favor, ¿puedes asegurarte de que me levante por la mañana?’.
Alguien nos despertó a las siete y media. Había una delgada capa de nieve
fuera de la granja y yo tenía que volver a Londres. Bebimos café solo fuerte
en grandes tazas. De repente Rob se levantó e imitando perfectamente la voz
y los andares de Liam Gallagher recorrió la habitación con un cigarro
colgando de su boca y diciendo: ‘Voy a mirar si ha llegado el taxi’. El
coche llegó y Rob me acompañó hasta la puerta. ‘Te llamaré luego’, dijo. Fue
un lento regreso a Londres entre la nieve. En el rodaje del video, yo estaba
contando a todo el mundo mis aventuras nocturnas cuando uno de los
estilistas llegó con los periódicos. En la primera página de The Sun había
una foto de Rob con Denise Van Outen bajo un titular que decía que estaban
enamorados.
Rob me había contado la verdad sobre él y Densie, pero me costó mucho
trabajo convencer a todo el mundo, especialmente a Natalie, que era muy
protectora. ‘El es una estrella del pop muy famosa’, dijo.’No seas ingenua.
Por favor, ten cuidado, Nic’.
Rob llamó esa tarde. ‘Me lo pasé muy bien anoche’, dijo. ‘Yo también’, dije
yo. Me sentí triunfadora. Pensé que tendría noticias de Rob de nuevo en un
dia o dos, pero no ocurrió nada. Estaba decidida a no llamarle. Empecé a
pensar que no debería haber ido al estudio, no de esa forma, solo porque él
me lo había pedido. Una parte de mi creía que tenía que haberme mostrado más
difícil de conseguir.
Una semana después estaba lista para salir a cenar con Mel cuando sonó el
teléfono. Era Rob y parecía muy excitado. ‘Hola Nic’, dijo. ‘¿Puedes venir a
recogerme? Estoy en una fiesta’. ‘¿Dónde?’ ‘En el norte de Londres’. ‘¿Estas
bien?’ ‘Si, solo quiero salir de aquí. Quiero irme. He estado levantado toda
la noche’.
Llamé a Mel y se lo conté. La molestó que lo dejara todo por Rob. ‘Pero
parecía muy desesperado’, dije.
Cogí un taxi y fui a la dirección que Rob me había dado. Era la casa de uno
de los tipos de su banda. Rob estaba tumbado en el sofá. Parecía como si
acabara de volver del infierno. A parte de un par de personas recogiendo,
allí no había nadie más. Rob necesitaba que le cuidaran. Le resultaba
difícil mostrar su vulnerabilidad, comportarse como un marginado era casi
una excusa para mostrar esa parte de si mismo. Nos fuimos y volvimos a su
casa. Era dos noches antes de nochevieja. Me quedé a dormir.
Fue en ese momento cuando Rob y yo empezamos a salir, pero no estábamos
preparados para decírselo a nadie, así que pasamos la nochevieja separados.
Rob dio un concierto privado en el bar Atlantic en el West End. Mientras
tanto, Zoe Ball me invitó a que fuera a su fiesta, con Natalie, su novio, el
presentador de televisión Jaime Theakstone, y Samantha Janus.
Cuando llegamos estaba muy oscuro. Había un DJ y 60 personas bebiendo. A
medianoche nos reunimos para la cuenta atrás del año nuevo. Todo el mundo se
abrazaba. En mi corazón yo quería estar con Rob, dándole un beso de año
nuevo, pero en lugar de eso terminé besando a Samantha Janus.
La mañana del 2 de enero de 1998 los fotógrafos de la prensa me pillaron
saliendo de la casa de Rob. Al dia siguiente estaba en todos los periódicos:
‘¿Qué hace Nicole Appleton saliendo de la casa de Robbie Williams a primera
hora de la mañana?’. Era la primera foto que tenían de nosotros dos juntos.
Mi primer pensamiento fue: ‘Gracias a Dios que me traje ropa para cambiarme
y no he salido con la ropa que llevaba anoche’. Nuestra pública relación
amorosa había empezado.
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