Foro general de la web - Para hablar de todo!!

Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:00

Hace unos días le pedi a la moderadora Pilar, que si podía subir al foro esta biografia no autorizada de Robbie y escrita por Paul Scott, hace ya tiempo una chica (que ahora no recuerdo como se llamaba) hizo la traducción de los capitulos y la subió aquí pero llegó hasta el 13, a partir del capitulo 14 la he traducido yo y me gustaría ponerla completa por lo que voy a ir subiendo en orden los capitulos hasta completar la biografia y así no hacernos un lio y ponerla a medias, después seguiré con más traducciones de libros de Robbie, pues nada espero que os guste, un besote y muchisimas gracias Pilar y Edgar.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:02

CAPITULO 1:

RITUALES



Es la clase de ritual con la que se pueden identificar legiones de padres de fin de semana. Esta bien, tal vez no todos los padres separados lleven a su hijo de ocho años a los corredores de apuestas cada sábado para apostar su paga semanal a los caballos, pero encargarse de los niños por rutina, ¿no lo hacen?. Así ocurría con Pete Conway y su hijo Robert. Pete se había cambiado el apellido Williams cuando dejó su trabajo en la Compañía Eléctrica Inglesa en Kidsgrove, Staffordshire, para dedicarse a su sueño de trabajar en el mundo del espectáculo. El sueño había tenido un precio: el matrimonio de Pete con la madre de Rob, Jan, no había sobrevivido. El siempre había mantenido el contacto con Rob, pero trabajar en los cabarets por todo el pais significaba que estaba mucho tiempo fuera. Los sábados, cuando volvía a Stoke, pertenecían a su hijo. El ritual empezaba con una visita al parque para jugar al fútbol. A Pete le encanta el deporte. Había sido un buen futbolista en sus tiempos y jugó al cricket por todo el país. Su amor por el fútbol, en particular por su adorado Port Vale, lo llevaba en los genes. El joven Robert tenía ya un buen pie izquierdo y, como todos los verdaderos seguidores del Port Vale, odiaba con todas sus fuerzas al equipo rival, el Stoke City.
El ritual después de comer era el siguiente: iban a los corredores de apuestas donde Pete y Rob elegían sus caballos, el padre ayudando al hijo a rellenar el boleto de apuestas. Luego volvían a la casa de Pete, para pasar la tarde viendo Tribuna(2) en la BBC1, animando a sus respectivos caballos. Es un recuerdo que a Pete siempre le ha gustado. El quería involucrar a su hijo en su vida y compartir con él sus intereses. Recientemente padre e hijo estuvieron recordando los viejos tiempos y Rob le dijo a Pete: ‘Papá, odiaba esas tardes de los sábados’.
Pete Conway es un gran tipo, todo el mundo quiere a Pete. Es famoso en Stoke-On-Trent, y se pasea por las calles de Hanley como si le pertenecieran. No pasa desapercibido en su Mercedes dorado, para el que recientemente ha adquirido matriculas personalizadas, bronceado, con el pelo moldeado y fumando un cigarrillo. En el sitio al que va regularmente, el bar La De Dah, le saludan igual que saludaban a Frank Sinatra en la sala Polo del hotel Beverly Hills. La gente le para en la calle para decirle: ‘¿Todo bien, Pete?’, y montones de mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, se acercan a su mesa para saludarle con un rápido Hola. Pete siempre tiene listo un chiste o una frase ingeniosa, incluso para la señora de mediana edad con el pelo moldeado que le dice que su marido la acaba de dejar por otra mujer. La fama de Pete en Stoke tiene poco que ver con el hecho de que sea el padre de Robbie Williams. El ha sido famoso allí casi siempre.
Pete Conway a menudo cuenta bromeando que si hubiera seguido en la primera profesión que eligió, policía en vez de artista, Robbie Williams estaría ahora marcando el compás en Tunstall, un suburbio de Store. No es un chiste: lo dice en serio y, quien sabe, tal vez tenga razón. Cuando ves a Robbie Williams trabajar con el público, estas viendo a Pete. El estilo de Robbie es un vodebil muy peculiar, engalanado al estilo de los viejos cabarets, para el nuevo milenio. Su espíritu es de otra época, heredado de los típicos clubs de trabajadores del norte, de mecánicos y marginados, y de los espectáculos de variedades que han ido desapareciendo lentamente en los últimos veinte años. Robbie ha dicho que él sube al escenario intentando parecerse a Iggy Pop pero que acaba pareciéndose a Norman Wisdom(3). Sentado noche tras noche viendo a su padre vestido de esmoquin y con pajarita y con una permanente al estilo de los 80, Rob estaba en el adobo del arte del showman: Pete manejando al público, contando chistes, cantando con voz suave algunas de las canciones más conocidas de Sinatra y Dean Martin en lugares como el parque de vacaciones Perran Sands en Cornwall, o Haven Holidays en Great Yarmouth; Pete en el bar después del show, saludado con palmadas en la espalda y con copas pagadas para él.
Pero cuando venía a actuar a Stoke, era el rey. El night club Jollee’s era el mayor recinto de su clase del pais, y era considerado el mejor de Europa. En 1974, el año en que nació Rob, Pete aparecía en frente de un público de dos mil personas cada noche, al lado de estrellas del mundo de los night clubs de la categoría de Frankie Vaughan y Los Barron Knights. Ese mismo año estuvo como artista invitado en el enorme club Talk of the Midlands, en Derby. En 1973 Pete se había convertido en un héroe local cuando ganó el televisivo concurso de talentos Nuevas Caras. Cuando un año después apareció en la final de ganadores de Nuevas Caras, el nacimiento de Rob fue proféticamente anunciado cuando estaba en el aire. Pete fue el tercero, un puesto por detrás del cómico Les Denis.
Hoy en dia Pete ya no trabaja tanto, la mayoría de sus conciertos son discursos después de una cena o benéficos o para ayudar a antiguos colegas. Acercándose a su 60 cumpleaños, ha reducido paulatinamente su ritmo de trabajo y además ya no quedan recintos para su clase de espectáculo. Su material son cosas estrictamente familiares. No trabaja en clubs de rugby ni en locales solo para hombres y no pertenece a esa nueva raza de cómicos que tiene que usar la palabra que empieza por J doscientas veces por noche para tener a su público meándose de risa. En el 2002 dejó su trabajo en el Thorsby Hall de Nottinghamshire donde llevaba dos años siendo presentador y animador, desde que Warner Holidays se hizo cargo de la remodelada casa solariega para ofrecer vacaciones ‘solo para adultos’. No se trataba de hedonismo sino de mini-descansos llenos de pastillas de vitaminas para parejas de cierta edad que buscaban un poco de fiesta, comidas con cubiertos de plata, las canciones de ayer y unas cuantas vueltas por la pista de baile. Pete era el anfitrión, presentando las actuaciones, contando chistes y diciéndoles a los participantes en la fiesta que no deberían haberse dado el atracón en el asador de Coronation Street. La mejor época del año para los huéspedes y la peor para el personal empieza en octubre con las celebraciones de navidad. Dejando a un lado su incredulidad y a pesar de que las hojas aún no han caído de los árboles, los huéspedes llegan en ‘Nochebuena’. El siguiente dia es ‘Navidad’ con regalos y todo. A este le sigue ‘Nochevieja’ y ‘Año Nuevo’. Aunque podía comer gratis en todos los restaurantes del hotel, Pete prefería pasar el tiempo en su diminuto piso en el tejado del edificio o fuera en el cercano Worksop. El problema en el Thorsby era que vivía en una pecera y que no podía dar diez pasos sin ser abordado por algún huésped diciendo que le había visto en el show de la noche anterior.
Pete fue un niño de la guerra, nacido el 26 de diciembre de 1943(4). No es consciente de que hubiera habido ningún antepasado en el mundo del espectáculo en la dinastía Williams. Sin embargo si hubo un buen puñado de mineros y el padre de Pete, Phil, era albañil. ‘Por aquel entonces’, dice hoy Pete, ‘si decías que querías dedicarte al mundo del espectáculo tu padre te podía decir “Fantástico, hijo, ahora vete y busca un trabajo de verdad”’. En 1949 Pete fue enviado a la Escuela Mixta Católica Romana de Tunstall. Mientras esperaba nerviosamente en la acera con su prima Christine Challenor, otra chica, dos años mayor que él, cogió su mano y le ayudó a cruzar la carretera. Era Teresa Jeannette Farell, pero todo el mundo la llamaba Jan. ‘Era una chica irlandesa de pelo oscuro’ dice Pete. Jan, la hija de John Farell y Janetta Durber, era de Tunstall, Stoke. Su padre había sido soldado y era ahora capataz de la construcción. Pero Pete nunca pensó que ella fuera a fijarse en él. ‘Era la belleza de la escuela y les gustaba a todos los chicos, pero yo era dos años más joven que ella y no tenía ninguna oportunidad’ añade.
La historia podía haber acabado aquí. A los 12 años unos parientes ofrecieron a los padres de Pete la oportunidad de llevarse a su hijo a América. En 1956 realizó el viaje de 17 horas en avión hasta Nueva York, via Shannon en Irlanda y Newfoundland en Canadá, con su madre Betty. Pete se matriculó en la Escuela Superior Belville, en Belville, Illinois. Estuvo allí cinco meses hasta que sus padres decidieron que la familia estaba mejor si estaban todos juntos en Stoke. Pete y su madre regresaron en el Queen Elizabeth a Inglaterra. ‘Nosotros éramos únicos en Tunstall’, dice Pete, ‘Nadie había estado en América’.
Cuando Pete dejó la escuela en 1960, se unió a los cadetes de la policía y un año después, el dia de su 18 cumpleaños, se prometió con la belleza local Barbara Eeley, cuyos padres eran vecinos de la madre de Pete. La pareja se casó en 1964 en la Iglesia del Sagrado Corazón de Tunstall. El matrimonio duró menos de dos años. A Barbara le resultó muy difícil ser la mujer de un policía, y se sentía ofendida con el hecho de que su marido dedicara todos sus ratos libres al ‘equipo de natación’ del que era un devoto. Descubrió bastante tarde que el ‘equipo de natación’ era una elaborada tapadera organizada por Pete y sus compañeros de la policía que les permitía salir por Manchester con una larga lista de mujeres diferentes. En 1966 Pete era otra vez soltero y vivía con sus padres cuando se encontró con Jan por segunda vez. La vida en la policia había marcada el estilo de Pete: prefería los night clubs al turno de noche. Dejó la policia para obtener un trabajo mejor pagado en la Compañía Electrica Inglesa y pasaba las noches en los cabarets de Stoke, deseando poder subir al escenario y ser él el que entretuviera a los clientes. Su sueño se hizo realidad cuando el cómico local, Tony Braddock, emigró a Australia. Pete le robó la actuación.
Jan, como Pete, tenía la experiencia de un matrimonio fallido. La diferencia era que ella había salido del suyo con un bebé. Sally tenía 18 meses cuando ella y Jan se mudaron a una pequeña casa en Victoria Park Road, en Tunstall, con Pete. El estaba en proceso de convertirse en profesional, perfeccionando su actuación, aprendiendo el arte de medir los tiempos y manejar a los ebrios clientes. La pareja se casó en la Oficina del Registro Civil de Stoke en 1970 con Sally, con cinco años, como dama de honor. Pero aunque la pareja estaba desesperada por tener niños, esto no ocurrió inmediatamente. Cuando, finalmente, nació Rob, el 13 de febrero de 1974, en la Maternidad del Hospital North Staffordshire en Newcastle-under-Lyme, Pete ya era una figura conocida dentro del circuito de los clubs. Había ganado en Nuevas Caras e iba a aparecer en el Talk of the Midlands en Derby junto a Frank Ifield la noche que nació Rob. Después de ver a su esposa y a su nuevo hijo en el hospital, Pete estaba tan emocionado que temblaba como una hoja y no estaba en estado de conducir desde el hospital al club. Algunos amigos le llevaron allí para el show y en el camino de vuelta, ya de madrugada, Pete recuerda que llevaba flores para Jan en el maletero de su coche. Fue al hospital, usó su legendario encanto con la enfermera y se sentó sosteniendo al bebé Robert en la cama de Jan a las 3 de la madrugada. ‘Yo estaba muy feliz de que tuviéramos un chico’, dice Pete, ‘Ya teníamos una hija, Sally. Siempre la traté como si fuera mia y ella se ha criado conmigo. Tener ahora un hijo era perfecto’.
Las cosas les iban bastante bien a Pete y su joven familia. La pareja tenía una bonita casa, dos coches y un estilo de vida que no hubieran podido permitirse si Pete estuviera trabajando en uno de los comercios locales. A cambio tenía que viajar a lo largo y a lo ancho de Inglaterra trabajando en clubs tan distantes como Aberdeen y Cornwall, a veces permaneciendo fuera durante semanas. A Pete, el comediante, le gustaba la vida nómada, pero para Jan, que se quedaba en casa con dos niños, la situación no era precisamente ideal. Cuando Robert tenía cuatro meses, a Pete le ofrecieron la temporada de verano en Jersey, en las Islas del Canal. Se decidió que Jan y los niños irían con él. Alquilaron una casa en la bahía St Peter y estuvieron allí cuatro meses. Entusiasmada con que toda la familia estuviera por fin reunida, Jan tuvo una idea. Pete podía dejar la vida de carretera. Podían montar un pub en Stoke, aprovechando la fama local de Pete y pasar el tiempo juntos. Desde ese momento el matrimonio estuvo condenado. ‘Jan se hartó pronto de mi forma de vida, viajando todo el tiempo, siempre fuera haciendo shows’, dice Pete. ‘Decidimos hacer algo juntos. Yo realmente no quería tener el pub, porque tenía una buena carrera como animador, pero seguí adelante con el plan. Si hubiera sido honesto habría preferido seguir con lo que estaba haciendo’. No tuvo tiempo para pensárselo dos veces. Dos semanas después de escribir a la fábrica de cerveza, estaba aprendiendo como cambiar un barril. Para decir la verdad, Pete admite que el matrimonio estaba ya bajo presión. ‘Nuestro matrimonio era inestable por aquel entonces porque yo no estaba nunca allí y Jan estaba resentida. Es un problema en las relaciones de todo los animadores, no solo mio’, dice.
Así que en 1975 Pete se convirtió a regañadientes en el propietario del Red Lion, un feo bar de los 60 propiedad de Bass Breweries, en Burslem. Pete se ocupaba del dia a dia del trabajo en el pub, mientras Jan se encargaba de las comidas. Conway continuó dando ocasionales conciertos locales, pero su sueño de triunfar fue puesto en espera. La vida de tabernero no le iba. Pete se sentía a gusto haciendo unas risas y contando chistes con los clientes, intercambiando bromas mientras servía cañas, pero lo incesante del negocio le agotaba. ‘No podías escaparte de aquello’, dice Pete,’ Tan pronto como abrías los ojos por la mañana ya estabas trabajando’. Con su familia en el piso superior y la tensión creciente entre marido y mujer, Pete cada vez más frecuentemente prefería quedarse bebiendo en el bar que volver al piso y a los conflictos familiares. Pete describe a Jan como ‘segura de sí misma’. ‘Si es mandona o no, no lo sé’ dice. Sospechas que lo es. Tan pronto como empezó a funcionar el pub, Jan fue presidenta de la Asociación Nacional de Amas de Casa. Ella vigilaba los productos que afectaban a las amas de casa y se aseguraba de que los comercios locales no subieran los precios. Tenía su propio programa en la radio local. En la época en que el matrimonio se deshizo Pete y Jan apenas intercambiaban una palabra.
Pete Conaway se marcha. Cuando las cosas se ponen difíciles, él desaparece. Hay unas cuantas mujeres en Stoke-On-Trent que te dirán lo mismo. No soporta las broncas. Si le das a elegir entre no ceder, resolver el problema o largarse con su ropa, seguro que Pete ya está buscando la salida más cercana. El reconoce su defecto fundamental. Lo entiende y lo acepta. Cuando tu marca de fábrica es la broma, la risa, y una aversión patológica a todo lo que suene vagamente serio, a los problemas, especialmente los de naturaleza femenina, que te puedes encontrar en el camino, la filosofía de Pete es simple: ‘La vida es demasiado corta para ser infeliz’.
El sábado 21 de mayo de 1977, Pete dejó el Red Lion, a su esposa, a Sally y a Rob para ir a la final de la Copa de Fútbol en Wembley. No volvió. No lo había planeado así, simplemente ocurrió. Cuando vio al Manchester United ganar al Liverpool, se dio cuenta de que se lo estaba pasando bien. ‘No lo tenía planeado cuando fui a Londres’, dice Pete, ‘Se convirtió en mi plan cuando estaba en las gradas en Wembley. Era la primera vez que me sentía libre, sin la responsabilidad de las horas de apertura, del trabajo en el pub. De repente ya no tenía que hacer todo aquello y además estaba el agravante de lo que estaba pasando en aquella época con mi matrimonio, pensé “¡Soy libre! Esto es la libertad” y decidí que no iba a volver’.
Pete debía volver a Stoke el domingo por la mañana. No apareció y tampoco llamó a Jan para decirle que la había dejado. En lugar de eso permaneció tres meses en Londres con su colega Mick. ‘Dejar a Rob fue algo horroroso, pero pensé que él estaría mejor viviendo en una atmósfera más feliz. Y en aquella época teníamos un ambiente bastante infeliz. Probablemente hice las cosas muy mal, pero no abandoné a Rob. Yo era muy infeliz y quería que Rob estuviese en un lugar feliz’, dice Pete hoy. El Red Lion, en Burslem, era cualquier cosa menos un lugar feliz. Pete no era el tipo de persona que se enfrenta a los problemas, y se sintió mejor largándose de allí. Rob estaba con su madre, estaría bien, pensó y además Pete sentía que el mal ambiente estaba contagiando a su hijo. ‘Era como si nada encajase con nada en aquella época y yo no podía vivir mi vida de esa forma’, añade.
La siguiente vez que Jan vio a Pete fue cuando le oyó golpear tímidamente la ventana del pub, una noche después de la hora de cerrar. ‘Tenía que decirle que no iba a volver… quería mi ropa’, dice Pete. Jan no le dejó entrar. ‘No quería dejarme coger mi ropa. Tuve que empezar de cero otra vez’, dice Pete. ¿Y qué pasaba con Rob? ¿Cómo le estaba afectando todo esto?. En un principio al niño de tres años y medio parecía no afectarle. Pete había estado fuera de la vida de su hijo durante tres meses. La siguiente vez que se encontraron no fue una reunión conmovedora, no hubo abrazos a cámara lenta como en las películas de Hollywood. Dice Pete: ‘Cuando volví para ver a Rob entré en la habitación y yo estaba muy excitado y nervioso. Pensé que él estaría igual’. En cambio Rob, que estaba con toda su atención viendo Batman, dijo ‘Hola papá’ y continuó viendo el programa. ‘Yo pensé que se pondría a dar saltos’, dice Pete. Cuando terminó Batman, se acercó y le preguntó a su padre, ‘¿Dónde has estado? ¿Qué has estado haciendo?’. Pete dice: ‘El se había adaptado a su nueva forma de vida y yo sentí que para mi era lo mejor que podía haber pasado’. Pete argumenta que, en aquella época, creyó que sería mejor para Rob si su padre no estaba constantemente entrando y saliendo de su vida, dejándole confundido. ‘Ahora sé que estaba equivocado’, dice. A diferencia de Rob, Sally era lo suficientemente mayor como para darse cuenta de lo que estaba pasando. Ella se había convertido y seguía siendo Sally Williams, pero la forma en que Pete se había marchado le pareció imperdonable.
Pete llamó a sus viejos contactos y dijo: ‘Hola, ¿te acuerdas de mi?’. Pero la oportunidad de triunfar se le había escapado. Kevin Kinsella, jefe de la firma de discos con base en Manchester, y que fue el primer representante de Robbie después de dejar Take That, lleva 30 años en el negocio del espectáculo. Su valoración de Conway es simple: ‘Podría haber sido una gran estrella, pero lo echó todo a perder en aquel pub con Jan’.
Así que empezaron los rituales: Pete y Rob yendo al parque y a los corredores de apuestas los sábados; Rob pasando los veranos con su padre en una caravana en un campamento de vacaciones en Perranporth o Cayton Bay, en Scarborough.
Hay una cruel verdad que aprender en los sofás de los loqueros de 400 libras la hora. Es ese mantra de ‘enfrentarse a la cuestión’ que ha servido a todos los que buscan el porqué. De ahí el reconocimiento por parte de Rob de que no le gustaban esas tardes de sábado. No hace falta ser Freud para entender el porqué. Un niño con sentimientos de abandono pasando unas cuantas horas con el padre que le ha dejado y, durante todo el tiempo, ansiando su completa atención. El mismo niño que veinte años después, en la canción ‘My Culture’, escribió con amargura sobre su padre, ‘Me hubiera gustado que se hubiera ocupado de mi un poco más de lo que lo hizo’. Pete dice: ‘Rob dijo que le parecía que las carreras de caballos eran algo que yo hacía y que me alejaban de él, incluso aunque yo siempre intentara compartirlo con él. El quería que nos quedáramos en el parque jugando al fútbol, solo nosotros dos, pero nunca dijo ni una palabra sobre ello’.

(2) Programa de deportes de la BBC
(3) Cómico inglés, todavía en activo, muy famoso sobre todo en los años 50 y 60.
(4) Boxing Day, dia festivo en el Reino Unido.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:04

CAPITULO 2:

GORDITO



Si te ganas la antipatía de Robbie Williams probablemente te terminará aplicando el ‘tratamiento poético’. Así les pasó a sus profesores, a sus ex-compañeros de banda e incluso a su padre. Su canción ‘My Culture’ es una dura crítica a casi cualquier persona que le haya ofendido alguna vez. Solo tiene que cambiar las palabras para que se adapten a su última víctima. Su lechero probablemente recibirá una versión garabateada pegada en los cascos vacíos si llega tarde con las dos botellas de leche entera. Como un Gordon Gekko(5) de nuestros días pero en el terreno emocional, el mensaje de Rob parece ser: ‘Odiar es bueno’.

Es una emoción que te sorprende en su trabajo. Por cada ‘Angels’ hay un ‘Ego a go go’ o un ‘By all means neccesary’. Ajusta viejas cuentas con ataques de un personal estilo a lo Dylan. En ‘Ego a go go’ que es un hiriente ataque a su ex-colega de Take That Gary Barlow, Robbie escupe: ‘Ego a go go, ahora cantas en solitario. Vives en un recuerdo. ¿Por donde has estado últimamente?’. Y en ‘By all means neccesary’ despotrica: ‘Todo el maquillaje que llevas no puede ocultar tus defectos. Tu trabajo en caridad es para tu propia causa’. El personaje del joven furioso no es una fachada. Siempre ha habido un ardiente resentimiento en Williams, una furia desenfrenada contra el abandono por parte de su padre, contra los profesores que le consideraron un fracasado y no fueron capaces de descubrir su dislexia, contra los crueles niños que bautizaron a su rellenito compañero como ‘Gordito’. ‘My Culture’, la canción que Robbie grabó con One Giant Leap, empieza como uno de los primeros poemas de Rob, el titulado ‘Hello Sir’. Allí dice: ‘Hola Señor, ¿se acuerda de mi? Soy el hombre que usted nunca pensó que llegaría a ser. El crío al que hizo llorar. El tipo al que llamaron ‘delgaducho’ durante seis largos años. Si, así es, mi nombre es Bob. El único que consiguió ser una estrella del pop.’ Cuando la grabó la convirtió en una envenenada diatriba contra su entonces distante padre.

Rob siempre ha tenido la necesidad de probar algo, un ardiente deseo de tener éxito, de hacerles un gigantesco corte de mangas a todos aquellos que lo despreciaron o lo consideraron un fracasado. Desde una edad muy temprana sintió la necesidad de ser el centro de atención. Siempre quería impresionar a todo el mundo, captar su atención con trucos, bromas e imitaciones divertidas siempre que empezaban a aburrirse. Todavía andaba en pañales y ya hacia imitaciones de Margaret Thatcher, Frank Spencer y Brian Clough (6) para los clientes del Red Lion. Su padre, Pete, dice: ‘Soliamos cerrar el pub y quedarnos allí con algunas personas. Se suponía que Rob estaba en la cama, pero casi siempre aparecía en lo alto de las escaleras. Había visto una luz allí abajo y eso era su foco, era su escenario. Solía entretener a todo el mundo’. El mismo Rob dice: ‘Aprendí a bailar antes que a andar, y antes de aprender a hablar ya sabía cantar. Y me di cuenta de que cuando hacía eso la gente sonreía y me prestaba atención’. Uno de sus numeritos menos dignos de admiración era lanzar cosas por la ventana de las escaleras del pub, incluida la ropa interior de su madre e incluso en una ocasión las 2.000 libras de la recaudación. Ganó su primer concurso de talentos con tres años en el hotel Continental, en España, bailando e imitando a John Travolta mientras cantaba ‘Summer Nights’. A los cuatro, en unas vacaciones con Jan y Sally, se escapó y Jan lo encontró cantando y bailando para otros turistas con una gorra en el suelo para recoger las propinas.

Cuando tenía ocho años Rob fue a Zimbawe con Jan, donde se alojaron en el exclusivo hotel Victoria Falls. Un día, en el vestíbulo, Rob descubrió a un grupo de guardias de seguridad armados rodeando al futuro vicepresidente del país, Joshua Nkomo. Con más cara que espalda, Rob se acercó despreocupadamente, miró al político y le dijo: ‘Hola, soy Robert Williams de Inglaterra y sé imitar a los negros’. Y entonces empezó a hacer su imitación de Lenny Henry(7). Nkomo estalló en carcajadas ante este crío que no se asustaba de las armas ni de los guardaespaldas y se sentó a charlar con él. Le firmó un autógrafo a Rob, que más tarde le diría a Jan con deleite, ‘Ese es el Presidente de África’. De vuelta a casa, Jan lo organizó para que su hijo pasara ropa de niño en desfiles de moda.

Los veranos los pasaba con Pete en una destartalada caravana en Perran Sands, Cornwall, o en el centro turístico de la costa este en Scarborough. Durante las vacaciones escolares, Rob vivía con Pete, vaciando el cubo que recogía el agua de lluvia que se colaba por las goteras del techo de la caravana, pasando el tiempo con los Chaquetas Azules(8), y colándose en los shows del espectáculo doble de Trafford y Wayne, Rob siguiendo a Bill Wayne alrededor del escenario imitando los andares de Max Wall (9). Veía el espectáculo de su padre cada noche, riéndose de los chistes como si nunca los hubiera oído antes. Cuando el padre y el hijo se sentaban a ver Nuevas Caras en televisión, Pete les decía a los concursantes: ‘Abre los ojos, hijo, déjales entrar’. Rob todavía se repite a sí mismo esta coletilla cada vez que sube al escenario. A los diez años Rob le dijo a Pete que quería ser un Chaqueta Azul. A Pete no le entusiasmó la idea. ‘Le dije que tendría que aprender en alguna parte, trabajar en clubs como hice yo’, dice.

Primero en la escuela infantil Dolly’s Lane y luego en la escuela primaria Mill Hill, en Tunstall, Rob aprendió rápidamente como ganarse a sus compañeros, especialmente a la chicas. El estaba gordito y otros niños se burlaban de él a costa de su peso, pero pronto descubrió que un chiste o una imitación acababan con las tomaduras de pelo y las bromas sobre ‘el chico gordo’. Cuando Jan le dejó en la escuela el primer día no hubo lloros por parte de Rob, a diferencia de los otros niños. La dijo que se fuera a casa para que él pudiera seguir jugando con los otros niños. Su profesor, John Collins
de la escuela Mill Hill, recuerda el instintivo amor y talento de Rob para la actuación. ‘Tenía talento innato’, dice. A los ocho años, Rob ya era miembro de las cinco sociedades teatrales más importantes de Staffordshire. También se entretenía tomando lecciones de baile, incluido el claqué. Cuando Rob le dijo al subdirector John Thompson que él iba a ser famoso, el profesor le contestó que no perdiera el tiempo con sueños tontos. ‘Le apuesto a que acabaré conduciendo un deportivo antes que usted’, fue la instantánea respuesta del joven.

Consiguió su primer papel profesional a los nueve años, interpretando a un destacado personaje infantil en la obra Hans Christian Andersen, y luego interpretó a Jeremy en Chitty Chitty Bang Bang en el Teatro Real, en Hanley. Le dieron el papel una semana antes de empezar las representaciones. El periodista de la televisión local terminó uno de sus reportajes haciendo un llamamiento para encontrar ‘un niño de 1,40 de altura y un poco regordete’. Pete le dejó en la audición y se fue a tomarse una cerveza al otro lado de la calle. Cuando volvió Rob ya tenía el papel y estaba haciendo una lectura con el co-protagonista adulto. ‘Me miró y asintió con la cabeza. Estaba muy tranquilo’, dice Pete. Animado por Jan, Rob interpretó a uno de los niños en El Rey y Yo. A los once años, ya un veterano, interpretó al violinista en la obra musical El Violinista en el Tejado en el Teatro Real. Hubo alumnos que consideraron a su talentoso compañero un ‘engreido’, pero Rob era muy popular entre los otros niños, a pesar de sus regulares apariciones en el periódico local, el Evening Sentinel. Su gordura infantil le vino muy bien de nuevo cuando, a los 13 años, consiguió el papel de ‘Chico Gordo’ en una representación teatral de la obra de Charles Dickens Los Papeles de Pickwick. Cuando los actores salieron a saludar al escenario al final de la representación, Rob tenía que ponerse en una destartalada plataforma al fondo del escenario, junto con el resto de los personajes secundarios. Se volvió hacia su compañera Berenice Harrison y le dijo: ‘No sé porqué estoy aquí. Yo tendría que estar en el centro, en la fila delantera’

Hay ciertos momentos fundamentales en la vida en que sientes que las cosas son como deberían ser, cuando todo encaja en su lugar. Rob cogió su sombrero, se puso una bufanda de lana negra alrededor del cuello, abrió mucho los ojos y alargó el paso. Una fracción de segundo después estaba bajo las luces, caminando por el escenario. Se tarda unos momentos en adaptar la vista cuando los focos te golpean la retina. Cegado por un instante, el sentido fundamental en ese momento es el oído. Y lo que oyó fue un audible jadeo sofocado de asombro por parte del público. Rob tenía catorce años.

Es una revelación cuando te das cuenta de que tu sola presencia puede provocar tan incontrolada excitación en un público de adultos mientras, durante el día, estas aun dando clases de geografía. Rob vestido con una levita rota, pantalones hasta las pantorrillas, sombrero de copa y zapatos desgastados con cordones desemparejados, robó el protagonismo a los demás actores interpretando a Artful Dodger en la representación de Oliver! con el Grupo de Teatro Amateur North Staffordshire. Pero sería ese sonido – ese espontáneo y comunal suspiro como una muda muestra de admiración y respeto – lo que perduraría en la memoria de Rob junto con las críticas, la palmada en la espalda del director y su foto, apoyado en una farola, en el periódico local. Consiguió el papel cuando Jan oyó un anuncio en Radio Stoke buscando un actor local para interpretarlo. Rob superó a las 150 personas que compitieron para conseguir el papel. Todo lo que había hecho anteriormente era para pasárselo bien, se divertía estando en el escenario, haciendo el tonto en los ensayos con los otros crios, disfrazándose, pero esta vez era distinto. En ese momento fue consciente del poder que podía ejercer sobre toda esa gente sentada en el patio de butacas y en la platea. Era ese factor X que tú, como artista, tienes o no tienes. Si no lo tienes, ni toda la práctica del mundo, ni todos los profesores con leotardos y calientapiernas del mundo, podrán dártelo; no existe la solución de la Academia de Fama. Si no has nacido con ello es mejor que lo dejes y pienses en hacer una carrera dentro de la higiene dental. Rob lo tenía en abundancia. Pete había descubierto el talento de su hijo. Durante una representación de Oliver! su hijo cogió distraídamente dos naranjas del vendedor ambulante de fruta y hábilmente empezó a hacer malabarismos a una sola mano con ellas mientras cantaba ‘Consider Yourself’. ‘Estúpido presuntuoso’ susurró un impresionado Pete.

En la escuela secundaria St. Margaret Ward, Rob se convirtió en el bromista de la clase junto con sus compañeros Lee Hancock, Peter O’Reilly y Richard Cook. Las lecciones eran ‘un rollo’. Rob iba a la escuela para hacer unas risas. Nunca un mal tipo, él era el crío descarado a quien le encantaba tomar el pelo a sus compañeros y profesores. Pero raramente era cruel. Todo el mundo conoce a alguien como Rob en la escuela. Mírale en su foto escolar, en la última fila, el tercero por la derecha, con chaqueta oscura, camisa blanca y corbata a rayas, con una sonrisa de oreja a oreja. Ahí se ve la petulancia, la cabeza inclinada, la expresión ligeramente burlona. A su alrededor son todo tímidas sonrisas, deseosas de agradar al fotógrafo, sonrisas de entrevista de trabajo o, en otros, la fija mirada de las fotografías policiales. Incluso a una distancia de treinta pasos Rob se destaca, con una ceja arqueada, sonriendo ampliamente, socarrón, una insinuación de actitud.

Rob era popular entre las chicas, pero no era un rompecorazones. Todavía rellenito, encontró su mejor arma haciéndolas reir. Su primer beso a los diez años había sido con una chica un año mayor que él. La llevó al cine a ver Tres hombres y un bebe. Pero la noche acabó siendo un desastre. Perdieron el autobús y tuvieron que regresar andando por el barrio chino donde dos hombres intentaron darle una paliza a Rob. Su acompañante tuvo que llamar a su madre para que fuera a rescatarlos.

Rob se dedicó a practicar la técnica del beso con lengua enfrente de un espejo en su casa. En la escuela secundaria su primer amor fue una mujer mayor. Kelly Oaks tenía 15 años, tres más que el joven Williams. Ambos eran miembros del mismo grupo de teatro y Rob se enamoró de ella instantáneamente. La bombardeó con bombones, flores y casetes de su grupo favorito Madness. Pero Kelly, que hoy en día está casada y vive en Hertfordshire, no estaba interesada. Disfrutaba riéndose con Rob en los ensayos, lanzando yogures por la ventana y viéndole entorpecer el paso a los transeúntes, Rob siempre dando la lata, toreando a los productores y a los instructores de baile. Pero al final ¿qué chica de quince años quiere tener una cita con un crío de doce?. Están interesadas en tipos un par de años mayores que ellas. Así que Rob llevaba todas las de perder con Kelly. Ella dice: ‘Rob era genial. Era muy divertido, pero era demasiado joven. A esa edad, tres años es mucha diferencia’.

Sin amilanarse, Rob a continuación le dedicó su atención a Michelle Goodhall, famosa por tener ‘el mejor culo de St Margaret Ward’. Rob no fue inmune a sus encantos. ‘Estaba obsesionado con mi culo’ dice Michelle. ‘Siempre estaba intentado tocármelo’. La pareja se cogía de la mano y se besaron algunas veces, pero mostrando indicios de sus compulsivos instintos en lo que a mujeres se refiere, Rob perdió el interés después de un par de semanas. La primera mujer que le rompió el corazón fue una chica llamada Tanya que dejó a Rob, que por aquel entonces tenía catorce años, meter la mano por debajo de sus bragas cuando estaba con su padre en el campamento de Cayton Sands en Scarborough. Rob no se había dado cuenta de que ella se iba al día siguiente y se quedó destrozado cuando fue a buscarla a su caravana a la mañana siguiente y se encontró con que se había ido.

Tuvo que esperar otro año para perder la virginidad. La afortunada, o tal como fueron las cosas no-tan-afortunada, señorita fue una pelirroja de Liverpool llamada Anne Marie Lawson cuyos padres, George y Kathleen Lawson, se habían mudado con su familia desde su ciudad natal a Stoke. Anne Marie estaba en el curso de Rob y, de acuerdo con Rob, ‘le encantaba el sexo’. Tan pronto como llegó a St Margaret Ward ella se acercó decididamente al tembloroso Rob para decirle que estaba decidida a follárselo. Rob, intentando ocultar lo petrificado que estaba ante la franqueza de la chica, la contestó intentando hacerse el macho con un ‘en tu casa o en la mía’. Más tarde y delante de todos los colegas de Rob, se le acercó y le dijo: ‘En tu casa, el viernes, después de la escuela’. Rob se hizo el enrollado, pretendiendo que ya lo había hecho docenas de veces. Pero a pesar de que ella le gustaba, la decidida Anne Marie le daba un miedo de muerte. Totalmente aterrorizado, la llevó a su casa, pero sus legendarias maneras con las mujeres estaban tristemente en su etapa de desarrollo. Empezaron a besarse pero Rob perdió el valor. No podía seguir con aquello, no iba bien y además estaba petrificado. Fue solo cuando la dijo que se fuera cuando se dio cuenta del palo que le iban a dar sus colegas el lunes por la mañana. Y la llevó escaleras arriba.

Años después recordaría su primer encuentro sexual: ‘La llevé a mi habitación y unos dos minutos y medio después todo había acabado. Fue una actuación bastante poco impresionante, pero yo estaba encantado y naturalmente les dije a todos mis colegas que había sido un semental’.

Rob nunca tuvo problemas con la policía, pero tampoco fue un ángel. El y su amigo Matthew tuvieron una época en que les daba por robar las insignias de los coches. Un día Rob robó la insignia de un BMW recién estrenado a la salida de un pub. Pero le remordió la conciencia y entró en el bar y confesó. La pareja dejó su carrera criminal cuando la madre de su amigo lo descubrió.

Las lecciones de la escuela solo servían para tener una disculpa par hacer unas risas o jugar al fútbol. Rob, cuya capacidad de concentración podía contarse en minutos más que en horas, difícilmente podía encontrar el entusiasmo como para hacer el esfuerzo. Los profesores no fueron capaces de descubrir el hecho de que sufría dislexia. Puede que esto solo fuera una pequeña parte del problema, pero era suficiente para hacer que a Rob le resultara difícil leer y escribir. En consecuencia, la mayoría de los profesores nunca tomaron al descarado chaval de la sonrisita burlona demasiado en serio.

Olvídate de Adios Mr Chips y El Club de los Poetas Muertos y toda esa mierda sobre motivar a los niños y abrirles la mente al arte, la música, la literatura. No, los mejores profesores son esos que tan conscientemente, tan deliberadamente subestiman y reprimen a los niños a su cargo, que esos mismos niños se pasan el resto de su vida intentando obsesivamente lograr el éxito como si eso fuera un masivo ‘que te jodan’, un enorme corte de mangas a los imbéciles cortos de vista que les consideraron unos fracasados. En justicia, cuando Rob se desahogo con su invectiva en el poema ‘Hello Sir’, creó una amalgama, un personaje odiado ideal, para ser vilipendiado y profundamente despreciado, para ponerlo delante del cañón por todos los desaires y desprecios que recibió del conjunto de sus maestros. Pero hay alguien que sobresale: destaca Steve Cartlidge, que realmente solo le dio clases a Rob durante su último año en la escuela secundaria St Margarte Ward. Su error fue ofrecerle consejo sobre su futuro. En el poema, que originalmente apareció en la antología Oral: Poemas, Sonetos, Letras y Otras Cosas por el Estilo, Rob expresa su furia contra el profesor que le aconsejó que se alistara en el ejercito, el ‘imbécil’ con ‘entradas en el pelo’, ‘falso coche deportivo’ y ‘pantalones horteras’. Aunque el Sr. Cartlidge dice que siempre llevaba elegantes trajes en la escuela, acepta que el poema, en parte al menos, se refiere a él. Pero no se arrepiente. ‘Yo simplemente le di algunos consejos sobre su futuro’, dice, ‘Le dije que entrar en el mundo del espectáculo estaba muy bien, pero que debía concentrarse en sus notas y en pasar sus exámenes. Hoy en día yo pongo a Robbie como ejemplo para engendrar ambición en los niños a los que enseño. Les digo que si en sus corazones tienen vocación para una carrera determinada tienen que luchar por ello. Y no les doy el consejo de un viejo y cansado profesor inglés’. El Sr. Cartlidge dice que no guarda ningún rencor a Rob, pero añade, un tanto groseramente: ‘Robbie debía ser un chico de desarrollo tardío porque el inglés que usa en las letras de sus canciones es lo bastante bueno como para merecer un aprobado o más’.

Tal era el deseo de Rob de probar a sus viejos profesores su error, que cuando se hizo famoso y en un gesto simbólico, regresó a su vieja escuela en un BMW y vistiendo un traje de 4.000 libras. Se paró al lado de la puerta, hizo sonar la bocina y grito: ‘Todos en pie’. Su amigo Anthony Robinson, que solía estar en las gradas del Valey Park con Rob, dice que Rob siempre quiso algo más de lo que la mayoría de sus amigos de la escuela podían desear en Stoke. Les decía a sus amigos: ‘Yo soy mejor que esto. Voy a salir de aquí’. Dice Anthony: ‘Su madre le animaba mucho. Le apoyaba mucho. Le empujaba siempre a hacer cosas’. Rob, dice su amigo, quería gustar a todo el mundo. ‘Quería que le miraras. Necesitaba estar seguro de que te gustaba porque le aterrorizaba que no te cayera bien’. De todas formas, mientras estuvo en St Margaret Ward, el ‘aprobado o más’ no estaba en la agenda del menor de los Williams. De hecho, es justo decir que nadie, ni el mismo Rob, esperaba que aprobara el Bachillerato Elemental cuando se presentó a los exámenes en junio de 1990. En el baile de fin de curso, Rob se subió al escenario y cantó ‘Every Time We Say Goodbye’. El efecto en sus compañeras de clase fue profético. Hubo muchos llantos y desmayos cuando Rob lució su, hasta la fecha, desconocida voz de cantante. La reacción de los chicos también marcó la pauta de los siguientes cinco años. Le abuchearon, se burlaron de él y en general se cachondearon.

Había llegado el momento de pensar en ganar algún dinero. Uno de los novios de Sally le encontró un trabajo como vendedor de ventanas dobles a domicilio. Rob duró tres meses, pero tuvo claro desde el principio que su futuro no estaba en el mundo del comercio. ‘Le decía a la gente que las ventanas eran muy caras y me iba’ dice. Cuando su padre Pete le preguntó como le iba en su nuevo trabajo, Rob le dijo que le habían ‘mandado a la mierda en todo lo ancho de Staffordshire’.

Pero para Rob el trabajo solo era una forma de ganar algo de dinero para las vacaciones. Su sueño era todavía dedicarse al mundo del espectáculo. Jan había visto un anuncio en el periódico buscando un quinto miembro para una banda que iba a formar un empresario teatral de Manchester llamado Nigel Martin-Smith. El grupo se iba a llamar ‘Kick It’(10)

(5) Financiero americano de los 80 que hizo popular la máxima ‘La avaricia es buena’. En él se basa la película ‘Wallstreet’ protagonizada por Michael Douglas. Una especie de Mario Conde a la americana.
(6) Frank Spencer era el personaje protagonista de la serie de TV ‘Some mothers do ‘ave ‘em’. Brian Clough fue entrenador del Nottingham Forest.
(7) Cómico negro inglés
(8) Grupo de animadores del centro de vacaciones
(9) Todos ellos son cómicos ingleses.
(10) Patéalo, dale una patada
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:05

CAPITULO 3:

KICK IT



Dada la futura batalla de Rob con las drogas y el alcohol, fue buena suerte o buena idea que Kick It(11) fuera rápidamente desechado como nombre para la nueva banda. Pero era Kick It su nombre cuando Rob solicitó el trabajo que su madre había visto anunciado en The Sun. Por aquel entonces la banda ya existía: el cantante Gary Barlow, los bailarines Jason Orange y Howard Donald y el guapo Mark Owen habían sido reunidos por Nigel Martin-Smith, jefe de una agencia de modelos de Manchester. Su idea era crear una versión inglesa de la banda de chicos americana New Kids on the Block, que estaba teniendo muchísimo éxito. Ellos eran cinco chicos, asi que Martin-Smith decidió que Kick It también tenían que ser cinco.

Jan solicitó la ayuda de un amigo de Pete, Pat Brogan, un promotor de boxeo local, para que la aconsejara como podría Rob tener la mejor oportunidad para conseguir ser el quinto miembro del nuevo grupo. Pat llamó a su amigo Chris Fear de la BBC de Manchester y le preguntó si podría presentarle a Martin-Smith. Al dia siguiente, Jan mecanografió el currículum de Rob. En él le decía a Martin-Smith que Rob tenía experiencia por haber trabajado en Signal Radio(12) de Stoke donde en realidad solo había hecho algunas voces en off y había solicitado un trabajo para la radio del hospital. También decía que había escrito sus propias canciones de rap y hip-hop. Terminaba con las palabras: ‘Solo tengo una ambición: SER FAMOSO’.

Jan recibió contestación de Manchester diciendo que Rob tenía una audición para la banda en el verano de 1990. El único problema era que Rob estaba en Gales con su padre, en el parque de caravanas Carmarthen Bay, donde Pete estaba trabajando como animador de los campistas. Jan, muy excitada, intentó localizar a Pete. No tenía teléfono en su caravana así que el personal de recepción fue enviado en su busca. Finalmente cogió la llamada de Jan en el mostrador de recepción y a continuación empezó a solucionar su propio problema - ¿Dónde diablos estaba Rob?. No era raro que Pete no viera a Rob en todo el dia. Tenía libre acceso a todos los sitios y con la sala de juegos, la playa y un montón de chicas que perseguir, era bastante para tenerle ocupado. Pete le prometió a Jan que enviaría a su hijo en el autobús de vuelta a Stoke ese mismo dia y a continuación salió para intentar localizar a su desaparecido vástago. Se hizo un anuncio dirigido al público en general y Rob fue localizado. Pero antes de mandarle de vuelta a Stoke, Pete agarró al fotógrafo oficial del campamento para que fotografiara a Rob en la playa y hacer asi su primer reportaje como ‘estrella del pop’. Las dos fotos en blanco y negro muestran a Rob con tupé y en una de ellas con unas gafas de sol al estilo de las estrellas. Si se pudiera marcar el punto en que Robert Pete Williams, el joven recién salido del colegio y un fracaso escolar, se convirtió en Robbie Williams, el ídolo en una banda de chicos, estaría en esas dos fotografías.

Pete, más excitado de lo que quería admitir, recogió las cosas de Rob y se dispuso a llevarle a la estación de autobuses en el cercano Camarthen. Pero con las prisas por llegar a tiempo, Pete olvidó que el coche no tenía gasolina. Cuando llegaron a la cima de una empinada colina, el motor empezó a resoplar y murió. Pete lo dejó caer cuesta abajo por la colina y lo empujó hasta un pub que por casualidad se llamaba el Red Lion. Apeló a la misericordia del tabernero para que les llevara hasta la estación de autobuses.

El plan de Nigel Martin-Smith era simple. Quería reunir a un grupo de jóvenes atractivos y educados, comercializarlo y empaquetarlo y ver llover el dinero. Desde un principio, la banda que dentro de algunas semanas se convertiría en Take That – el nombre fue robado de la frase que aparecía en un poster de Madonna ‘Take That and Party’(13)- se trataba de conseguir la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible. Rob fue a la audición a las oficinas de Martin-Smith en Manchester con su madre. Al final de la reunión Martin-Smith sabía que Rob tenía que estar en la banda. ‘Era evidente que su madre le había enseñado a salir de una habitación de la forma adecuada, tal como enseñan a las chicas en una escuela de señoritas’, recuerda Martin-Smith. ‘Fue suficiente ese brillo en los ojos cuando me miró para que yo pensara “Tienes que estar en la banda”’. Los cinco cantaron ‘Nothing Can Divide Us’(14) en un club cercano, y lo hicieron algo mejor que otros, pero Martin-Smith estaba satisfecho porque la imagen que daban era buena. Les llevó a Boots a tomar un café y celebrar el nacimiento de la banda. El representante, que lo más destacado que había hecho había sido ocuparse de una drag queen cantante, les dijo que si le daban cinco años los haría ricos. Pero aquello tendría un precio. Habría unas reglas estrictas – no se permitiría nada que pudiera dañar la cuidada imagen que había planeado: nada de novias, nada de alcohol, nada de tabaco y nada de drogas. Evitarían los lugares habituales de famosos para mantener un cierto aire místico alrededor de ellos. No habría fotografías tomadas por paparazzis de los chicos con rubias dudosas saliendo de nightclubs como Stringfellows o Browns. Se quedarían en Manchester y mantendrían su vida privada fuera de la atención del público. Martin-Smith les dijo ‘Esta banda somos nosotros seis… si nos mantenemos unidos, con una muro a nuestro alrededor, y lejos de las fiestas, las revistas no tendrán nada malo que decir de nosotros cuando nos hagamos famosos’.

Gary Barlow sería el centro de la banda. El ya había grabado un disco y había escrito algunas canciones pop con un cierto estilo. Howard y Jason eran conocidos como dos de los mejores bailarines de breakdance del noroeste. Habían formado un dúo llamado Ritmo de la Calle y habían sido descubiertos por Martin-Smith cuando actuaron en el programa de televisión nocturno de Pete Waterman El Asesino A Sueldo y Ella. Mark tenía una voz pasable y sabía bailar. Había conocido a Gary un año antes cuando era el chico de los recados en un estudio de Manchester donde el cantante estaba grabando. Mark empezó ayudando a Gary a llevar su equipo por los conciertos y habían formado una banda juntos llamada Cutest Rush.

Rob recibió la noticia de que formaba parte de la banda el mismo dia que le dieron los resultados de sus exámenes. Había suspendido todo. El y un amigo compraron ocho latas de cerveza y se las bebieron en el campo de bowl(15) de Tunstall. Al final Rob consiguió reunir el valor para ir a casa y darle a su madre las malas noticias. ‘Mamá, tengo algo que decirte’, empezó tímidamente. ‘Bien, y yo tengo algo que decirte a ti. Estas en la banda’, fue la contestación de Jan. Rob corrió escaleras arriba, abrió la ventana de su habitación y gritó a todo el que le quiso escuchar: ‘¡Voy a ser famoso!’. Con 16 años, Rob era el más joven de la banda, con una diferencia de casi dos años. Si, sabía cantar y bailar un poco, pero, para ser honestos, sus habilidades no eran nada del otro mundo. Rob estaba allí, en principio, para añadir un poco de personalidad – una actitud descarada, un poco de nervio. Resulta irónico que ese rasgo de su personalidad fuera a ser lo que provocaría más críticas por parte de su representante durante los cinco años siguientes.

Incluso antes de firmar los contratos con Martin-Smith en septiembre de 1990, la estrategia de la banda ya iba tomando forma. Una de las primeras cosas fue ocuparse del nombre de Rob. Martin-Smith dijo que su nuevo nombre, Robbie, sonaba más divertido, más travieso. Nunca antes le había llamado nadie Robbie. Rob odió el nombre desde el primer dia. También tendría que perder peso, ordenó Martin-Smith, y trabajar duro con los bailes que el resto ya dominaba. El siguiente paso era conseguir la imagen adecuada para la banda. La versión oficial es que Nigel Martin-Smith llevó a los cinco chicos de compras a Londres. Allí, en Hyper Hyper en la calle Kensington High, Jason descubrió una chaqueta de cuero con tachuelas y así nació el look del cuero. En realidad Martin-Smith ya había decidido lanzar a los recién creados Take That para un público gay. Más tarde, Martin-Smith, que es gay, diría que su plan había sido crear cierta ambigüedad para dejar que el público imaginara de qué lado estaban los chicos. Si esa fue la estrategia, algo fue muy mal entre lo planeado y el resultado final. Cuando hicieron su primera aparición en televisión, cantando en play back en un estudio de danza en Manchester en el programa de noticias locales de la BBC Northwest Tonight en octubre, no había mucha ambigüedad que mostrar. De hecho, no hubieran podido parecer más gays si los cinco se hubieran dedicado a contonearse por Union Square en San Francisco, con los albums de Abba y silbando sus canciones mientras se gritaban unos a otros ‘¡Eres una ;-D!’. Gary, con el pelo rubio encrespado, sin camisa y con un pañuelo rojo alrededor del cuello, pantalones rojos ajustados hasta la pantorrilla y un cinturón de cuero negro. Mark, con el aspecto de un chapero de Central Casting con el pelo rubio de agua oxigenada y el cuerpo lleno de piercings. Howard vestido con unos diminutos pantalones cortos de tela vaquera y una camiseta ancha y Rob con la parte superior de un mallot de ciclista y pantalones cortos estampados con el símbolo de Pepsi. Lo único que le faltaba a la imagen eran unos bigotes estilo Dalí y un par de gorras de cuero (16)

La imagen era abiertamente homosexual: eran la personificación del fetichismo más gay. La base de fans y dinero gays tenía un mayor atractivo para Martin-Smith que conocía ese mundo bastante mejor que el de los quinceañeros. A cualquiera que los hubiera visto entonces se le hubiera perdonado por pensar que eran una banda gay. La mayoría de sus conciertos eran en locales gays. El primer concierto de Take That fue delante de ‘diez personas y un perro’ en el nightclub Flicks en Huddersfield. La banda ganó 20 libras, apenas suficiente para un pollo frito. Pero sus bailes funcionaban y Gary estaba demostrando las dotes como cantante y compositor que le permitirían aumentar su cuenta corriente en muchos millones de libras en los siguientes tres años. La voz de Rob no tenía de momento demasiada importancia para Martin-Smith, cualquier nota falsa podía ser eliminada en el estudio de grabación y, de cualquier forma, lo prioritario era la imagen y el show en el escenario. Rob no recibió ninguna lección de canto durante todo el tiempo que estuvo en la banda. Se organizó un mini-tour por Escocia en abril de 1991 y Nigel hizo planes para lanzar el primer single de la banda ‘Do What U Like’, cuyo video mostraba a los chavales revolcándose entre gelatina roja. El problema para Martin-Smith era que, a pesar del incesante intento por interesar a las compañías más importantes, ninguna discográfica había picado. Así que echó mano del Plan B, hipotecar su casa y sacar el disco bajo su propio sello Dance UK. La apuesta funcionó. ‘Do What U Like’ entró en las listas británicas en el número 82, y eso fue suficiente para que RCA firmara un contrato con la banda en septiembre de 1991. Los cinco chavales volaron a Londres para estampar su firma y fueron recogidos por una limusina en el aeropuerto. Pensaron que había llegado Santa Klaus.

La banda podía tener un contrato, pero Pete y Jan tenían la preocupación de en que clase de banda se había metido Rob. Pete conocía la industria, y era muy consciente de que el mundo del espectáculo estaba lleno de homosexuales, por lo que no estaba demasiado preocupado. La abuela de Rob, Betty, le dijo a Pete, ‘Estaría más preocupada si hubiera dicho que quería hacerse sacerdote’.

Pero fue Rob el que estuvo más cerca de borrar su nombre de las páginas de la historia de la música. Después de unos pocos meses ya se arrepentía de haberse unido a Take That. Su relación con Martin-Smith se había vuelto difícil muy pronto. Rob le dijo a Jan que estaba harto de que sus compañeros mayores le trataran como un idiota y de recibir constantes broncas de Nigel Martin-Smith. Le dijo a su padre: ‘Yo solo estoy allí para ser el bailarín del coro de Gary Barlow. Tengo mis propias ideas. Yo quiero estar delante’. Dijo que estaba pensando en dejarlo y le consultó a su padre sobre convertirse en un Chaqueta Azul. Pete sabía que Rob era infeliz. Pero le dijo que su infelicidad no sería nada comparada con lo que sufriría si dejaba Take That y luego resulta que triunfaban. Así que con más de una duda, Rob hizo de tripas corazón y siguió adelante. Serían dos años de arduo esfuerzo, sin lograr entrar en las listas de singles e intentando desesperadamente conseguir el apoyo de los fans. Un segundo single, ‘Promises’, entró en las listas en el número 38. Los chicos estaban tan excitados que se pusieron a saltar encima de la cama de Howard en el hotel Regency de Londres hasta que la rompieron. Este iba a ser uno de sus colectivos actos de rock’n’roll. La alegría duró poco. La semana siguiente el single cayó hasta el número 40. El tercer single ‘Once you’ve tasted love’ solo alcanzó el decepcionante número 44. Mientras tanto la banda podía encontrarse haciendo cuatro shows al dia. Se embarcaron en una gira por los colegios junto a la Asociación de Planificación Familiar, para promocionar el sexo seguro. A menudo podían encontrarse haciendo un show en un colegio por la mañana, luego un show matinal, después otro en un club para menores de 18 años y otro para mayores de 18 años, todo en el mismo dia, antes de desplomarse en el coche de Nigel para dirigirse a casa o a un hotel barato.

Si, seguramente, Gary era el adulto, el seguro cantante principal y Mark el más atractivo, pero era Rob quien estaba no solo robando el show en el directo, sino arrebatándoselo a sus expertos cantantes y expertos bailarines colegas. No podía controlarse. Pones a Rob en un escenario, ya sea el Wembley Arena o el fondo del gimnasio de una escuela en Worksop, y es imparable. Mientras los otros cuatro se mostraban ultraprofesionales y realizaban al unísono sus pasos de baile con sonrisas inamovibles, Rob nunca podía resistir incluir algunos giros en los shows tan meticulosamente elaborados; haciendo muecas al público, una ocasional caída al estilo Norman Wisdom, o gastando algunas bromas a la audiencia. Siempre se las arreglaba, bien consciente o inconscientemente, para dejar su toque personal, un trozo del Rob de Stoke, en el espectáculo de precisión casi militar. El robar la escena le salía de forma natural. No había un plan consciente de apartar la atención de los otros. Era simplemente parte del lote. Pero, indudablemente, eso irritaba a sus compañeros y a menudo también a Martin-Smith.

El primer éxito verdadero de la banda, ‘It Only Takes A Minute’, fue lanzado en mayo de 1992, entrando en las listas en el número 16 y llegando hasta el número siete, pero incluso antes de esto, había verdaderas tensiones entre los chicos. Tal vez no sea tan sorprendente. No puedes coger a cinco crios y mantenerlos juntos 24 horas al dia, en el coche, en el escenario, comiendo juntos, compartiendo habitaciones de hotel y esperar no tener problemas. Rob se llevaba bien con Mark. Como él, Mark tenía un carácter sensible y era enemigo de los enfrentamientos. Gary era siempre el más probable para tener problemas con el más joven e insolente miembro de Take That. Por buenas razones, Gary tenía derecho a pensar que esta era su banda. El escribía la mayoría de sus canciones, era el cantante principal e iba progresivamente implicándose en dar forma a la manera en que sonaban en el estudio. No pones tu corazón y tu alma en alcanzar la fama, no trabajas como un burro en clubs de mala muerte y en gimnasios escolares que apestan a desinfectante sin ese instinto, ese ego que te obliga a hacerlo. Es un requisito previo para el éxito. ¿De que otra forma podrías soportar todas las decepciones, los rechazos, el miedo al fracaso que conlleva el intentar triunfar en el mundo del espectáculo?. Gary, como Rob, tenía un ego más grande que el de la mayoría. Siempre había esa tensión entre ellos. Rob celoso viendo la posición de Gary como el principal, el hombre en el centro, el líder. Gary, que había soñado con emular a sus héroes Elton John y George Michael, mirando codiciosamente el innato encanto de Rob, ese carisma y esa presencia que conseguía sin esfuerzo. Era obvio para todos los que estaban alrededor de la banda, e incluso los de fuera, que la combinación de las dos personalidades podía ser explosiva. ‘Aquello era una bomba a punto de explotar’ dice uno del equipo de aquel entonces. ‘Todo el mundo podía verlo, pero al principio nadie imaginó que ni Rob ni Gary llegaran a tal grado de hostilidad’. Una vez cuando Rob le cantó una canción que él mismo había escrito a Gary por teléfono, hubo silencio al otro lado de la línea. Finalmente, Gary dijo, ‘Eso está bien, tío’. Luego se giró hacia alguien que estaba con él en la habitación y dijo, ‘Ese Robbie ha empezado a escribir cosas. Estaría bien si fuéramos una banda de rock’n’roll’. Gary era tan notablemente tacaño con su dinero que le sentaba bien su apodo de Ebenezer(17) Barlow, solía cobrarle a Rob una libra cada vez que le prestaba su teléfono móvil.

Cuando la banda volvía a Manchester en la furgoneta después de un concierto, solían descargar a Rob en el desvío 16 de la M6 y su madre tenía que ir a recogerlo al borde de la carretera con el coche. El éxito de ‘It Only Takes A Minute Girl’ sirvió para definir el verdadero público de Take That, las chicas de colegio. La abierta imagen gay fue desechada, aunque la etiqueta y el apoyo de un público gay perduraron. Los chicos se dieron cuenta de que por fin lo habían conseguido cuando fueron a cenar al restaurante La Reserve en Fulham. El single estaba en el Top 20 y, cuando se sentaron a cenar, un grupo de fans femeninas se reunieron en el exterior y rompieron en espontáneos sollozos cuando vieron a sus nuevos héroes. El temido ‘Thatter’ (18) había nacido. El siguiente single ‘I Found Heaven’ vio como la banda sacaba su primer video. Les habían dicho que iba a ser en la playa. Ellos se imaginaron Isla Mauricio o Marbella, pero fue en la isla de Wight, bailando y cantando durante horas en el mar helado. Por aquel entonces ‘A Million Love Songs’ una sensiblera balada al estilo de Gary Barlow fue número siete en septiembre de 1992, mientras un montón de niñas preadolescentes asaltaban W.H.Smith buscando un poster de la banda. El cuero y el satén ajustado había desaparecido reemplazado por el amplio uniforme callejero - botas militares, jerseys y chamarras vaqueras.

Una versión de la canción de Barry Manilow ‘Could It Be Magic’, en la que Rob era el cantante principal, y el octavo single. ‘Why Can’t I Wake Up With You’, en febrero de 1993, confirmaron a Take That como el mayor fenómeno del pop británico. Rob podía despertarse un domingo por la mañana en casa de su madre y encontrarse a 300 chicas fuera y a la policía obligándolas a que se mantuvieran fuera de la carretera. ¿Cuál es el siguiente movimiento más probable para una banda que lleva haciendo discos de éxito desde hace menos de un año? Escribir tu autobiografía, por supuesto. La idea era dar a sus fans, a un precio de 5.99 libras, una imagen de la simbiosis del trabajo dentro de la banda, el génesis de su estilo musical, oh y quien fue la primera chica que besaron y de que equipo de fútbol eran seguidores. Como todo lo que se refiere a Take That, fue un muy bien controlado ejercicio de máxima exposición y máximo beneficio. Los chicos hablaban allí de cuando habían besado a Karen o a Michelle cuando tenían doce años. (¿Acaso resulta una sorpresa que el primer beso de Gary con Melanie Garnet, cuando tenía ocho años se convirtiera en una tranquila y estable relación de cuatro años?). El problema, como era habitual, fue Rob. Desde la página 31 hasta la 36 de Take That – Nuetra Historia, Rob pasa de decir que sacó ‘notable alto en el examen de bachiller en St Margaret Ward’ y decir que todavía está matriculado en sexto curso, a admitir ‘cuando dejé la escuela pensé, estupendo, no tengo el título elemental’. Si el libro probaba algo, era que Rob, a diferencia de los otros, no se andaba con gilipolleces. ‘Recuerdo haber pensado que éramos un grupo de tíos muy raros’, dijo de la primera vez que vio a sus compañeros de banda en su audición. Y en lo que se refería al líder de la banda, Gary, Rob era incapaz de jugar al juego de las relaciones públicas de la forma en que a los responsables de Take That les hubiera gustado. Al principio, recuerda Rob, Gary le resultó aburrido. ‘Era muy difícil conocerle y él no dejaba que nadie le conociera.’, dice Rob. Un año antes de soltarse de la correa de Take That, Rob podía añadir una nueva perspectiva a su primera impresión de Barlow en las audiciones de Take That. ‘Estaba el tío sentado allí. Con las piernas cruzadas y ese maldito maletín de cuero en el que tenía hojas llenas de canciones de mierda’, le critica.

En un periodo de tres meses entre julio y septiembre de 1993, la banda grabó sus dos primeros números uno. Primero ‘Pray’ y luego ‘Relight My Fire’, tres minutos de continuos alaridos a dúo con la veterana participante del Festival de Eurovisión Lulú. El video, rodado en Ministry of Sound en Londres, vivirá largamente en la memoria como uno de los más insoportables momentos de la reciente historia del pop. Una más que madura Lulú con el aspecto de la vergonzante mamá que insiste en venir al baile del colegio, prometiendo estarse apartada y que acaba sola en la pista de baile al final de la noche imitando los andares de Mick Jagger mientras todo el mundo mira hacia otro lado. Rob estaba cada vez más avergonzado de Take That. Su imagen era completamente hortera, nada que ver con lo que él había planeado. La fama era una cosa, pero para la mitad del país, Take That solo eran famosos por ser un grupo de gilipollas que llevaban zapatillas Converse. Volvió a su ensayado y probado antídoto contra las tomaduras de pelo de la escuela y se unió al chiste. ‘¿Cómo se llama un cantante con cinco agujeros en el culo? Lulú y Take That’, bromeaba.

En 1994, con 16 singles en su haber, la banda todavía sobrevivía con las 150 libras a la semana que les pagaba su representante. Pero ahora eran más grandes. Ya les llamaban ‘Los Beatles de los 90’, tenían compromisos para conciertos en prácticamente todos los países europeos así como en Japón. Incluso en los Estados Unidos, la revista Rolling Stone los llamaba ‘Los ídolos de adolescentes más calientes del mundo’. En casa, la floristería de Jan, Bloomers en Tunstall, era el escenario de diarias vigilias para cientos de fans femeninas. El público aumentó tanto que no tuvo más opción que cerrar el negocio porque los clientes no podían entrar. Incluso puso en venta la casa de Greenbank en Tunstall, y se mudó fuera después de que se convirtiera en un santuario para fans que podían venir en autobús desde Escocia o Devon para ponerse en medio del camino de Jan suplicándola que les dejara ver a Robbie. Jan se preocupaba por las crías y se quedó destrozada cuando llegó una chica en silla de ruedas, diciéndole a Jan que tenía una enfermedad terminal y quería conocer a Robbie antes de morir. La abuela de Rob, Betty, tuvo problemas con Nigel Martin-Smith por dejar entrar a las fans en su casa para charlar con ellas y ofrecerles una taza de te. Betty, que no era de las que se dejaban mangonear, le dijo al jefe de su nieto que no se metiera en sus asuntos.

Rob, también, empezaba a estar harto de las reglas. Había regulares ‘Reuniones de Comportamiento’ en las que era Rob quien recibía las críticas por no seguir el código de Take That. Las podía convocar tanto Martin-Smith como los miembros de Take That. Rob no podría recordar ninguna reunión convocada para discutir el mal comportamiento de los otros. Bautizó el sistema de reglas y restricciones como ‘Take That Towers’. Estaba poniendo a prueba las reglas, empujando los límites. Si al principio Rob podía disculparse por haber sido fotografiado incumpliendo las reglas o con una chica, ahora era más probable que discutiera, rechazando ver nada malo en su comportamiento. En una gira le cogieron desobedeciendo las normas. Alardeó abiertamente de que, cuando la banda estaba en el exclusivo Hotel Loews en Monte Carlo, una chica que había conocido en el bar le puso en la mano un trozo de papel con el número de su habitación escrito en él. Más tarde, Rob, borracho, encontró la nota mientras se estaba desvistiendo para irse a la cama. Se dio cuenta de que la habitación de la chica estaba más adelante en el corredor, pero sabía que no podía arriesgarse a que le pillara el siempre vigilante Martin-Smith. Demasiado borracho para darse cuenta del peligro, fue saltando por los balcones encima del mar y golpeó en la ventana de la chica. Solo entonces se dio cuenta de que estaba completamente desnudo.

En 1994, un año antes de que terminara su carrera con Take That, a cuenta de sus payasadas de borracho como cantante no invitado de los coros de Oasis en Glastonbury, Rob fue al festival musical. Todavía demasiado nervioso de que Martin-Smith le pillara en una desobediencia pública, estuvo todo el tiempo en la furgoneta de M People emborrachándose con Feargal Sharkey, aterrorizado de que pudieran fotografiarle. Martin-Smith empezó a escribirle cartas diciéndole lo que se esperaba de él. Rob le acusó de haberle escrito para decirle que estaría fuera de la banda si no perdía peso. El trabajo era todavía despiadado. Solo en septiembre de 1994, Take That dio 22 conciertos. Pero esto era solo una parte del agotador calendario. Antes de los conciertos había firma de autógrafos, entrevistas con la prensa, sesiones de fotos y promociones de todo tipo de merchandising, desde fundas de almohadón de Robbie, hasta muñecos de Take That. Solo el club de fans tenía 150.000 miembros. El segundo álbum de la banda, Everything Changes, había sido número uno y todo el mundo quería un trozo de ellos. Para Rob, el sueño del estrellato se había vuelto realidad, pero él no se sentía como una estrella. Seguramente a una estrella no le reñiría su representante y le trataría como a un escolar travieso por hacer incluso la más inocua cosa al estilo del rock’n’roll, o ganaría 150 libras a la semana y viviría con su madre. Esa no era la idea de Rob del estrellato. Para él las estrellas eran como Keith Moon, David Bowie o Bono. Si ser una estrella significaba ser como su castigo Gary Barlow, te lo podías quedar. Rob se disgustó cuando Gary, que había empezado a cobrar los royalties por componer los primeros éxitos de la banda, eligió invertir su dinero en un bungalow de tres habitaciones cerca de la casa de sus padres en Frodsham, Cheshire, y compró un prudente Ford Escort. Si esto era el negocio del espectáculo, pensó Rob, mejor si hubiera aguantado vendiendo ventanas dobles en Stoke. Para Rob, Gary Barlow era la viva personificación del pop de plástico, un hombre, creía, que le sentaba mejor seguir las reglas y extender hojas que mostrarse crítico. A Barlow nunca le iban a encontrar muerto en una habitación de hotel en medio de un charco de su propio vómito con una prostituta y una bolsa de coca. ‘Me siento bien pagando facturas y ahorrando’ fue la imagen que Gary les dio a sus fans de su salvaje y loca vida en la biografía oficial de la banda.

Las tensiones estaban empezando a aparecer. Rob, bebedor desde los dias en que los barmans le deslizaban un trago mientras su padre actuaba en los campamentos de vacaciones de verano, se estaba volviendo progresivamente dependiente de la botella. Prefería la cerveza rubia, pero no era maniático. Había también un nuevo señuelo, las drogas. Cuando era un crío en Stoke, mitigaba el aburrimiento con cannabis y ocasionalmente speed. Rob incluso estaba colocado cuando hizo sus exámenes de bachillerato. Tomó su primera raya de coca antes de subir al escenario en la primera gira de Take That. A finales de 1994, la banda era más grande que nunca e iban camino de vender discos por un valor de 80 millones de libras en todo el mundo, pero Martin-Smith tenía problemas con Rob. Ya era fumador cuando se unió a Take That y mientras la banda se iba haciendo más importante, le habían advertido repetidamente para que no le fotografiaran con un cigarrillo en la mano, pero había empezado a tener menos cuidado. También le habían cogido ignorando la prohibición de salir por las noches a los clubs de moda. Mientras los otros cuatro estaban arropados en la cama, o al menos divirtiéndose en privado, a Rob se le veía en cada vez más espacios nocturnos. Nigel Martin-Smith vivía con el miedo constante de que le fotografiaran borracho o algo peor. Rob podía estar fuera hasta las 5 de la mañana y su representante empezó a mandar a un guardaespaldas con él porque tenía la costumbre de olvidar donde estaba. ‘Quería llevar la vida que él creía que una estrella debía llevar. Para Robbie todo era una fiesta’, recuerda Martin-Smith. Temeroso de los efectos que su rebelde estrella pudiera ocasionar en los multimillonarios contratos de publicidad, Martin-Smith empezó a estar muy preocupado. El era el responsable de la creación del más controlado, más engrasado y más organizado grupo de pop en la historia musical de Inglaterra y ahora todo estaba en peligro de irse al traste mientras Rob se esforzaba por echar todo por tierra. El representante echaba humo cuando Rob apareció en una reunión de la banda con el pelo teñido de azul. Esto, después de que las fotos publicitarias de su nuevo single se habían hecho con Rob luciendo rizos rubios. También había empezado su obsesión por los tatuajes con una cruz maltesa dibujada en la cadera.

En el escenario todo parecía normal. La banda había empezado 1994 con viajes promocionales por Bélgica, Alemania y Francia y volvió a tiempo para ensayar la mezcla de los Beatles para los Brits donde recogieron el premio al Mejor video por ‘Pray’. La gira europea, que empezó el 24 de marzo en Hamburgo y terminó en Finlandia había sido un gran éxito. Regresaron a Londres para grabar Top of the Pops y causaron un tumulto cuando 3.000 ‘Thatters’ llegaron para ver su aparición en el show del sábado por la mañana Live And Kicking. Rob había intentado parecer feliz por Gary cuando este ganó dos premios Ivor Novello en mayo como compositor del año y por la mejor canción con ‘Pray’, pero la tensión entre ambos era evidente para todos los que estaban a su alrededor. La gira Pops Tour, que comenzó en Glasgow en agosto, empujó a Take That a nuevas alturas, pero el comportamiento de Rob en el escenario había empezado a fastidiar a sus compañeros y a su representante. Martin-Smith estaba preocupado porque el tipo descarado y optimista que él había incluido en la banda para dar al grupo una apariencia divertida, se estaba convirtiendo en un agresivo acaparador del escenario. Estaba convencido que eran tanto las drogas como el alcohol la causa del cambio en el veinteañero, pero no estaba seguro de que hacer sobre ello. Lo más importante era mantener los problemas de su problemático ídolo fuera de los periódicos.

A principios de 1995, la situación se les estaba yendo inexorablemente de las manos al representante y a los integrantes de la banda. Para empezar, la voz de Rob estaba cascada. La bebida, las juergas todas las noches, la coca y el éxtasis habían causado estragos en ella. Cuando el tercer álbum, Nobody Else, fue lanzado en mayo, la voz de Rob era de todo menos limpia. A diferencia de los dos anteriores no había sido el cantante principal de ninguna canción y había permanecido sentado, aburrido e inquieto, durante la mayoría de las sesiones de grabación. La omisión de su voz no parecía haber dañado excesivamente el producto final, que fue doble platino en la primera semana de su lanzamiento.

Pero Nigel Martin-Smith podía ver que su huevo de oro estaba en grave peligro de romperse. Había regañado a Rob acerca de su comportamiento en el escenario por no hacer los movimientos que la banda había ensayado con tanto trabajo, comportándose durante toda la noche como si estuviera en un subconcierto de Robbie Williams. Martin-Smith acusó a Williams de eclipsar a sus compañeros de Take That y de intentar robarles el show. Para entonces casi cada periodista del espectáculo del país sabía que Robbie Williams pasaba más tiempo con la botella que sus compañeros. Había empezado incluso a fanfarronear de que tomaba drogas ante alguno de los escritores de las revistas que se movían alrededor de la banda. Como era habitual con Rob, sus fanfarronadas iban acompañadas por un travieso brillo en los ojos, el estilo de‘esto es una broma o lo digo en serio’ que se había convertido en su marca de fábrica, y que es su forma de evitar las preguntas difíciles, saliendo de la situación con un conocido guiño y la excusa de que solo estaba bromeando.

Si Martin-Smith sabía que este joven, apenas salido de la adolescencia, tenía problemas ¿porqué no hizo algo para ayudarle? Después de todo, ¿no era Take That, según sus propias palabras, ‘una familia’?. La filosofía desde el principio había sido ‘nosotros contra el mundo’, si estamos juntos ganaremos a cualquiera. Martin-Smith era consciente, a principios de 1995, de que Rob estaba bebiendo demasiado. En las páginas de las revistas habían empezado a aparecer la temidas primeras fotografías del guapo y buen chico de banda Robbie Williams saliendo con cara de sueño de nightclubs. También había empezado a aparecer en shows de televisión sin el conocimiento de su representante, que todo lo veía y todo lo sabía. Martin-Smith había dicho a la compañía de discos de Take That, RCA, que no iban a aparecer en más programas matinales de televisión, porque creía que ya no era bueno para la imagen de la banda. Se puso furioso cuando, al dia siguiente, el publicista de la firma, que había estado muy interesado en sacar a la banda en This Morning, le llamó para preguntarle porqué, si no iban a hacer programas matinales, se estaba viendo en el Channel 4 a Rob con su madre en el recinto VIP de las carreras de Chester. En junio, en los Premios Clave de Plata Nordoff Robbins en el Hotel Intercontinental de Londres, Rob estaba allí otra vez. Bebiendo vino blanco e ignorando completamente las instrucciones de Martin-Smith de no tomar parte en las fiestas de famosos. Ante la silenciosa mirada de sus compañeros de Take That, Rob ofreció 16.000 libras por una entrada al estadio de Wembley. Esto, para Rob, era rock’n’roll. Los otros podían jugar según las reglas si querían, pero el iba a divertirse un poco. En la MTV apareció vistiendo una camiseta estampada con las palabras ‘My Booze Hell’(19). Luego, en frente de 60 millones de televidentes europeos, aceptó una apuesta de 10 libras por enseñar el trasero en vivo y en directo. El problema para Martin-Smith, que trataba desesperadamente de ocultar los problemas, era que si Robbie Williams iba a rehabilitación o a una clínica, la noticia permanecería en secreto lo que tardara un bedel o un paciente en coger el teléfono y llamar a The Sun. El resultado sería el mismo. Los titulares gritando que el quinceañero cantante de Take That Robbie Williams estaba siendo tratado de su adicción a las drogas y al alcohol difícilmente podía encajar con la imagen, o complacer a las compañías que habían invertido millones de libras, de los buenos chicos de Manchester que eran los favoritos de todas las abuelitas.

Rob tenía un problema que, en lo que respecta a Martin-Smith, era Jan. Rob siempre había ignorado deliberadamente todo lo relativo al negocio que era Take That y nunca se molestó en ocuparse de sus finanzas. Durante las dos reuniones de negocios semanales para discutir la estrategia, Rob difícilmente podía disimular su aburrimiento. En 1994 la banda, Martin-Smith y sus asesores se reunieron con ejecutivos de la compañía discográfica RCA para renegociar su contrato. La sesión duró tres horas y cada persona alrededor de la mesa tenía un grueso fardo de papeles. Al final de la reunión Martin-Smith miró hacia la intacta pila de papeles de Rob. En la primera hoja había hecho un dibujo de un gran par de pechos y firmado ‘Rob’. Pero Jan estaba muy interesada en las finanzas de su hijo. Ella había abandonado sus propios negocios y era demasiado consciente de los casos de otras bandas que habían sido estafadas por sus representantes. Se quedó horrorizada cuando Rob le dijo que no había entendido prácticamente nada de lo que le había dicho su equipo de representantes. Jan había firmado junto con Rob todos sus contratos porque, cuando se unió a la banda, todavía era un menor. Asi que, con el apoyo de Rob, Jan se puso a la tarea de descubrir cuanto había ganado Rob y cuanto había visto de su dinero. Fue a ver a los contables de la banda para preguntarles acerca de las finanzas de su hijo. Cuando se enteró Martin-Smith, se armó la gorda. Rob, por aquel entonces en Australia con la banda, en el verano de 1994, solo se enteró del escándalo en casa cuando entró en el ascensor del hotel con los otros chicos una mañana. La relación entre la estrella y el representante era ahora irrecuperable.



(11) Kick it es, literalmente, dar una patada a algo. Pero también se usa como abreviatura de Kick the bucket, que significa algo asi como palmarla, estirar la pata, morirse.
(12) Importante emisora de radio que se escucha en todo el norte de Inglaterra.
(13) Traducción: Coge eso y diviértete
(14) Traducción: Nada puede separarnos
(15) Juego parecido a la petanca
(16) Se refiere al look de uno de los integrantes de la banda gay Village People, al cual se parecían.
(17) Asi se llamaba el avaro protagonista de Cuento de Navidad de Charles Dickens.
(18) Nombre de las seguidoras de Take That
(19) Mi infierno alcohólico
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:06

CAPITULO 4:

LOCO POR ELLO


El director de la gira de Take That, Chris Healey, hojeó un puñado de páginas garabateadas y a continuación cogió el teléfono de su oficina y marcó el número de Nigel Martin-Smith. ‘Tengo aquí algo que creo que deberías ver’, dijo. Dos horas antes, en el insólito escenario de los barracones del campamento de reservistas de Stockport, en Cheshire, en una reunión llena de amargura y recriminaciones, la carrera de Robbie Williams como miembro de una banda de chicos había llegado al final.

El grupo estaba allí para ensayar una gira que iba a costar 2 millones de libras poner en escena. Pero Rob no quería hacerlo. Les dijo a Martin-Smith y a sus compañeros de la banda que según lo acordado les avisaba con seis meses de antelación, pasados los cuales, dejaría la banda. Pero ahora, en este lugar tan poco glamouroso, se había alcanzado la masa crítica. Siguió una polémica sobre si Rob se había ido o lo habían echado. ¿Qué importaba? Estaba fuera. No había vuelta atrás y era solo cuestión de tiempo que la banda, alcanzada bajo su línea de flotación, también desapareciera.

Es la clase de dilema para plantear a los relaciones públicas vestidos con trajes de Prada mientras toman café con leche y bollos a 5.000 libras por cabeza en los congresos que reúnen a los mejores asesores de imagen del país: Tienes al componente de una banda de chicos de 21 años que quiere empezar su carrera en solitario. La banda tiene una imagen de demasiado buenos chicos como para recurrir a sus fans adolescentes. Pero las fans se están haciendo mayores y tu cliente necesita una imagen más nueva, más actual, más rebelde para ganarse a un mercado más maduro. Discutidlo.

Después de la separación de Robbie Williams de Take That, la respuesta más probable sería: consigue que tu hombre tenga una costosa adicción a las drogas y el alcohol, mándalo a Glastonbury, asegúrate de que le fotografían totalmente drogado y borracho y ponlo en el escenario con los más miserables, repugnantes y mal hablados roqueros del país. El inconveniente, por su puesto, es que tu estrella pop se ahogará en un fangoso mar de autocompasión y alcohol durante doce meses, faltando muy poco para tirar lo que queda de su carrera por el water y se autodestruirá en las páginas de todos los periódicos. Pero bueno, así es el mundo del espectáculo. Oh, y por cierto, sería una gran idea si durante este año de pública batalla con sus demonios, tu chico tiene la inspiración de escribir un clásico moderno acerca de la redención y el perdón de cara a su relanzamiento.

Si Rob se hubiera sentado y planeado su transformación desde el saludable pero soso ídolo de adolescentes hasta el chico malo y narcotizado pero con personalidad, no podría haberlo hecho mejor. El momento en que subió al escenario con Oasis el 23 de junio de 1995 fue su propia conversión en el camino de Damasco. Borracho de una vertiginosa mezcla de champán y libertad, subió al escenario delante de 110.000 cínicos fans del rock siendo un imbécil más de una banda de chicos y lo abandonó convertido en la más reciente novedad del pop británico. Ese mismo día, en una fiesta con fines benéficos con Take That, Rob le había dicho a Nigel Martin-Smith que quería ir al festival anual de rock. Hasta ese momento Rob estaba cumpliendo las reglas del juego, más o menos. Sabía que las reglas de las ‘Take That Towers’ especificaban que necesitaba el permiso de su representante si quería aparecer en público sin el resto de la banda. De haber hecho Rob esta petición algún tiempo antes podría haber estado bastante seguro de que la respuesta de su dictatorial jefe habría sido corta y concisa. Pero ahora la situación era diferente, Rob era diferente. Había un nuevo elemento de dureza en él. Martin-Smith lo atribuía a las drogas que sabía que su joven estrella estaba tomando, pero también sabía que probablemente Rob lo único que necesitaba era una disculpa para decirle al hombre que le había convertido en una de las caras más famosas del país que se fastidiara. Posteriormente, Martin-Smith se ha dado cuenta de que aquel momento fue primordial. Se ha culpado a sí mismo por dejar que las cosas llegaran tan lejos, por ocultar los problemas, pero a principios del verano de 1995 aún pensaba que podía solucionarlo. Llevaba controlando a estos chicos durante mucho tiempo, diciéndoles qué comer, dónde ir y qué decir. Su error fue pensar que podía lograrlo con Rob.

Las señales de la falta de ilusión de Rob habían empezado a aparecer desde hacía algún tiempo. No quería saber nada más. Había sido un elemento perturbador durante las grabaciones y no se molestaba en aprender los bailes, criticándolos, diciendo que le hacían avergonzarse. ‘Son vuestros movimientos, no los míos’, les había dicho a los otros cuatro. Un mes antes, en un descarado acto de desafío, había roto la regla de la banda de ‘nada de novias’, apareciendo en la fiesta del final de la gira con la ex-protagonista de London’s Burning, Samantha Beckinsale(20). Así que el 23 de junio, mientras cumplía con las formalidades que conllevaba el ser un miembro de Take That, estaba preparado para la pelea. Martin-Smith, temiendo más problemas, transigió. Rob podía ir a Glastonbury, pero tendría que llevarse a uno de los guardaespaldas de la banda para asegurarse de que no habría fotografías suyas disfrutando del concierto en los periódicos. La orden no mejoró el humor de Rob. No iba a presentarse en medio de un montón de roqueros y hippies agarrado de la mano de un guardaespaldas. Ya estaba oyendo los insultos de las bandas que admiraba y con las que quería relacionarse, las burlas sobre si no le dejaban salir solo por si acaso se perdía y no era capaz de encontrar el camino de vuelta a casa y a sus colegas de vida ejemplar.

Por lo que a Rob respecta, a Nigel podía gustarle o aguantarse. No iba a llevar a un guardaespaldas. Recuerda bastante poco acerca de aquel soleado viernes. Se acuerda de haber puesto en el Jaguar que le habían prestado 16 botellas de champán que había cogido de la fiesta y haber sido llevado por la A39 hasta Somerset. Cuando llegó tenía quince botellas y estaba listo para alucinar. Cuando paró junto al backstage y abrió el maletero para descargar el champán, Rob se encontró con Liam Gallagher. ‘¿Qué coño traes?’ fue el considerado saludo del de Manchester. En lo que respecta a Rob, lo que a Liam le faltaba de erudición, lo tenía de personalidad. Una de las principales razones de hacer el viaje y desobedecer a su representante era que podría conocer a Liam y a su hermano Noel. Ellos eran la columna vertebral de la banda más genial de Inglaterra, los líderes del pop británico y autores de discos muy buenos. Tenían todo lo que Rob quería para sí mismo: el poder decir las cosas a la cara, el sentido común de la calle, la mala pinta del rock’n’roll. Rob estaba donde quería estar, sacándose una foto con los otros gigantes del pop británico, Blur, jugando al fútbol con los Boo Radleys, firmando autógrafos como ‘Robbie Williams, el chalado’, concediendo entrevistas totalmente borracho a cualquiera que se lo pidiera, dejando a los paparazzi sacar lo peor de él. Era dolorosamente consciente de lo que sus compañeros de juerga veían en él. ‘La gente me miraba como si fuera un grano en la punta de su nariz porque soy un miembro de Take That. Piensan que soy un completo imbécil’, decía por aquel entonces. Después de la tercera canción de Oasis, Liam gritó ‘Vamos’ a Rob que estaba a un lado del escenario. Un momento después, con el aspecto de un travieso sobrino que ha estado rondando por la fiesta familiar terminándose las bebidas de todo el mundo, Rob entró tambaleándose en el escenario y salió de su trabajo. Enseñando un diente ennegrecido, se convirtió en el más famoso grupie de Oasis a la vez que les hacía un enorme corte de mangas a sus cuatro compañeros y a su representante. Rob podía estar completamente cargado de alcohol y adrenalina, sin mucha capacidad para pensar, pero incluso dentro de esa neblina de sustancias químicas sabía que ese era un momento trascendental, una nueva dirección, un nuevo capítulo. ‘Ese fue el momento en que realmente se materializó’, fue su recuerdo más duradero.

Para todos los que estaban alrededor de la estrella de Take That, que no estaban tan completamente destrozados como él lo estaba, no era fácil de soportar la vista de esta metamorfosis pública. Una colección de imágenes de prensa trazan el curso de ese dia, su iniciación como una estrella de rock hecha y derecha, completamente desarrollada. Rob diría más tarde que el viaje había sido una operación de relaciones públicas, una declaración de intenciones, pero una foto en particular hace que sea difícil de creer. Rob, con la cara hinchada, tumbado de espaldas, el pelo teñido sobre la hierba, enseñando las suelas de sus Adidas blancas, con vaqueros oscuros y las piernas dobladas. Sus ojos vidriosos captados por el flash, su brazo izquierdo levantado apuntando al cámara, reconociendo que sabe que le están fotografiando y de alguna forma, incluso en su estado de total irresponsabilidad, dándose cuenta de que hay algo incorrecto en esta situación, de que las cosas están yendo demasiado lejos, pero no hay nada que pueda hacer para remediarlo. Cuando se metió en el mundo de las drogas y el alcohol, ya hacía algún tiempo que Rob había perdido la inocencia, pero enfrentarse a la innegable evidencia a la hora del desayuno la mañana siguiente fue un shock para millones de fans adolescentes. Las cuales, por supuesto, ya no eran lo más importante en la agenda de Rob.

A Rob le encanta recordar como llegó a Glastonbury en una limusina y volvió en la parte trasera de una furgoneta. Había hecho amistad con los compañeros de Oasis y con el viva-la-vida de Tim Abbott(21), los cuales le llevaron de vuelta a casa de Jan en la parte de atrás de la furgoneta donde llevaban el equipo. La elección del transporte es, según Williams, simbólica. El mimado, remilgado y enclaustrado mundo de clase alta de Take That dando paso al sucio, sudado y buen rock’n’roll al viejo estilo. Eso podría resumir los dos años siguientes de su vida, diría Rob más tarde.

¿Había sido victima el mundo del pop del truco más astutamente logrado y preparado para engañarlo? ¿Es posible que todo este episodio no fuera más que una farsa organizada por un hombre educado en las negras artes del engaño y la publicidad desde que tenía 16 años? Un año después Rob diría: ‘Fui a Glastonbury por una razón. La principal, para llamar la atención y también para conocer a los tíos de Oasis. No me estaba permitido conceder entrevistas o fotos sin el asesoramiento de alguien de la compañía de discos, así que pensé, “Vale, pues mírame ahora, porque las cosas han cambiado”. Me aseguré de que me hacían todas las entrevistas posibles y me aseguré de que me hacían todas las fotos posibles, de que todos los cámaras tenían una foto mía, y también me asegure de estar completamente borracho a la hora de hacer las entrevistas’. La estrategia era de alto riesgo. Hay una línea muy delgada entre el hombre salvaje y amante de las diversiones y el triste perdedor borracho mandando su carrera a la basura. Si estos eran los primeros disparos en una guerra de relaciones públicas de la que Rob saldría como vencedor indiscutible poco más de dos años después, fue, sin ninguna duda, una de las más astutas campañas de marketing de la historia del pop, especialmente teniendo en cuenta que el director de la campaña se tragaba regularmente dos botellas de vodka al dia.

En su casa de Hale, en Cheshire, Nigel Martin-Smith estaba poniéndose cómodo para pasar la noche enfrente de la televisión. Fue recibido con la imagen de la quinta parte de su inversión de 80 millones de libras actuando como un chiflado frente a todos los medios de comunicación del mundo.

El lunes siguiente, de vuelta en los ensayos para la próxima gira inglesa, Rob, con un entusiasmo infantil, no podía esperar para contar con pelos y señales sus proezas a sus colegas de Take That. Sus cuatro compañeros, con el desdén típico de aquellos a quienes han dejado fuera de la fiesta, no eran una audiencia demasiado bien dispuesta. De todas formas ya lo sabían todo. La situación empeoró algunos dias después en una comida con la banda y Martin-Smith. Mientras veía venir la posibilidad de que se tomasen acciones legales, Rob no admitió nada, pero la verdad es que ya había decidido irse y así se lo dijo a sus compañeros. Pero su plan era darles el aviso con seis meses de antelación que tenían establecido y en ese tiempo decidir como poner en marcha su carrera en solitario. Le había hablado a Jan de sus planes y ella ya había empezado a trabajar como el nuevo representante no oficial de Rob, sondeando a algunos contactos y dejando caer que su hijo estaba pensando en abandonar el barco y podría estar disponible para trabajar. Aunque era algo que se veía venir desde hacía algún tiempo, cuando llegó el momento fue un golpe para Take That y Martin-Smith. Habían mantenido la esperanza de que Rob superara su descontento. ¿Quién en su sano juicio iba a dejar una banda que iba camino de vender veinte millones de discos y era el grupo pop más grande de todos los tiempos?.

El jueves 13 de julio de 1995 las cosas llegaron a un punto crítico. Rob estaba mostrando muy pocas ganas de aprender la coreografía para la gira de 20 conciertos en Inglaterra, que iba a empezar en Manchester dentro de poco más de dos semanas. El admitiría más tarde que necesitaba una botella de vodka para poder ir a los ensayos con la banda y que únicamente podía superar sus sentimientos de desánimo posteriores estando completamente borracho. Ya era un completo alcohólico y drogadicto. Rob, en el mejor de los casos, cumplía con las formalidades. En el peor, se estaba convirtiendo en un fenómeno extraño, enrareciendo la atmósfera, por una parte feliz ante la próxima liberación pero a la vez triste por todo lo pasado, esperando el cheque por un millón de libras al final de la gira. Como era típico en él, no podía evitar tomarles el pelo a sus compañeros sobre sus ridículos bailes y su vestuario de mierda. Los otros cuatro estaban hartos de él, y lo más importante, también lo estaba Martin-Smith. No iba a dejar que Rob pusiera en peligro la gira marchándose en medio de la misma. Incluso si se iba ahora podía dañar la campaña de marketing y hacer inservible todo el merchandising – Rob estaba en todos los posters. Para complicar más las cosas, Take That acababa de firmar un contrato de un millón de libras con Arista Records en los Estados Unidos. Martin-Smith se enfrentó a Rob y le pidió que se comprometiera con la banda. La conversación no fue bien. ‘No quiero ser uno de los bailarines del coro de Gary Barlow’, fue su contestación. ‘Vendré a los ensayos y estaré ahí, pero lo haré a mi manera’.

Quizás fuera apropiado que los inhóspitos e institucionales alrededores del campamento de reservistas fueran el marco de las escenas finales de Rob con Take That. Más tarde compararía los cinco años que pasó en la banda con estar en el ejército: controlado, diciéndole lo que tenía que comer, lo que tenía que beber, lo que tenía que pensar, con quien se le tenía que ver, donde tenía que ir, cada momento de cada dia planeado para él con precisión militar. En la comida, la amargura y el resentimiento explotaron. Rob mantenía que estaba quemado. Evidentemente no había entrado en aquella habitación aquel dia con la intención de salir de ella convertido en Robbie Williams, ex-miembro de Take That.

El insospechado interlocutor, contó Williams, fue Jason Orange, quien le dijo a Rob que la banda había decidido convertirse en un grupo de cuatro miembros ‘ahora mejor que más tarde’. Rob se quedó helado con la declaración. Le habían pillado desprevenido y estaba en estado de shock, reaccionó mostrando su petulancia intentando devolver el golpe. ‘Estupendo, si es así como lo queréis’. Cogió el trozo de melón que estaba comiendo y sarcásticamente preguntó si se lo podía quedar. Recogió sus cosas en silencio mientras sus compañeros miraban. Pero luego la máscara de no-podría-importarme-menos cayó. De repente le alcanzó la comprensión de lo que estaba ocurriendo y, como un condenado a muerte, quería el aplazamiento del Gobernador. En la prueba de las mirada fijas Rob fue el que pestañeó. Cuando estaba en la puerta, se giró y se dirigió a sus compañeros. ‘Mirad, me voy. No voy a volver. Eso es’, dijo. Take That era ya un grupo de cuatro. Los otros le miraron sin comprender y Rob se fue.

Rob se sentó silenciosamente en el coche con Paul, el conductor, y Chris, el guardaespaldas. Cuando le dejaron, Paul le dijo a Rob que le recogería a la misma hora mañana. Rob le dijo a su conductor que no iba a volver. Confundido, el conductor le dijo que entonces le recogería el jueves. ‘No, Paul, no lo entiendes’, dijo un lloroso Rob. ‘No voy a volver, nunca’.

Los restantes miembros de Take That insistieron en que la decisión de dejar la banda fue de Rob y que ellos le había dicho que se fuera y se lo pensara. Tras su declaración de libertad dentro del mundo del espectáculo Rob se fue a St Tropez a reflexionar en compañía de George Michael, Paula Yates y Michael Hutchence(22). George había organizado una espléndida fiesta en su casa del sur de Francia para celebrar su nuevo contrato de 60 millones de libras con Virgin. Rob, recién ungido como miembro de la ‘movida’, estaba en la lista de invitados. Allí les comentó a sus nuevos colegas su separación de la banda, que estaba a punto de ser públicamente anunciada, y le pidió consejo a George. La estrella, que también había sufrido su propia escapada de una banda de chicos en 1986, le dio su bendición. Una de las personas a las que Rob no les informó de su salida de la banda fue su padre. La primera noticia que tuvo Pete sobre ello fue cuando una fan corrió hacia él llorando para suplicarle: ‘Dime que no es verdad’. Pete intentó contactar con su hijo, pero el teléfono de Rob estaba descolgado. Divertirse con los famosos en el Mediterráneo dio resultado para mantener a Rob distraído de la realidad de lo que le había pasado, pero no por mucho tiempo. Volvió a Inglaterra y a la guarida de los leones. La noticia de su ruptura con Take That se había hecho pública.

Incluso para los estándares de Take That, el nivel de histeria con que se recibió la noticia – el 18 de julio The Sun había publicado que Rob ya no pertenecía a la banda – les dejó alucinados. Las ‘Thatters’ deambulaban por las calles con la boca abierta en diversos grados de angustia. En Hamburgo, la hija de 14 años de la señora Sylvia Tegtmeiers, Sabrina, y su amiga le dijeron que iban a tirarse delante de un camión en marcha. Cuando la radio local N-Joy dio la noticia recibieron más de un millar de llamadas, muchas de ellas de adolescentes intentando suicidarse. En Inglaterra las ondas estaban llenas de fans llorosas y en Londres, en las oficinas de la revista gay Boyz, el personal vistió de negro durante una semana. ‘Robbie era el favorito de todo el mundo’ dijo el editor Simon Gage. ‘El y Jason. Y Mark… bueno, todos menos Howard’. El ministro tuvo que crear líneas de teléfono especiales para atender tanto sufrimiento.

Rob fue el primero en disparar en la batalla publicitaria que siguió a la ruptura. Ya había planeado demandar a sus jefes de RCA y a Martin-Smith y estaba listo para el ataque. Alegó que había estado pensando en dejar la banda desde hacía un año porque estaba harto de acatar la disciplina, cansado de vivir en una jaula durante 24 horas al dia los siete dias de la semana. ‘Me mantenían fuera de la realidad’, se quejó. A los 16 años estaba listo para aceptar las condiciones para convertirse en una estrella del pop, ‘Era lo que quería y lo acepté’, dijo. Pero Rob dijo que Martin-Smith se equivocó al seguir tratándolo de la misma forma con 21 años. Se había dado cuenta en la última gira europea que, a pesar del éxito de la gira y del dinero que estaba ganando, era infeliz. ‘Durante meses me he estado engañando diciéndome que era feliz, pero en el fondo sabía que ya había tenido bastante. He superado esa fase y ahora quiero y necesito algo distinto’, dijo. Estar en el escenario con Take That no había sido lo mismo que estar en una banda. De hecho, allí delante de las fans, su principal sentimiento era de soledad. Y mientras los otros cuatro buscaban la parte positiva de la ruptura, desesperados por no dañar la buena imagen de Take That y vendiendo la idea de que se habían separado como buenos amigos, Rob estaba contando algunas verdades. ‘Las fans piensan que nos conocen, pero no es verdad’, dijo. ‘Nadie sabe la verdad. En las entrevistas solíamos decir a la gente que aunque no estuviéramos en Take That seguiríamos siendo colegas. Bueno, siento tener que decir que eso no es verdad. Lo que hemos hecho no ha sido más que un negocio’. Como preludio de las hostilidades venideras, Rob dijo que, a pesar de vivir y trabajar con Gary Barlow casi cada dia durante cinco años, aún no había logrado conocerle. Se sentía incómodo si tenía que sentarse al lado de Gary en un vuelo. El había querido desesperadamente que todos ellos estuvieran más unidos, pero la relación entre los cinco había sido rara desde el principio. Reveló que nunca se habían peleado. ‘Nosotros cinco nunca discutíamos, y ahora me doy cuenta de que eso no era sano’, dijo. ‘Iba en contra de las normas, así que nos reprimíamos’. Rob que últimamente había pasado el tiempo escribiendo poesía, nunca había escrito una canción para Take That. Al representante no le interesaba. Gary era el compositor, Robbie el caradura, y así es como tenía que ser siempre. Ahora Rob quería grabar sus propias canciones y no volver a cantar las de Barlow nunca más.

Chris Healey estaba todavía asimilando que Rob se había marchado de la sala de ensayos y de la banda esa misma tarde. Mientras el director de la gira, con la mente en otra parte, hacia limpieza de papeles en su oficina, se topó con unas hojas abandonadas. Reconoció la letra de Rob y las leyó, eran las letras de dos canciones. Las estaba leyendo por segunda vez cuando Nigel Martin-Smith contestó al teléfono. ‘Son malditamente buenas’, le dijo a su jefe. ‘Las canciones hablaban de mi, de los otros chicos y de lo infeliz que se sentía,’ dice Martin-Smith. ‘Cuando las vi me quedé asombrado. Eran letras muy buenas’.



(20) London’s Burning, serie de televisión inglesa. Samantha Beckinsale, actriz inglesa no muy conocida, hermana de Kate Beckinsale (que ha protagonizado, entre otras películas, Mucho Ruido y Pocas Nueces, Pearl Harbour, Los Ultimos Dias del Disco).

(21) Uno de los abogados de Creation Records que trabajó bastante con Oasis, y que escribió un libro sobre ellos ‘Oasis, Definitely’.

(22) Paula Yates, presentadora de televisión británica que murió en 2000, a los 40 años de edad de una sobredosis. Michael Hutchence, cantante del grupo INXS, fue encontrado muerto en un hotel de Sydney en 1997. Tenía 37 años.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:08

CAPITULO 5:

LA CAIDA


Kevin Kinsella es descrito por los que le conocen como ‘todo un personaje’ y por los que no le conocen como ‘un completo chiflado’. Nacido en Irlanda y criado en el oeste de Londres, se trata de un antiguo boxeador que se vio metido en el mundo de la música en los sesenta. Tiene el pelo de punta como el cómico Ken Dodd, aunque sospechas que no hay ninguna intención cómica en ello. Normalmente lleva pantalones caídos y calcetines de rayas multicolores.

A principios de 1995 Granada Televisión contactó con Kinsella, que era representante de famosos en Manchester y jefe de una compañía de discos independiente, para ver si podía conseguir a Robbie Williams para presentar un programa de entrevistas en Malibú que se llamaría Robbie en la Playa. Granada era plenamente consciente de que el más carismático y hablador de los miembros de Take That funcionaría bien en la televisión. El problema, según señaló Kinsella a los ejecutivos de la televisión, era que Robbie Williams todavía pertenecía a Take That. Pero Kinsella tenía un contacto que conocía a la madre de Rob, Jan, y se organizó una reunión entre los dos.

Cuando conoció a Jan, la madre de Rob estaba jugando un papel cada vez más importante en la carrera de su hijo. Su implicación había sido la causa de que riñera con Nigel Martin-Smith. Dentro de la jerarquía de Take That su nombre estaba a la altura del fango. Ella era, según ellos, la típica madre avasalladora, el progenitor que pone a su hijo delante de los focos, que le escribe el currículum, que le dice como entrar y salir de una habitación, que lo controla y lo moldea y luego muerde la mano que da de comer a su desagradecido vástago. Jan Williams le dijo a Kinsella que Rob podía estar interesado en la idea de la televisión, pero era un miembro de Take That y estaba sometido a Nigel Martin-Smith. Fue entonces, dice Kinsella, cuando Jan le confió que, aunque por el momento, Rob estaba todavía en la banda, no sería por más de unos cuantos meses. El contrato con Granada podía ser una posibilidad cuando Rob se fuera de Take That. Kinsella volvió a tener noticias de la Sra. Williams antes de lo que había esperado. A mediados de julio, Jan le telefoneó para decirle que Robert, como ella siempre le llama, ya no era miembro de Take That. Se encontraba mal y había ido a pasar una temporada a la casa de George Michael. Cuando volara de vuelta a Manchester ¿querría Kinsella encargarse de él y ser su nuevo representante?.

El primer encuentro de Kevin Kinsella con Robert Williams fue para evaluar el estado mental de la estrella de cara a su futura relación. Kevin había ido al aeropuerto de Ringway con Jan para recoger a Rob que regresaba de Francia. A los pocos segundos de montarse en el coche de Kinsella, el nuevo salvaje del rock, como lo habían bautizado en las campas de Glastonbury, estaba hecho un mar de lágrimas. ‘Se vino abajo en el coche’, cuenta Kinsella. ‘Estaba en un estado lamentable’. Kinsella se llevó a Rob a su casa de Knutsford, en Cheshire, donde estuvo entrando y saliendo los siguientes cuatro meses. Mirando hacia atrás, resulta ahora bastante claro para Kevin que el mundo de Rob estaba por aquel entonces cayendo en picado a estrellarse contra el suelo. ‘Lloraba por su carrera, por la vida que había llevado con la banda’, dice. ‘Todo lo que había deseado siempre era la fama, que la gente supiera quien era y le reconociera por la calle. Ahora estaba en peligro de perderlo todo y estaba aterrorizado’.

La elección de Kinsella por parte de Jan como el hombre encargado de reconstruir la carrera de Robbie Williams fue acogida con cierto escepticismo dentro de la industria de la música. Sí, Kinsella había trabajado con estrellas como Lisa Stansfield, pero no era considerado una gran opción. Seguramente, pensaban, uno de los miembros de la más grande banda pop de Europa podía encontrar alguien mejor. Pero por ahora, dice Kinsella, su nuevo representante solo había planeado encargarse de la estrella por un corto periodo de tiempo. Su plan era mantener a Rob fuera de circulación hasta que su confuso cliente tuviera la oportunidad de aclarar sus ideas y decidir que quería hacer a continuación. Los reporteros y los equipos de televisión llegaban a la casa de Kinsella esperando obtener una imagen del escurridizo ídolo juvenil. Kinsella los despachaba diciéndoles que no sabia donde estaba. Rob, mientras tanto, estaba jugando al fútbol en el jardín de atrás con el hijo de Kinsella, Kevin Junior. Se había abierto la veda para la caza del desaparecido fugitivo de Take That. Se le había visto, se dijo, en el campamento de vacaciones de Carmarthen Bay, donde su padre Pete trabajaba. Las fans de Take That estaban tan seguras de que su héroe se escondía allí que, amparadas por la oscuridad, entraron y robaron los calzoncillos del director Andrew Brown de la cuerda de la ropa donde estaban tendidos, convencidas de que pertenecían a Rob. Al mismo tiempo, los ejecutivos de los periódicos se preparaban en Wapping para hacer una oferta de 250.000 libras a la estrella a cambio de la historia completa de su marcha de la banda.

Rob no estaba en buena forma. Durante esas primeras y oscuras semanas que siguieron a la separación, pasó mucho tiempo llorando o deprimido en el sofá de Kinsella, bebiendo y drogándose. Sus nuevos caseros eran a menudo recibidos por la imagen de Rob despatarrado allí todo el dia, vestido únicamente con sus calzoncillos de Calvin Klein. Rob se tiraba en la cama hasta el mediodía, hora en que se levantaba para dedicarse a emborracharse rápida y completamente. ‘Podía beberse dos botellas de vodka al dia. Enviaba a mi hija a comprárselas’, dice Kinsella. ‘Tenía una increíble capacidad para ventilárselas’. Pasaba los dias bebiendo y acumulando facturas enormes en el teléfono de Kinsella. ‘Estaba pasando por una crisis nerviosa’, dice Kinsella. ‘Le habían echado de Take That y no tenía ni idea de que hacer con su vida. Ser famoso era su vida desde que era un adolescente. A eso es a lo que se dedicaba. Realmente no creo que supiera como ser una persona normal. Estaba aterrorizado por la idea’.

Kinsella, como su nuevo representante, tenía un problema. Su estrella estaba a punto de explotar, pero él estaba allí para dirigir su carrera y, a pesar de tener un millón y medio de libras en el banco de sus tiempos de Take That, Rob quería volver otra vez al escenario, probar que todavía era una estrella y demostrar que no necesitaba a la banda. Pero con tan solo echarle una mirada, cualquiera podría haber dicho que estaba aún muy lejos de estar listo para la lucha. Además Rob no estaba teniendo la campaña de las relaciones públicas de su parte. Menos de un mes después de dejar la banda, el Daily Star publicó que Robbie Williams tomaba drogas. En un gran titular se podía leer: ‘Escándalo en Take That: Tuvimos que echar al tonto de Robbie porque se drogaba’. Inmediatamente a la defensiva, el abogado de Robbie anunció rápidamente que iban a demandar al periódico, en el que se decía que las actuaciones de la estrella se habían resentido a causa del consumo de cocaína y éxtasis. El periódico también decía que su representante había intentado que el cantante buscara ayuda profesional. Su equipo de abogados dijo que Robbie se había mostrado ‘horrorizado y enfadado’. ‘He leído el artículo y todo lo que dice es mentira’, dijo su abogado Graham Shear. Kevin Kinsella también se dedicó a quitar importancia a las afirmaciones. ‘Por lo que yo sé, nunca ha tomado nada, ni siquiera una aspirina’, dijo en aquella época, tal como recogieron los periódicos. Extrañamente, la oficina de prensa de RCA no se ocupó de las relaciones públicas de Take That ni la mitad de lo que se ocupó de las de Robbie Williams como artista en solitario.

Al mismo tiempo, Kinsella había conseguido para Rob un contrato como presentador invitado, en sustitución de Lili Savage, en el programa The Big Breakfast de Channel 4. El camino como presentador de televisión había sido pronosticado desde hacia tiempo para Williams, y Kinsella pensó que el programa, por el que le iban a pagar 100.000 libras, le daría a su nuevo cliente la publicidad que necesitaba y buscaba. Pero durante la conferencia de prensa convocada para anunciar su nuevo empleo, las cosas distaron mucho de ir bien. Apenas hacía un mes que había escapado de los grilletes de Take That y los efectos ya habían empezado a aparecer. Rob estaba notablemente más gordo y pálido. La prensa lo describió en su aparición ante ellos como ‘nervioso’, quizás debido a que Rob había necesitado tomarse una dosis de cocaína antes de llegar a los estudios de televisión en el este de Londres. Mientras Kinsella lo llevaba hacia allí en el coche, tuvo un repentino ataque de pánico. ‘No puedo hacerlo. No puedo seguir adelante con esto’, le dijo a su representante. Kinsella pasó los siguientes 20 minutos tratando desesperadamente de convencer a su reacia estrella de que tenía que cumplir el compromiso de aparecer en el show. ‘Nos habían pagado por adelantado’, dice Kinsella.

Finalmente Rob, con los ojos llenos de lágrimas, aceptó y una vez en frente de las cámaras, Robbie, el alter-ego de Williams, ocupó su lugar. Se bajó dos veces los pantalones y cambió su aire deprimido de momentos antes por una sarta de chistes subidos de tono, era evidente que el libro de normas de Take That había pasado a la historia finalmente y para siempre. Sirviéndose té en una enorme taza delante de las cámaras y vistiendo una camiseta de fútbol con las palabras Big Breakfast estampadas en ella, Robbie estaba en su salsa. Pero su imagen no era la de una ‘estrella del pop’. Con el pelo muy corto y largas patillas sobre sus regordetas mejillas, parecía más bien un miembro del Club de los Gordos de los Amish. Fumando sin ningún reparo delante de sus fans femeninas, dijo que estaba planeando reinventarse a sí mismo. Pero por debajo de la superficie, la inseguridad estaba todavía allí. Tal vez tratando de convencerse a sí mismo más que al público que lo estaba viendo, añadió: ‘No necesito trabajar. Soy Robbie Williams y lo seré mientras viva’.

Pero ser Robbie Williams le estaba empezando a pasar factura a Rob. Había empezado a pasar el tiempo en compañía del por aquel entonces guardameta del Liverpool, David James. James, que no estaba precisamente en contra de salir de marcha y beber, se había ganado la nada envidiable etiqueta en Anfield de ser uno de los ‘Spice Boys’, el glamuroso grupo de élite que formaban las estrellas del Liverpool, las cuales dedicaban tantas energías a divertirse como a jugar. James acudía habitualmente a la casa de Kinsella para recoger a su famoso colega de salidas nocturnas en Liverpool y Manchester. Kinsella les había acompañado una vez, pero posteriormente se negó a ir en el coche con James al volante después de que el portero le proporcionara el viaje más aterrador de su vida con su forma de conducir de constantes acelerones. A los de fuera les podía parecer que la estrella se estaba dando la gran vida ahora que se había librado de las carabinas de Take That, pero la realidad estaba muy lejos de ser así. Kinsella estaba cada vez más preocupado por el estado mental de Rob, además de por su adicción a la cocaína y en especial al alcohol. ‘Rob no tenía absolutamente nada que decir cuando no estaba borracho’, dice Kinsella. ‘Era famoso por ser el caradura divertido de Take That, siempre bromeando, pero en realidad era una persona increíblemente desanimada cuando estabas con él. Era un hombre muy aburrido. Había muy pocas cosas que le interesaran. Toda su vida era el mundo del espectáculo y las cosas que tenían relación con eso. Podía tirarse horas hablando de lo que le habían cobrado en Versace por un traje o cosas parecidas, pero no tenía nada que decir cuando se trataba de cosas importantes. Su vida era totalmente superficial’.

Kinsella estaba convencido de que Williams necesitaba la botella y las drogas para ser capaz de enfrentarse al mundo, como si pensara que necesitaba ser otra persona para poder relacionarse con la gente, para ser capaz de ponerse la mascara de Robbie. ‘Le encantaba tener gente a su alrededor’, dice Kinsella. ‘Siempre tenía un grupo de parásitos con él, como si necesitara demostrarse a sí mismo que era popular. Si estaba sobrio estaba demasiado asustado como para mezclarse con ellos. Creo que se sentía como una persona sin valor y sin interés y necesitaba estar borracho para pensar que se lo estaba pasando bien. Su representante creía que a sus 21 años estaba atravesando la mayor crisis de identidad de su vida. ‘Estaba totalmente confuso respecto a quien era y a como iba a vivir su vida’, dice Kinsella. ‘Creo que le pasaron cosas muy desagradables cuando estuvo esa banda. Era muy joven, casi un niño, cuando se unió a ella y lo que le pasó allí le había dejado profundamente marcado. Se vino abajo y me habló de lo confuso que estaba. Se sinceró completamente, me lo contó todo. El chaval estaba hecho un lío. No solo en lo que respecta a su carrera, sino también en su vida personal. Estaba intentando aceptar todo lo que le había pasado. Era imposible no compadecerse de él’.

Kinsella dice que también se dio cuenta de la tensión existente en la relación de Rob con su familia. ‘Por entonces todavía no conocía a su padre, pero sí tenía mucho trato con Jan y con su hermana Sally’, dice. ‘A causa del estado en que se encontraba, creo que necesitaba estar lejos de Jan por algún tiempo’. Estaban increíblemente unidos, dice Kinsella. Pero su representante piensa que su relación era demasiado intensa para ser buena para la salud de su cliente. ‘Por aquel entonces, creo que Rob quería alejarse de su madre y es por eso por lo que se vino a vivir conmigo y con mi familia. Creo que quería cierta estabilidad, y que necesitaba alejarse de ella’. Como resultado de ello surgió casi inmediatamente la tensión entre el representante y la madre. ‘Jan es muy controladora con respecto a Rob’, dice Kinsella. ‘En su relación ella es el jefe. Ha dejado sus propios negocios y ha aprendido mucho sobre el negocio del pop, y cada vez esta asumiendo una importancia mayor en el trabajo de su hijo. Es una persona muy dura. Le gusta el glamour y el dinero que le proporcionan la fama de su hijo, pero ella siempre quiere tener el control’.

El equilibrio de poder en la relación entre madre e hijo nunca fue tan evidente como cuando Kinsella acompañó a Rob y Jan a una reunión con los abogados en Londres. Al más puro estilo de una estrella del rock and roll, el cantante empezó a mostrarse caprichoso. ‘De repente en medio de la reunión Rob dijo que quería sushi’, recuerda Kinsella. ‘Siempre estaba haciendo cosas como esa. Parecía que no le entraba en la cabeza que esto era una firma legal, no un maldito restaurante japonés. En lo que a él respecta, era una estrella del pop y por tanto todo lo que quería lo conseguía. Pero Jan no se lo consintió. Se volvió hacia él y le dijo: “No, podrás comer más tarde”. Era como una madre diciéndole a un crío que no podía comer más dulces’. Rob, el arrogante millonario, se quedó quieto y en silencio. ‘No se atrevió a decir nada’, dice Kinsella. ‘Siempre que teníamos que discutir de negocios Jan solía hablarle a Rob muy, muy despacio, como si estuviera hablando con un completo idiota’. La tensión entre Jan y Kinsella llegó al colmo cuando Rob, que se sentía muy unido a su familia de adopción, le dijo a Jan que consideraba a Kinsella ‘como un padre para mí’. ‘En ese preciso momento’, dice Kevin, ‘supe que mi relación con Rob había acabado. Pienso que Jan no iba a consentir de ninguna forma que nadie estuviera tan unido a su hijo. Ese era su territorio. Ni siquiera podía fingir. Dijo que la dejó destrozada que Rob dijera eso. No podía soportar el no tener el control absoluto sobre él’. Kinsella también conoció un poco a la hermana mayor de Rob, Sally, quien, según dice la estrella, era su segunda madre cuando era un crió. ‘Siempre se ha dicho que tenían una muy buena relación’, dice, ‘pero se peleaban como un perro y un gato. Tenían altibajos continuamente. A menudo él no quería hablar con ella durante semanas. Pero, como Jan, era parte de la organización. Se ha montado su vida a partir de Rob. La paga muy bien por llevar su club de fans’, añade.

A finales de agosto Rob se encontró cara a cara con sus ex-colegas de Take That por primera vez desde que salió de los barracones de Stockport. La ‘reunión’ tuvo lugar en los Premios Nacionales de Televisión, en Londres. Los chicos no hicieron nada más que saludarle con la mano, pero eso fue suficiente para dejar a Rob traumatizado. Le encontraron deambulando por el backstage llorando. ‘Todo esto es muy raro’, dicen que dijo. ‘Pero sé que tengo que empezar una nueva vida’. No parecía haber mucha estrategia allí. ¿No podía el supuestamente músico ‘serio’ haberse encerrado con un cuaderno y una guitarra a escribir canciones que le demostraran al mundo que él era algo más que un chico de poster y un bailarín sonriente? Extrañamente, en lugar de eso, firmó un contrato por 100.000 libras para convertirse en la ‘imagen extravagante’ del 7Up Light. No hay nada particularmente extraño en que a una estrella del pop le paguen un montón de dinero por promocionar un refresco. ¿Pero cuantos otros se habrían puesto una peluca negra, la parte inferior de un bikini y tacones de aguja para un poster comercial y posado para la prensa vestido así con seis modelos vestidas de la misma forma?. ¿En que favorecía esto a su tan cacareada reinvención, aparte de en aumentar los fondos de su cuenta corriente?.

Rob había intentado grabar algunas de sus composiciones en el estudio de su representante en Manchester. El veredicto por parte de Kinsella no fue muy esperanzador. ‘Eran una mierda’ dice Kinsella. Mientras tanto, Kinsella tenía un duro trabajo intentando encontrar la manera de librar a Rob de su contrato con la discográfica de Take That, RCA. Estaba bastante claro tanto para él como para Rob que no había ninguna forma de que Rob, como cantante en solitario, pudiera seguir en la misma discográfica que sus ex-compañeros. Según su opinión había allí un enorme conflicto de intereses. Lo que Robbie Williams, como cantante en solitario, necesitaba era una nueva compañía que no le viera como una estrella que había pertenecido a una banda de chicos, sino que le ayudara a convertirse en un cantante maduro con su propio estilo. Además, ni Rob ni Kinsella se hacían ilusiones sobre cuales serían las prioridades de RCA el dia que Take That desapareciera y Gary Barlow lanzara la carrera en solitario que la mitad del mundo del espectáculo llevaba prediciendo desde hacia 18 meses. Esta compañía no era lo suficientemente grande para los dos.

Dos meses después de la separación, Rob estaba librando una batalla por su salud mental. En público había admitido: ‘No he estado bien, ni estoy bien ahora. Me siento mal. Solo tengo que encontrar algo que me haga sentirme bien conmigo mismo otra vez, porque no me siento muy bien conmigo mismo en este momento’. En privado, estaba sufriendo un ataque de pánico. Se podría decir que había sido Robbie Williams durante tanto tiempo que ya no sabía como ser Rob. Más tarde, diría: ‘No sabía que hacer conmigo mismo. Creía que no servía para nada más que para estar en Take That’.

Sí, había sido muy infeliz en Take That. Había querido dejarlo desde hacía mucho tiempo. No echaba de menos las reglas, ni a los otros chicos, ni al aterrador Martin-Smith. Con lo que no había contado era con el completo y abrumador efecto debilitante de haber perdido toda esa adulación. Se había quejado de tener que aterrizar en otro aeropuerto para ser recibido por otro montón de fans gritonas. Había habido veces en que había perdido la paciencia con las chicas que se agolpaban en la puerta de la casa de su madre. Su padre, más de una vez, había discutido con él por haberles dicho a las más atrevidas ‘Thatters’ que se fueran a la mierda. Pero ahora lo echaba de menos. El hecho fundamental era, y lo sigue siendo hoy en dia, que Williams, sin la muleta de esa adoración por parte de los otros, se siente privado de su espíritu, de su razón de ser, de su propia esencia. Habiéndosele negado la parte más vital de si mismo en el sofá del salón de Kevin Kinsella, solo el efecto anestésico del polvo blanco y del alcohol puro podían mantener acorralado el dolor físico que le producía esa pérdida. En un viaje de compras a Milán fue recibido por 3.000 fans en el aeropuerto. ‘Yo gritaba y gritaba porque me sentía muy bien,’ dijo Rob. ‘Realmente echaba de menos la adulación. En Take That me volví muy despreocupado sobre ello, pero no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes’. Más tarde admitiría: ‘Mi mundo se acabó durante un tiempo y hubo veces en que pensé que nunca más volvería a ser feliz’.

Al mismo tiempo, y posiblemente debido al frágil estado de Rob, los guantes seguían cayendo en la guerra fría que siguió a la salida de Rob de Take That. El 8 de agosto, Rob hizo públicas unas declaraciones a través de su abogado Jack Rabinowicz repitiendo las razones por las que había decidido dejar la banda. Acusaba a Martin-Smith de no ser ‘imparcial’ en su forma de tratarle y se describía a sí mismo como un miembro perteneciente todavía a la banda aun a pesar de haber admitido que era muy poco probable que volviera a actuar con ellos otra vez. El movimiento era importante de cara a su estrategia legal. El plan, preparado entre Rob, Kinsella y sus abogados, era que si podía demostrar que le habían obligado a irse de la banda esto abría el camino a un caso de ‘Renuncia forzada por presiones por parte del empleador’. Una vez más sus ex-compañeros intentaron evitar los insultos. Estaban ‘extremadamente disgustados’ por las afirmaciones de Rob, pero a pesar de todo siempre ‘le querrían como a un amigo’ sin tomarle en cuenta lo que dijera o lo que hiciera. En público, al menos, Rob también se esforzó por mantener la pretensión de que no se había peleado con los otros cuatro, pero su abogado admitió: ‘La amistad de Robbie con Nigel y los otros ha disminuido considerablemente en las últimas semanas’.

Estaba claro que estaba intentado desesperadamente descubrir quién diablos era él. Les dijo a los periodistas que quería tener una novia, comprarse una secadora y pasar más tiempo en casa. Aunque por su manera de decirlo sonaba a verdad, esto no daba respuesta a la cuestión fundamental. ‘No voy a encontrar al verdadero Robbie Williams yendo en avión a Nueva York. Lo voy a encontrar en casa, donde no he estado desde hace seis años’, dijo. En algún lugar, durante los años transcurridos desde que fue arrancado de la oscuridad por Nigel Martin-Smith, Rob de Stoke parecía haber sido dominado, pisoteado y aplastado por el Robbie locomotora, rebasado por el personaje que por conveniencia y por propia voluntad había creado junto a su hoy ex-representante. Lo que había quedado era un showman sin un show.

Dado su estado, no fue una buena idea lanzar a la delicada estrella dentro de la guarida de los leones. Kevin Kinsella pensó que era una oportunidad de conseguir buena publicidad cuando estuvo de acuerdo en que Rob apareciera en un partido de cinco-contra-cinco durante el descanso del derby de Stoke, entre el Stoke City y su amado Port Vale. Lo que Kinsella no había tenido en cuenta era el grado de hostilidad de los aficionados del Stoke City hacia el más famoso aficionado de su amargo rival. Rob estaba en contra de la idea pero, persuadido por su representante, fue conducido a través de la multitud para aparecer delante de un público de 13.000 personas. Mientras avanzaban lentamente por el parking, Rob tuvo un ataque de pánico. ‘Me van a matar’, le dijo a Kinsella. ‘No te portes como un puto estúpido’, fue la poco compasiva respuesta de Kinsella. ‘Tu no conoces a esta gente’, fue la respuesta de un aterrorizado Williams. Cuando se anunció su presencia a los incondicionales del Stoke, Rob fue recibido con abucheos y silbidos y con el público llamándole a coro ‘Marginado de Take That’. Rob se mantuvo petrificado, con una máscara sonriente y a continuación se escabulló del juego. El tratamiento que recibió de manos de los aficionados le dejó destrozado. Kinsella no fue nada compasivo. ‘No podía creer que se comportara como un bebé’, dice. ‘Se estaba meando de miedo. Realmente pensaba que esa gente iba a matarle, estaba completamente paranoico’. Para Kinsella, el incidente sirvió para poner de relieve la diferencia entre la arrogante estrella del pop, la confianza rompe-pelotas del personaje Robbie Williams y la realidad de Rob como persona. ‘Realmente Rob nunca ha sido capaz de enfrentarse a nadie’, dice Kinsella. ‘Si alguien iba y le criticaba a la cara, Rob se daba la vuelta y se marchaba. Nunca se sentía cómodo en esas situaciones. Su reacción siempre era rehuirlas. Parece un tipo fanfarrón con esa actitud de que-te-jodan, pero no es más que una actuación, es todo parte de esa fachada de Robbie Williams’.

Mientras la discusión sobre el contrato de Rob con RCA y su ‘despido’ iba subiendo de tono, tanto Rob como Kinsella estuvieron de acuerdo en que sería conveniente que la estrella del pop, que estaba encantada de que se hablara de ella, estuviera en Londres. Rob nunca había mostrado tanto entusiasmo en Manchester y, además, sus nuevos colegas del Brit pop como Noel y Liam pasaban mucho tiempo en la capital. Londres era definitivamente el lugar en el que había que estar. Rob salió con el hijo de Kinsella, Kevin Jr, a remolque, impaciente por probar la vida de pop star que le había negado el código de conducta de Nigel Martin-Smith. Rob estaba decidido a vivir al máximo, a no declinar ninguna invitación, a no desatender ninguna premier. Con el fervor de un converso, Rob soltó su nuevo grito de guerra: ‘Vamos de juerga’.

Mientras los abogados empezaban a preparar su caso y Kinsella empezaba a negociar un posible contrato con Virgin, Rob estaba recuperando el tiempo perdido, bebiendo con Noel y Liam, pegado a la barra del local de moda, el Atlantic Bar & Grill. No hacía ni un mes de su traslado y su fervor por las atracciones nocturnas de la ciudad ya había empezado a ser famoso. De vuelta a casa en Cheshire, Kinsella tuvo una llamada de su amigo y productor discográfico Nellee Hooper. Hooper, el antiguo productor de Soul II Soul, y que había trabajado con algunos de los más grandes nombres del pop, incluida Madonna, era extremadamente consciente de las dificultades a las que se enfrentaba el joven, rico y famoso y lo que vio del comportamiento de Rob le hizo sentir un escalofrío en la espalda. Su mensaje para Kinsella era simple: ‘Saca a Rob de Londres o estará muerto en tres meses’. Kinsella sabía por su hijo que el ritmo de vida de Rob había ido en aumento desde su llegada a Londres y se tomó muy en serio la advertencia de un hombre que ya había visto todo aquello antes. ‘Rob estaba totalmente fuera de control’, dice Kinsella. ‘Estaba bebiendo incluso más y metiéndose miles de libras por la nariz. Nellee conoce el negocio de la música. Ha visto a un montón de gente joven y triunfadora volverse loca. Estaba muy preocupado por Rob. Había salido acompañando a Rob y le había visto meterse de todo’. Muchos años después Rob describiría este periodo como ‘un año lamentable’. Consolarse comiendo le había hecho engordar veinte kilos. Estaba tan enganchado al alcohol y a las drogas que no podía mirar a la cara ni a aquellos que estaban más unidos a él. Jan, asustada con lo que le estaba pasando a su hijo, solía viajar de Stoke a Londres y aporrear la puerta para que la dejara entrar. Rob, demasiado avergonzado para ver a su madre en el estado en que estaba, solía ignorarla. ‘No quería verla. Estaba hecho un asco’, recuerda. ‘Cuando finalmente nos encontrábamos, yo me sentía tan avergonzado que me echaba a llorar. ¿Qué había pasado con su precioso niñito?’. Otras veces se pasaba toda la noche de juerga, luego se tomaba pastillas para dormir acompañadas de cuatro cervezas y se subía al primer tren a las 7 de la mañana que iba de Londres a Stoke. Llegaba a su ciudad natal despeinado, con la ropa rota, sin zapatos y se desplomaba en casa de Jan durante tres o cuatro dias hasta que se recuperaba. Luego volvía en tren a la capital para volver a empezar otra vez.

Kinsella era consciente del problema con Rob, pero no de cómo solucionarlo. También era consciente de la creciente antipatía de Jan hacia él. Dado que él había planeado ocuparse de Williams solo durante un corto periodo de tiempo, Kevin estaba encantado en ese momento de pasárselo a otro representante que pudiera llevar a su difícil cliente al siguiente nivel. La relación entre Kinsella, Rob y Jan se había deteriorado muy rápidamente y le había proporcionado a Rob otra batalla legal con su representante al mismo tiempo que en el otro frente peleaba con su compañía de discos. Como antiguo boxeador, Kinsella había esperado que la lucha fuera honesta y limpia, pero esto era el negocio de la música donde eso no existía.

La elección de su nuevo representante por parte de Rob fue recibida dentro del negocio de la música con tanto asombro como lo había sido la de Kevin Kinsella. Rob había conocido a Tim Abbott durante su infame aparición en Glastonbury en junio de 1995. Abbott, que había empujado a Williams al escenario para su improvisada aparición junto a los hermanos Gallagher, era un antiguo publicista de la firma Creaciones Alan McGee, que era la compañía de discos de Oasis. Su concesión a la fama había sido, hasta ese momento, haber aparecido en la portada del single de Osais ‘Cigarettes and Alcohol’. Designarle como su representante fue extraño pues Abbott nunca había representado a ningún artista importante. Se convirtió en el representante de Robbie Williams cuando Rob le llamó después de su ruptura con Kevin Kinsella en diciembre y le dijo: ‘Estoy metido en un lío, así que sácame de él’. Rob se llevó bien con Abbott desde el primer momento en que se conocieron en el autobús de Oasis en la parte trasera del escenario en el festival. Como su nuevo joven cliente, Abbott, que tenía 38 años no estaba en contra de un poco de diversión al estilo del rock’n’roll. Era conocido y caía bien en la industria. Y debido a la obsesión de Rob por todo lo que se relacionaba con Oasis en aquella época, parecía la elección perfecta. Pero como Kinsella, Abbott aprendería pronto que había cogido un cáliz envenenado.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:09

CAPITULO 6:

LIBERTAD



En el grandioso entorno de la suite bellamente decorada del hotel de Colonia, la fiesta estaba muy animada. Un grupo de hermosas chicas alemanas, cuidadosamente seleccionadas para la ocasión y vestidas elegantemente, se mezclaban con el séquito de Robbie Williams. Había drogas y alcohol en abundancia pero ni rastro del anfitrión. Como era habitual, Rob tenía planeada una entrada espectacular. En la galería de la suite, situada por encima de los invitados, apareció el cantante soltó una risa desquiciada y socarrona y se bajó los pantalones.

Dos horas antes, totalmente borracho y paranoico, el más demandante de los huéspedes del hotel había llevado a cabo su último rebelde acto de rock’n’roll y se había dedicado a destrozar su habitación. Se desmayó antes de terminar, aún así la factura por los destrozos en los floreros, muebles antiguos y dos sofás rotos alcanzó las 8.000 libras. Ahora, despierto de nuevo y listo para causar algunos estragos más, Rob estaba preparado para empezar la diversión nocturna. Pero su improvisado numerito arruinó la fiesta a sus invitados. Las chicas se fueron disgustadas y Rob fue llevado a la cama por sus sufridos ayudantes. Por si acaso, le encerraron en su suite, pero Rob no tenía ganas de irse a la cama tan temprano. Desnudo y sin saber muy bien lo que hacía abrió la puerta de la terraza y se asomó tambaleándose por el balcón, muchos pisos por encima del tráfico. Después trepando a la parte superior de la baranda en el aire frío, se mantuvo derecho un momento y luego se inclinó hacia delante en el espacio. Un segundo después su pie encontró la parte superior de la galería de la suite vecina, balanceándose hacia atrás de nuevo encontró el equilibrio y repitió la maniobra desafiando a la muerte. Momentos después estaba golpeando la ventana de su representante Tim Abbott. El aterrorizado Abbott rescató a su cliente, pero Rob estaba muy lejos de haber terminado. Escapándose de su asustado colega en cuanto le llevaron de nuevo a su habitación, los elegantes huéspedes pudieron ver a su más famoso compañero residente corriendo como un rayo por los pasillos del hotel con Abbott pisándole los talones. Cuando consiguió dar esquinazo de nuevo a su perseguidor, Rob llamó al ascensor. ‘Quiero encontrar un fotógrafo que me saque una foto’, gritó. Su representante se abalanzó sobre la estrella cuando estaba ya entrando en el ascensor para bajar al vestíbulo completamente desnudo. Rob se desmayó allí mismo y fue llevado a su habitación en estado de coma.

La noche había empezado de forma bastante inocente. Rob, en Colonia para aparecer en un programa de televisión, rechazó una invitación para unirse a una fiesta que daban en la ciudad. Les dijo a sus asesores que prefería quedarse en el hotel para ver si podía ligarse a la Spice Girl Mel B, que estaba con su banda en el mismo hotel. Pero Rob no tuvo suerte para encontrar a la Scary Spice (23). Rob de mal humor y de mal genio por encontrarse solo, agarró una botella y empezó a emborracharse. Cuando Abbott volvió encontró a Rob hecho un mar de lágrimas. ‘¿Porqué me has dejado? ¿Porqué te has ido sin mi?’ gemía.

Kevin Kinsella había intentado conseguir que el representante de U2, Paul McGuinness, un hombre muy importante y de gran éxito, representara a Rob, pero el irlandés había rechazado la oferta. Abbott era el siguiente en la lista. Su tarea sería librar a Rob de su contrato con RCA y encontrarle una nueva discográfica. No eran pocas las compañías de discos que querían contratarle. Pero Rob tenía que liquidar el contrato con su antigua compañía de discos antes de poder empezar a grabar con cualquier otra. El año 1996 empezó tal como había terminado 1995, con papeles legales, audiencias en los juzgados y complejas negociaciones. La oportunidad de empezar a hacer algo de música no se veía en el horizonte.

Encabezando la lista de las discográficas que querían contratarle estaba EMI. El presidente de la compañía en Inglaterra, JF Cecillion, era un admirador de Williams desde hacia mucho tiempo. Según la opinión del francés, el joven tenía ‘cualidades de estrella’. También estaba London Records, la compañía de los rivales de Take That, East 17. Rob había tenido una reunión con los ejecutivos de la compañía, que habían dicho que estaban preparando una oferta para contratarlo. Mientras tanto, la cita en los juzgados del 26 de febrero para la vista que decidiría su ;-D con RCA y su empresa matriz BMG fue aplazada. En la guerra telefónica que precedió a la vista, se oyeron palabras muy duras por ambas partes. La gente de Rob acusaba a RCA de ‘intransigencia’. ‘Piden mucho dinero’ dijo uno de los asesores de Robbie. ‘Robbie todavía no ha demostrado lo que vale, pero las apuestas son muy altas’. El caso de Rob se presentó como que RCA/BMG, negándose a liberarle de su contrato, eran culpables de una irrazonable restricción del libre comercio. Las apuestas eran muy altas. Si Rob iba a juicio, podría ver desaparecer el millón de libras que tenía ahorrado de sus tiempos de Take That. Al final, Rob no tuvo que subir al estrado. Después de once horas de negociaciones, las partes llegaron a un acuerdo. Rob fue obligado a hacer una humillante declaración pública disculpándose ante sus amos. La estrella dijo que ‘sentía enormemente’ haber interpuesto la demanda y tuvo que pagar 250.000 libras en costas. ‘Acepto completamente la validez y efectividad de mi contrato con BMG. Sigo siendo un artista de BMG’, dijo. Su protesta contra el lanzamiento de Take That: Greatest Hits, que había sido hecha en marzo, fue también retirada. El acuerdo fue anunciado en una vista de dos minutos. Rob no estaba en la sala.

Al menos por el momento, Rob fue obligado a continuar en la discográfica. La situación empeoró aún más con las noticias que salieron dos semanas antes de que Rob tuviera que acudir a los juzgados. El 13 de febrero, el dia del 22 cumpleaños de Rob, Take That dio una conferencia de prensa para anunciar que la banda se disolvía después de haber estado seis años juntos. No fue precisamente un regalo bien recibido. Howard Donald y Jason Orange iban a tomarse un tiempo para pensar que iban a hacer con sus carreras, Mark Owern y Gary Barlow iban a iniciar sus carreras en solitario. Esto dejaba a Rob en la situación de ser una de las tres ex-estrellas de Take That en la misma discográfica y con la seguridad de que Gary sería la joya de la corona de los talentos de RCA. Desde la marcha de Rob se había iniciado la cuenta atrás para Take That. Ahora, con la banda desaparecida, Gary podía empezar la que muchos habían pronosticado iba a ser una carrera mucho más brillante sin las ataduras de sus compañeros de banda. Su compañía de discos sería, por supuesto, la de Take That, RCA. Era un panorama de pesadilla para Rob y su representante Tim Abbott. La historia del pop estaba plagada de antiguos miembros de bandas juveniles que habían tomado el camino derecho hacia el olvido. El nombre del antiguo componente de Wham! Andrew Ridgeley (24) era suficiente para llenar de terror el corazón de cualquier exiliado de una banda de chicos.

A pesar de este contratiempo, Rob no pudo resistirse a una última broma a costa de sus compañeros. Después del anuncio por parte de la banda de que iban a deshacerse y que no iban a volver a actuar juntos, Rob les hizo una oferta que ellos se creyeron con todo el derecho a rechazar. En vez de dirigirse directamente a la banda, hizo una declaración pública a la prensa, proponiéndoles volver a formar el grupo para un concierto final como un adiós a los fans. ‘Sé que tenemos nuestras diferencias, pero hay algo que no me puedo quitar de la cabeza, y es simplemente que Take That no les ha dado a sus fans la despedida que ellos quieren y se merecen’, dijo. Rob propuso reunir a la banda en un estadio inglés como Wembley o Old Trafford y dar un último concierto. Su única condición fue que todos los beneficios, incluidos los del merchandising, fueran destinados a obras de caridad. ‘Nunca tuve la oportunidad de decir adiós a nuestros fans y es algo que tendré siempre atravesado en la garganta. Ahora que vosotros vais a seguir cada uno vuestro camino, os garantizo que muy pronto sentiréis lo mismo. Fueron los fans los que hicieron a Take That y los que nos hicieron triunfar. Se merecen una despedida apropiada de parte de todos nosotros. Ellos quieren ver a Take That actuar en directo una última vez. Venga, chicos, vamos a hacerlo’, les dijo Rob a sus ex-compañeros.

Seguramente había muy pocas dudas en la mente de Rob sobre la respuesta que iba a recibir de sus antiguos compañeros. Cuando Nigel Martin-Smith se enteró de la propuesta se puso hecho una furia. En un hiriente ataque contra Rob, hizo pública una declaración rechazando cualquier tipo de reunión. Tachando la propuesta de Rob de ‘truco barato’, dijo que los otros cuatro miembros de Take That se habían mantenido en silencio desde la marcha de Rob. ‘A diferencia de Rob, ellos no han usado a la prensa para contestar a sus comentarios, ni para dar rienda suelta a sus frustraciones y enojos ante sus múltiples arrebatos. Take That ha terminado su carrera de una forma digna y no desean participar en una batalla en la prensa sobre un evento que no va a tener lugar y con una persona que no se ha molestado en decírselo a ellos personalmente. Es terrible mantener las esperanzas de los fans de esta manera tan cruel’, dijo con desdén.

A pesar del acuerdo, Rob no estaba dispuesto a olvidar el pasado. Cuando se anunció el trato habló de la traición de sus antiguos amigos. Y a pesar de admitir que desde que dejó el grupo lloraba todas las noches hasta quedarse dormido, era optimista. ‘Cuando los vi en la tele el dia de navidad, durante cinco minutos pensé “Me gustaría esta ahí”, pero solo porque sabía que yo lo habría hecho mejor’, se burló.

Cuando todavía no se había secado la tinta del acuerdo y mientras los abogados preparaban sus minutas, Rob se fue en busca del sol. Su acompañante en este viaje a las Barbados fue la Honorable Jacqueline Hamilton-Smith, la hija de 28 años de Lord Colwyn. Rob voló a las Barbados en el Concorde donde se alojó en la villa propiedad del padre de la artista del maquillaje(25). Se habían encontrado cuando él llegó al aeropuerto y habían montado un tórrido espectáculo, besándose apasionadamente y ‘casi desnudándose el uno al otro’, para los avergonzados pasajeros y los menos avergonzados miembros de la prensa. Rob dijo que estaba deseando tomarse un descanso, ‘realmente lo necesito’, dijo. El resto del viaje tuvo lugar delante, y en ocasiones a causa, de las cámaras. Rob vestido con bañador de cuadros hasta la rodilla, retozando en las olas con Jacqui en bikini, que tenía un aspecto estupendo. Rob en cambio no. Si hacían tartas en Barbados se puede decir que estuvieron muy solicitadas durante la visita de Williams. Con el aspecto de un balón de playa vestido de tela escocesa y con un horrible corte de pelo, Rob en verdad parecía alguien que acababa de terminar su contrato discográfico. Pero no tenía el aspecto de alguien que pudiera alguna vez conseguir otro. Los seis meses en el sofá eran evidentes para todos. Rob, que admitía vivir de cerveza y patatas fritas con queso y cebolla, hacía pocos esfuerzos por ocultar su gruesa cintura. Probablemente era consciente de la inutilidad de tratar de disimularlo. Sin las cartas y las advertencias de Nigel Martin-Smith sobre su peso, Rob parecía un niño al que han soltado en… una pastelería.

La insólita pareja se había conocido en una fiesta organizada por el productor Nellee Hooper, el mismo que había advertido a Kevin Kinsella de su temor por la salud de Rob. Jacqui era una buena amiga de la actriz Patsy Kensit. El pasado noviembre la pareja se había encontrado de nuevo en Manchester y habían salido una noche con Patsy y el nuevo colega de Rob, Liam Gallagher. La noche acabó con los dos chicos-salvajes encontrando el amor. Jacqui, que vivía en una casa de 500.000 libras en Maida Vale, en el oeste de Londres, consiguió que Rob se olvidara de los chandals y los gorros de lana y se vistiera con trajes de mil rayas. El había comentado que estaba tan loco por esta belleza de educación conventual que la había llevado a su casa a Stoke y la había presentado a su adorada abuela, Betty. La mujer de 83 años no tenía ni idea de quien era aquella niña pija y la preguntó, ‘¿Cómo te llamas, tesoro?’. Betty estaba realmente avergonzada cuando leyó en los periódicos que la nueva novia de su nieto era una aristócrata. ‘Casi me da un ataque, me sentí muy avergonzada por haberla llamado tesoro’, dijo. Cuando la madre de Jacqui, Sonia, Lady Colwyn, fue informada por su hija de que estaba saliendo con el cantante, tuvo que preguntar a la propietaria del pub local del pueblo de Gretton en Cotswold, si había oído hablar de él. ‘Me parece que es una estrella pop o algo así’, dijo la señora. Lady Sonia fue presentada al nuevo novio de su hija en el funeral de la abuela de Jacqui, Lady Miriam Colwyn. Rob había sido invitado a pasar el fin de semana en la casa de campo de la familia, la Casa de la Bruja, donde la madre de Jacqui vivía con su padrastro, John Underwood. Pero Lady Colwyn no parecía muy entusiasmada con el nuevo hombre de su hija. La preguntó si le iba a convertir en su nuevo yerno, a lo que Jacqui exclamó: ‘No creo que sea el hombre adecuado para eso’. El padre de Jacqui, Lord Colwyn, un eminente cirujano dental de Harley Street, también estaba desconcertado con la relación. Había recibido en su oficina un montón de llamadas de adolescentes preguntando por el número de teléfono donde localizar a Rob.

No hubo muchas alegrías al regreso de Rob a Inglaterra. RCA anunció que el primer single de Robbie Williams no sería lanzado hasta que Gary Barlow y Mark Owen hubieran lanzado sus primeras composiciones post-Take That. El representante de Rob, Tim Abbott, se quejó: ‘Robbie está muy disgustado. Se siente patrocinado, no priorizado’. Detrás de las cámaras, sin embargo, había una febril actividad. Al menos cinco compañías discográficas competían por contratar a Robbie Williams, incluyendo a London Record, Parlophone, EMI, Mercury y Virgin.

A últimos de junio, cuando faltaban dos semanas para que hiciera un año desde que se había ido de Take That, la pesadilla de Rob terminó. RCA estuvo de acuerdo en dejar que abandonara la compañía y firmó un contrato por un millón y medio de libras con la antigua filial de EMI, Chrysalis. Además, EMI pagaría 800.000 libras a RCA por la compra del contrato de Rob. El nuevo contrato le dejaba el camino libre para luchar contra su archirival Gary Barlow, cuyo primer single en solitario con RCA, ‘Forever Love’, sería lanzado el 8 de julio. El ataque de Rob en las listas empezó el 29. Mientras que el single de Gary era un esfuerzo de composición personal, Rob, a pesar de haber estado muy ocupado escribiendo poesía, estaba teniendo problemas con la música. Desesperado por sacar un disco lo antes posible, fue el presidente de EMI, JF Cecillion, quien tuvo la idea de lanzar una versión del hit de George Michael ‘Freedom’. La letra y el sentimiento de la canción eran muy apropiados para un cantante al que le habían librado primero de la prisión de una banda de chicos y después de su contrato con la compañía de discos. Pero la elección del single planteaba una importante pregunta: Si Robbie Williams quería que le tomaran en serio como cantante y compositor, si quería algo más a parte de cantar las palabras que Gary Barlow había escrito, ¿qué demonios había estado haciendo los últimos doce meses?. Ente los escépticos se incluía George Michael, que inicialmente no estaba demasiado entusiasmado con que Rob cantara su canción. La noche antes de la conferencia de prensa para anunciar el single, Rob había llamado a su nuevo amigo para decirle que tenía planeado lanzar el single. La ex-estrella de Wham no estaba muy convencido, pero accedió cuando Rob le envió una copia del video para el disco. De hecho, la versión de Williams, de manera bastante poco original titulada ‘Freedom 96’ era una versión apenas aceptable de la canción. Todo parecía indicar que, una vez el cantante se hubiera quitado el lustre de Take That, su carrera en solitario iba a ser bastante corta. Mientras Gary se había anotado un número uno con ‘Forever Love’, Rob tuvo que conformarse con el número dos. Siempre dispuesto a meterse con su antiguo colega, Rob proclamó, ‘No me gusta Forever Love. Sé que Gary tiene mucho talento y un montón de buenas canciones. Pero es que no entiendo esa canción’. Rob no estaba contento con su propio single. Buscaba desesperadamente hacerse un hueco y ‘Freedom 96’ no parecía estarle ayudando en ello. El problema según lo veían los que estaban a su alrededor era que Rob no tenía ni idea de lo que quería hacer con su carrera. Al no ser un músico, el problema estaba claro. Mientras que tenía cientos de ideas para las letras, no había ninguna melodía que las acompañara. Los ejecutivos de EMI notando que su inversión de más de un millón de libras parecía, por decirlo suavemente, un poco flojo, decidieron sentar a su nueva estrella con un compañero que tenía una formidable ;-D como productor de números uno.

De nuevo la decisión de enviar a Rob con Chris Briggs, un miembro del equipo de contratación de EMI, a Miami para trabajar con el hacedor de números uno Desmond Child, fue de Cecillion. El resultado no tuvo demasiado éxito. La pareja produjo el nuevo single de Rob ‘Old before I die’, pero la combinación del escritor-previo-pago Child, que había compuesto muchos de los hits del roquero ‘permanenteado’ Bon Jovi, y Williams fue desastrosa. Robbie se sentía muy deprimido bajo el sol de Miami y le dijo a Briggs que iba a volver pronto a Londres. No tenía nada en común con Child, la máquina de hacer números uno que producía canciones como salchichas en su fábrica de Florida. Rob buscaba a alguien con quien pudiera conectar, que sintiera las cosas de la misma forma que él, que pillara sus chistes. El colmo para Rob había sido cuando habían terminado de grabar el disco y fueron a refrescarse a la piscina de la mansión de Miami. ‘¿Te gusta la casa?’le preguntó Child. ‘Tú has ayudado a pagarla’. Cecillion, el director de la firma, amenazó con volar a los Estados Unidos para solucionar el problema y entonces Rob accedió a quedarse, pero al final regresó a Inglaterra buscando todavía al compañero musical perfecto.

El comportamiento de Robbie en Colonia fue suficiente para convencer a Abbott de la verdadera magnitud de los problemas de Rob con la bebida y las drogas. Decidió que su cliente debía ser enviado fuera de Inglaterra para mantenerlo alejado de las tentaciones que ofrecía Londres. Creía que podría desenganchar a Rob si le mantenía fuera de la atención de los medios. El plan fue echado por tierra por Cecillion, que quería a su hombre en Inglaterra. Mientras tanto, aquellos que conocían a la pareja eran conscientes de que la relación de Rob con Jacqui Hamilton-Smith no le estaba haciendo ningún bien. Lejos de tener un efecto estabilizador en él, a la propia Jacqui le gustaba tanto el alcohol y divertirse como a su novio. Pete estaba convencido de que Jacqui no estaba ayudando en nada a su hijo y Abbott se quejaba de que la pareja podía tirarse en la cama hasta el mediodía y solo se levantaban para iniciar un maratón de sesiones alcohólicas. Rob le dijo a su incrédulo representante que la noche anterior había estado durmiendo con su aristocrática novia y ella le había preguntado cuantas veces había estado enamorado. El la dijo que había habido montones de chicas, pero que probablemente solo había estado enamorado tres o cuatro veces. Cuando él preguntó a la Honorable Jacqueline cuantas veces había dado ella su corazón, se quedó helado con la respuesta. ‘Cuarenta y tres’, contestó ella.

En el lamentable estado en que se encontraba, Rob empezó a sufrir terroríficas alucinaciones. En la casa que compartía con Jacqui empezó a sentir la presencia de espíritus. Creía que en el equipo de música empezaba a sonar música sin que nadie lo pusiera en marcha y oía como alguien golpeaba en la puerta principal. Finalmente, los espíritus que creía haber oído en las escaleras estaban corriendo alrededor de su cama. Donde quiera que fuera, sentía que le seguían. Se sentía tan mal que tenía que llevarse una botella de vodka a la cama y mezclarlo con pastillas para dormir solo para conseguir que sus ‘demonios’ le dieran un respiro. Al final tuvo que mudarse al hotel Swiss Cottage Marriot. Su miedo se había acrecentado cuando descubrió que el lugar había sido un cementerio de victimas de la Peste Negra. Las experiencias de Rob con lo paranormal se remontaban hasta su infancia en el Red Lion. Una vez, cuando Pete pasó con el joven Rob delante del bar ya cerrado, el joven señaló hacia el interior y le preguntó a Pete quienes eran los dos hombres que estaban todavía allí. Pete, sabiendo que dentro no había nadie, le dijo a Rob que solo estaban bebiendo. Su hijo empezó a parecer atemorizado, así que Pete le dijo a Rob que les dijera adiós con la mano. ‘Papá, no tiene manos’, le dijo Rob a su asustado padre.

Los problemas para el enfermo Rob se agravaron con una nueva ;-D legal. El 6 de agosto de 1996, Nigel Martin-Smith volvió para perseguirle. Puso una demanda ante la Corte Suprema de Londres reclamando daños contra su ex-cliente. Martin-Smith afirmaba que el cantante le debía 31.881,30 libras de comisiones por un cheque de 135.000 libras que Williams había recibido de su tiempo con Take That. También reclamaba otras 47.000 libras de un adelanto de 200.000 libras que había pagado a Rob por ‘Take That: Greatest Hits’. Por si esto no fuera suficiente, Martin-Smith también afirmaba que le correspondía el 20 por ciento de sus ingresos hasta el 2001 y después el 10 por ciento hasta el 2006. En una ‘Fiesta por la Libertad’ dos meses antes, en la que Rob celebraba el final de sus relaciones con Take That y la abolición de su contrato con RCA, les había dicho a los invitados que quería atropellar a Martin-Smith con una excavadora. Ahora se arrepentía de no haber puesto en práctica su vana amenaza. No solo era el que tuviera que hacerse cargo de los daños que le reclamaba, sino que si tenía que acudir a juicio, todo ello podía costarle un millón de libras.

Rob que por una parte mantenía la ;-D de ser el mayor gorrón del mundo del espectáculo, por otra se estaba haciendo oír cada vez más en sus ataques contra Martin-Smith y su antiguos colegas de Take That. En una entrevista en la revista gay Attitude, describía a Martin-Smith como ‘un hijo de ;-D’ y a Gary Barlow como ‘un gilipollas inútil’. El resto de la banda no salía mucho mejor parada. Solo Mark Owen escapó de su cólera. El resto eran, según Rob, ‘Egoistas, estúpidos, ambiciosos, arrogantes e idiotas’. Howard Donald recuerda la banda de forma diferente. ‘Robbie dice que estar en la banda era como estar en prisión, pero yo tengo un montón de horas grabadas en video que muestran lo bien que nos lo pasábamos. Todos nos divertíamos y él también’, dice.

(23) Apodo de Mel B dentro de las Spice Girls, algo asi como la Spice Aterradora. No se como se la llamaba en español. (Lo siento, pero a mi no me gustaban las Spice Girls)
(24) Wham! Era la banda de George Michael. Andrew Ridgeley era su compañero que después de la separación de George Michael no logró continuar con su carrera musical.
(25) Se refiere a Jacqueline ‘Jacqui’ Hamilton-Smith, que era maquilladora de profesión.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:10

CAPITULO 7:

EL SAMARITANO DEL MUNDO DEL ESPECTACULO



Es la más temida llamada telefónica dentro del mundo del espectáculo. Si Elton John te llama cuando menos te lo esperas para ver como estas, generalmente significa que ha ocurrido una de estas tres cosas: tu carrera se ha ido a la mierda, tu vida se ha ido a la mierda o tu carrera y tu vida se han ido a la mierda. Como un Dr. Barnardo(26) de nuestros dias para los famosos, Elton se dedicaba a recoger famosos sin hogar y abandonados, los que han caído y los que se han perdido, ocupándose de ellos, cuidándolos y curándolos. Te los puedes imaginar a él y a su compañero, David Furnish, con albornoces de Versace y pantuflas de cachemir, buscando en los periódicos matutinos más famosos desgraciados, una nueva estrella a quien ofrecer socorro y salvación. Luego, como si las cosas no fueran lo suficientemente malas, llega la invitación para acudir a la mansión de 15 millones de libras en Windsor o a su palacio rosa en la Costa Azul.

Solo los cínicos o los mal pensados pueden acusar a este ángel de misericordia que es Elton de regocijarse con las desgracias ajenas. Los que le conocen dicen que es humanitario y que le gusta consolar y cuidar a su rebaño. Y sino preguntádselo a Stephen Gately. La carrera del antiguo miembro de Boyzone empezó a ir cuesta abajo después de que admitiera que era gay. Su compañía discográfica se deshizo de él y, en el 2002, también lo hizo su novio. A la llamada de Elton le siguió un tour guiado por la mansión y una oferta para cantar en uno de sus shows con fines benéficos. Después de eso la vida de Stephen estaba de nuevo en marcha y consiguió el papel principal en el musical Joseph y su Asombroso Abrigo de los Sueños en Tecnicolor. Elton también ayudó a Robert Downey Jr., cuando fue encarcelado por delitos de drogas. Acogió a la problemática estrella bajo sus alas y le dejó protagonizar el video de su canción ‘I Want Love’.

Así que no fue una sorpresa cuando Rob tuvo noticias de que el samaritano de las estrellas se había enterado de su difícil situación y quería ayudarle. De hecho, Elton no solo había oído hablar de los problemas de Robbie, sino que los conocía de primera mano. Rob se había emborrachado tanto en una fiesta dada por Elton en su casa de Beckshire a principios de año que había vomitado delante de los avergonzados invitados. Elton estaba preocupado por su joven invitado. A finales del verano de 1996 Rob estaba totalmente hundido, borracho y deprimido, había alcanzado un punto en que ya no se relacionaba con sus más allegados. Sus padres habían empezado a temer que pudiera hacerse daño a sí mismo, e incluso Jan, que siempre había sido el apoyo de Rob, no podía hablar con su hijo acerca de sus problemas. Elton conocía muy bien las señales. A principios de los setenta se había metido en un agotador calendario de giras y grabaciones que le dejaron exhausto y deprimido. Ello le había llevado a la bebida y a las drogas. En su punto más bajo había considerado el suicidio. Ahora, limpio y rejuvenecido, Elton estaba encantado de trasmitir sus experiencias y consejo a un joven con el que se sentía muy identificado.

Jan se había convertido en consejera sobre alcoholismo y drogadicción después de cerrar su floristería. Aún a pesar de eso, estaba muy agradecida por la intervención de Elton. Desde las últimas navidades no sabía que hacer respecto a su hijo, que parecía hundirse cada vez más en el pozo negro que él mismo se había construido. Había sido testigo de un cambio en su personalidad. Rob, dice Jan, siempre había sido un niño muy educado. ‘Era la clase de crío que siempre decía “gracias” tanto si se trataba de una comida o de que le llevaran a alguna parte. Pero dejó de hacerlo y siempre tenía alguna excusa para no quedarse mucho tiempo. Siempre parecía encontrarse incómodo y resultarle difícil’. Take That, dice ella, le había quitado su inocencia infantil. ‘Entró siendo un niño y salió siendo un hombre’. Rob estaba reprimido y asustado por la experiencia. Se le había negado la oportunidad de expresar su opinión y le habían dicho que ‘mantuviera la boca cerrada’ en las entrevistas y que no distrajera la atención de Gary Barlow, eso es lo que creía Jan. Jan sabía que su hijo no había aceptado que tenía problemas durante mucho tiempo. ‘No puedes tratar a nadie de sus problemas con el alcohol y las drogas hasta que no se enfrenten al tema por ellos mismos’, añade. Fue en ese punto en que ‘él se dio cuenta de que todos lo sabíamos y era posible ayudarle’.

Todo aquello recordaba una escena de Trainspotting. Rob levantándose a media tarde, como era habitual. Costándole un momento darse cuenta de donde estaba. Estaba solo en su casa de Londres, salvo por los dos peces de colores Vodka y Tónica. El lugar era un desastre. A su lado había un cuenco lleno de colillas, encima de una caja de cereales olvidada hacía mucho tiempo. Las sábanas de su cama no habían sido cambiadas desde hacia semanas, botellas de vodka vacías estaban esparcidas por el suelo de su habitación. Rob se levantó de la cama. Hinchado y feo, desde hace tiempo era incapaz de mirarse en el espejo. Estaba desesperado por un trago y también asustado. Alargó la mano buscando la botella, pero en lugar de servirse un trago, se sentó en el suelo y cogió el teléfono.

Rob dejó un mensaje en el contestador. Su mensaje era desesperado. Estaba asustado y necesitaba ayuda. Media hora después, Elton, que estaba de gira en América, le devolvió la llamada. Su mensaje le había asustado. Temiendo por su amigo, le dijo a Rob que cogiera sus cosas y fuera a su casa de Windsor inmediatamente. Rob se quedó en la casa de Elton durante dos semanas, al cuidado del personal de la superestrella. La estancia le dejó lo suficientemente recuperado como para volver a su casa. Cuando Elton regresó de América, Rob visitó al cantante para darle las gracias por haberle ayudado y rompió a llorar, admitiendo sus problemas de adicción.

Durante mucho tiempo Elton había intentado que Rob se enfrentara al hecho de que tenía serios problemas. Desde sus payasadas de borracho en la fiesta de Elton en el verano, se había mantenido en contacto con el joven cantante, preocupado por que estuviera perdiendo el control. Ahora, con la admisión por parte de Rob de que necesitaba ayuda, Elton podía empezar su proceso curativo y le sugirió que visitara al terapeuta irlandés Beechy Colclough. En septiembre, después del lanzamiento de ‘Freedom 96’, Rob empezó a visitar al terapeuta, que tiene dos clínicas en Londres. Colclough ya era famoso como el hombre del que Elton había dicho que le había salvado la vida ayudándole a superar su adicción a la cocaína y a la bebida. Desde hacía unos cuantos años se había convertido en el terapeuta de las estrellas. Había tratado a Michael Jackson de su adicción a los analgésicos y su último cliente famoso había sido el futbolista inglés Paul Gascoigne, al que Colclough había intentado apartar de la botella. Dos veces a la semana Rob tenía una sesión con el terapeuta de 49 años, cuya cara era bien conocida por el anuncio en GMTV(27). Además de su adicción al alcohol y a la cocaína, Rob había empezado a depender cada vez más de las pastillas para adelgazar, lo que preocupaba a los que le rodeaban. Las sesiones eran conmovedoras, con el cantante abriendo su corazón sobre el desastroso giro que había tomado su vida. La gota que había colmado el vaso había sido una juerga de tres dias durante la cual Rob se había embarcado en un crucero alcohólico recorriendo los locales nocturnos más famosos de la capital. La sesión alcohólica había empezado un viernes por la noche y había seguido ininterrumpidamente hasta el domingo, cuando Rob terminó comatoso en el suelo de la casa de un amigo. Elton había visto las aterradoras similitudes con su propia caída en la adicción. Conocía las juergas que duraban dias y acababan con él desplomado y desmayado en cualquier parte. Para Rob esta había sido la intervención de una estrella que admiraba desde crío y que le hizo reconocer sus muchos problemas y finalmente someterse a tratamiento. Por parte de Colclough, el análisis era sencillo. ‘Las personalidades adictivas pueden ser ricos o pobres. Las estrellas no tienen más problemas que la gente normal, excepto cuando son encontrados en estado de coma en la calle y aparecen en todos los periódicos’, dijo.

Jan se sintió aliviada de que su hijo se estuviera enfrentando a sus problemas. Por aquel entonces dijo, ‘Es una suerte para Rob que haya sido capaz de hacerles frente tan rápidamente. Hay gente que se pasa años y años negando que tenga problemas’. Los últimos doce meses habían sido los peores de la vida de su madre. Pero, en el otoño, Jan tenía esperanzas de que Rob pudiera superar sus problemas de adicción, al haberse enfrentado al hecho de que necesitaba ayuda y haber aceptado el ofrecimiento de Elton. Elton llevó a Rob a una ‘orgía de compras’ en Bond Street en Londres. En la joyería favorita de Elton, Theo Fennell, Rob descubrió una cruz incrustada de diamantes. Cuando volvieron a la casa de Elton, este entregó a Rob una caja en cuyo interior estaba la cruz. Rob ha dicho de Elton, ‘para algunos no es más que un hombre raro vestido con un traje rojo de PVC de Versace. Para mi es un ángel’. Jan vio el cambio en Rob. Por aquel entonces dijo, ‘Robert tiene mejor salud ahora y es más feliz de lo que lo ha sido en mucho tiempo. Ahora se parece más al hijo que yo conocía antes de entrar en Take That hace seis años’. Estaba sano de nuevo e incluso había empezado a jugar al golf, practicándolo con su madre cuando iba a casa. Pero a pesar de su optimista valoración, Jan se desentendía del problema al que Rob y los que estaban a su alrededor todavía se enfrentaban. ‘El casi nunca bebe y no toma drogas. Considerando todo lo que ha pasado, esta estupendamente’, dijo ella. Pero era la expresión ‘casi nunca’ la que había que considerar. A pesar de la ayuda de Elton y de sus sesiones con Beechy Colclough, Rob, hay que decirlo, todavía bebía. Y a pesar de que no hablaban de esto entre ellos, todos los que rodeaban a Rob sabían que no estaría a salvo hasta que Jan pudiera sustituir la expresión ‘casi nunca’ por ‘nunca’.

Como si Rob no tuviera ya bastantes problemas, estaba a punto de añadir otro representante a la lista de los que le habían demandado. Desde su ruptura con Kevin Kinsella, los dos hombres habían estado discutiendo cuanto dinero le debía Rob a Kinsella. Los abogados de Rob habían negado que existiera ningún acuerdo formal entre los dos hombres, pero Kinsella reclamaba 400.000 libras en facturas impagadas y costes. El caso de Nigel Martin-Smith contra Rob seguía su curso y ahora Tim Abbott estaba a punto de convertirse en el tercer representante en consultar a sus abogados. La noticia de que Rob había despedido a Abbott se hizo pública a la vez que sus visitas a Colclough. La fecha elegida no podía haber sido peor. Rob, de cara al mundo, parecía que estaba siendo atacado por todos los frentes. Había anunciado su ruptura con Abbott y su empresa de representación a finales de octubre de 1996, insistiendo en que la situación entre él y su ya ex-representante continuaba siendo amistosa. Rob dijo que era hora de ‘seguir adelante’ y volvió al viejo cuento de que quería ‘libertad artística’ como la razón de que los caminos de los dos se hubieran separado. ‘Tim ha sido una ayuda fantástica para mi en los últimos meses. Hemos tenido mucho éxito con el single “Freedom”. No hemos discutido y sé que seguiremos siendo amigos’, dijo. Pero alguien debería haber hablado con Abbott, porque este no estaba de humor para despedirse cariñosamente de su cliente más difícil.

El mismo dia que Rob quitaba importancia a cualquier roce entre ellos, Abbott se estaba preparando para llamar a sus abogados. Estaba furioso porque Rob le había puesto de patitas en la calle y juró demandarle por no haberle pagado sus honorarios. Un enfadado Abbott dijo: ‘Estamos muy decepcionados porque, a pesar de todos nuestros esfuerzos durante el pasado año y al tremendo cambio en la carrera de Rob que hemos conseguido, él haya elegido terminar con nuestra relación en esta etapa tan crucial. Me gustaría pensar que podemos solucionar el problema de mi demanda sin ir a juicio pero me temo que es inevitable que los abogados de Rob tengan pronto noticias mías. Y parece que todo este asunto se tendrá que resolver en los juzgados’. Abbott tenía verdaderamente muchas cosas a su favor. El había negociado el acuerdo para liberar a Rob de su contrato con RCA y conseguido su nuevo contrato con EMI, lo que había resultado un negocio muy lucrativo. Su anuncio de que podría convertirse en el tercer antiguo asesor en presentar una demanda no tenía prácticamente precedentes ni siquiera en un mundo tan dado a los litigios como el de la música pop.

Rob parecía atacado por todos los frentes. En su vida personal también estaba bajo amenaza. Tan pronto como empezó su tratamiento, terminó su relación con Jacqui Hamilton-Smith. La pareja dijo que seguían siendo amigos y ella dijo que estaba ‘encantada’ de que Rob hubiera buscado ayuda para sus problemas. Rob negó que su ruptura hubiera sido consecuencia de la noticia aparecida en los periódicos de que se estaba viendo con la actriz Sally Anne Marsh, protagonista del espectáculo del West End, clasificado X, Voyeurz. Un mes antes de que rompieran, Rob había hecho una declaración pública sobre su vida. Optimistamente había dicho, ‘estoy aburrido de estar siempre borracho. Estoy aburrido de estar gordo y estoy realmente aburrido de estar deprimido. Quiero estar delgado. Quiero tener buen aspecto y sé que ahora estoy hecho un desastre. La gente me ve saliendo y emborrachándome, pero he estado realmente deprimido. Sienta bien ser Robbie otra vez, porque durante mucho tiempo me he odiado a mi mismo’.

Pero el optimismo resultó decididamente prematuro. Después de su ruptura con Jacqui, Rob volvió a las juergas otra vez. Sus noches fuera con sus colegas, entre los que a menudo se incluían miembros de Blur, eran ya legendarias y era habitual verle en el Soho bebiendo en antros como el Groucho Club, jugando al billar con el actor Keith Allen y perdiendo continuamente su turno a causa de sus frecuentes visitas a los servicios. Rob había dicho que su relación con Jacqui era como estar ‘atrapado en arenas movedizas’. Ella se mudó de la casa de Maida Vale que había compartido con Rob y volvió a la casa de su madre en Chelsea. ‘Nuestros problemas eran en parte debidos al trabajo’, dijo Rob. El trabajo era ciertamente un problema, Rob estaba escribiendo y trabajando con las demos en el estudio, pero con toda honestidad, la mayoría eran, cuando menos, mediocres. El lanzamiento de su siguiente single ‘Old Before I Die’ había sido aplazado y necesitaba desesperadamente ser el centro de atención. Sin un representante, necesitaba un salvador.


(26) Médico inglés del siglo XIX que se dedicaba a recoger niños huérfanos y abandonados para darles una educación y cuidarlos.
(27) Famoso programa matinal de televisión
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:11

CAPITULO 8:

SALVADORES



Hay veces en que simplemente tienes suerte. Ocurre algo cuando menos te lo esperas y bam! Se abre una puerta, nuevos horizontes, un nuevo camino. Se puede decir que, en los últimos dias de 1996, si Rob hubiera seguido con los mismos asesores, ahora no sería más que otra nota a pie de página en el mundo del espectáculo, un articulo en una revista sobre ‘las 20 cosas que no sabias sobre los fracasos en las bandas de chicos’, una reliquia olvidada sucumbiendo a la humillación de El Gran Hermano de los Famosos y La Isla de los Famosos. La ruptura con Abbott le dejó al borde del abismo. Con su carrera y su vida personal en una encrucijada, las perspectivas no eran esperanzadoras.

En los últimos tiempos de la etapa Abbott, a su representante le resultaba cada vez más difícil comunicarse con el problemático cantante. Abbott había telefoneado a Jan para quejarse del imprevisible comportamiento de su hijo. Jan, harta de broncas, le dijo a Tim que se fuera, que dejase a Rob si la cosa no funcionaba entre los dos. Rob también estaba cansado de la relación. Al principio, Abbott tenía el aura de ser parte del equipo de Oasis, la credibilidad que, en opinión de Williams, se contagiaba a todo y a todos los que estaban cerca de los roqueros de Manchester. A Abbott le gustaba pasárselo bien, estaba tan loco como el resto, pero la relación se había agriado. Abbott se hartó de tener que llevarle siempre de la mano, de los cambios de humor, de la agresividad, de los caprichos sin fin de su cliente y de la paranoia inducida por las drogas. Cuando la pareja hizo un viaje a Francia, Abbott decidió que podrían ir en el Eurostar. Con entusiasmo infantil, Rob estaba encantado ante su primer viaje en el tren que cruzaba el canal. Cuando llegó el dia de realizar el viaje y se dirigieron al vagón de primera clase, Abbott se dio cuenta de que Rob había dejado su equipaje en el hall de la estación. Estaba tan acostumbrado a tener lacayos que se encargaran de todas sus necesidades durante los tiempos de Take That que jamás había llevado sus propias maletas. Abbott tuvo que decirle que volviera y las recogiera.

Las finanzas de Rob estaban en tan mal estado que sus tarjetas de crédito eran constantemente rechazadas. Aunque eso no le impedía dedicarse a uno de sus hobbies favoritos, las compras. Con mucha frecuencia era Abbott el que tenía que pagarlo todo, desde objetos de coleccionista de Star Wars en Nueva York, hasta colosales sesiones de compras de ropa, comida y, por supuesto, bebida. Tuvo incluso, según afirma en privado, que soltar la pasta por equipos anti-escucha en tiendas de seguridad, dado que Rob se estaba volviendo tan paranoico que pensaba que le espiaban. La conexión Oasis, que había sido la razón de que los dos hombres se encontraran, también se había convertido en una fuente de situaciones violentas. La actitud de los hermanos Gallagher respecto a Rob se había enfriado sensiblemente, colocando a Abbott en una situación nada envidiable. Mientras estaban en Nueva York para ver a Oasis en el Madison Square Gardens, cuando Rob y Abbott después de ver el show intentaron ver a sus nuevos ‘amigos’ en el backstage, Rob descubrió que los hermanos solo le habían dado pase para el backstage a su representante. Ahora él y Abbott habían empezado una larga y predecible batalla en los juzgados que podía producir que otro enorme pedazo de la fortuna de Rob acabara en los bolsillos de los abogados.

Rob y Jan buscaron la ayuda de su contable Richard Harvey tan pronto como empezó la búsqueda del cuarto representante de su relativamente corta carrera. Harvey era un miembro de confianza del equipo de Williams a lo que hay que añadir la ventaja de una larga carrera trabajando en el negocio de la música. Elaboró una lista de gente que pensaba que podría trabajar con Rob, la clase de personas que podrían manejar a un artista cuyos muchos y variados problemas eran obvios incluso con la más superficial de las inspecciones. Una de las compañías con las que Rob había sido puesto en contacto era IE Music, dirigida por Tim Clark y David Enthoven. Los dos hombres, que ya rondaban la mediana edad, eran un par de dinosaurios del negocio de la música que estaban ya de vuelta de todo. En un mundo cada vez más ocupado por ejecutivos, ellos eran sin ninguna vergüenza de una clase diferente, pioneros de la era hippie pero, a pesar de las apariencias, eran empresarios astutos y respetados.

La pareja se conocía desde hacia años. Clark, que en un principio había trabajado en marketing con bandas de ska en los sesenta, se había unido a Island Records. Enthoven, un tipo del viejo Harrow con acento de pijo, había empezado en el negocio como roadie(28), antes de ocuparse de representar a una serie de pequeñas bandas. Representaba a la banda de rock progresivo de King Crimson cuando conoció a Clark, que fue el responsable del contrato de la banda con Island. La compañía de David, EG, representó a Roxy Music y más tarde a Bryan Ferry en solitario y a T-Rex. Pero la década de los ochenta fue testigo de un cambio en la fortuna de los dos hombres. Mientras Clark continuó su asociación con Island, Enthoven estaba ocupado mandando su vida al traste. Su compañía había tenido mucho éxito, permitiéndole despilfarrar grandes cantidades de dinero en un estilo de vida fastuoso que incluía más de 40 motocicletas. Pero su hobby más peligroso era meterse una fortuna en cocaína por la nariz y continuar hasta una completa adicción a la heroína. En 1977 estaba a punto de ver todo lo que había construido convertirse en humo. Sus socios se deshicieron de él a causa de su adicción a las drogas, su matrimonio fracasó y perdió el contacto con sus hijos. La colección de motos tuvo que ser vendida y perdió su casa. A mediados de los ochenta estaba viviendo en la miseria, en la casa de su madre, durmiendo en su cama con sus dos perros. Consideró seriamente el suicidio, pero un viejo amigo le convenció para acudir a rehabilitación. Enthoven salió de allí limpio y sin un duro y se mudó a una habitación de alquiler mientras intentaba reconstruir su destrozada vida. Buscó trabajo y poco a poco empezó a levantar su negocio de representación con pequeñas bandas. En 1991 se encontró con Tim Clark otra vez y formaron IE Music. La pareja reanudó su relación con Bryan Ferry antes de ser contratados por Massive Attack. A finales de 1996, el contable Richard Harvey, que conocía a Ferry, puso al equipo en contacto con un antiguo cantante de una banda de chicos que necesitaba desesperadamente que le echaran una mano.

Cuando Rob entró en las oficinas de Clark y Enthoven, en el oeste de Londres, no tenía un aspecto agradable. Ninguno de los dos hombres sabía que esperar ni estaban muy familiarizados con su carrera. De lo que se dieron cuenta inmediatamente fue de que aquel era un joven con un montón de problemas. Enthoven describe al Rob que conoció aquel dia como ‘un animal enjaulado’. Pero a través de los evidentes problemas brillaba aun el deseo y el hambre de seguir entreteniendo a la gente, de grabar discos, de subir al escenario. El siguiente encuentro con Rob fue con Tim y David sentados entre la audiencia de los premios MTV. Rob, que presentaba la ceremonia, les había impresionado con su presencia y su forma de desenvolverse en un papel en el que muchos habían fracasado. Los dos hombres fueron invitados a la casa de Rob para oír algunas de sus demos. Eran muy poco impresionantes. La música que tocó para ellos era en el mejor de los casos mediocre. Tal vez sintiendo su falta de entusiasmo ante sus esfuerzos musicales, Rob cambió de táctica. ‘¿Quereis oír algo de mi poesía?’, preguntó.

Lo que le faltaba a la música, lo compensaban con creces las palabras que Rob leyó a los dos hombres. Eran sinceras, divertidas y crudas. Clark y Enthoven sabían que el crío tenía talento, la cuestión era - ¿Qué hacer con ello?. Era evidente que necesitaban un músico, alguien que pudiera coger el obvio potencial de Rob como escritor y ponerle música. El proceso fue en un principio al azar. Rob aún estaba mal. Lo que había progresado con Beechy Colclough había demostrado ser un espejismo. Estaba bebiendo otra vez, en grandes cantidades. Utilizaba la coca para permanecer despierto lo suficiente para beber más. Su estado mental, por lo tanto, no era el idóneo para crear una relación con un nuevo compañero musical. Los primeros intentos terminaron en fracaso y sin poder ofrecer a EMI nada parecido al álbum que el mundo del pop y, más importante, sus fans estaban esperando desde hacia 18 meses. La salvación llegó en la forma de Guy Chambers, criado en Liverpool y que a sus 34 años ya llevaba algún tiempo en la escena musical. Chambers venía de una familia de músicos. Su padre fue flautista en la Filarmónica de Londres y su madre había trabajado en la compañía de discos Decca. Guy empezó a tocar la guitarra en algunas bandas cuando era un adolescente. A los 15 años, el grupo en el que estaba, Hambi and the Dance, firmó un contrato con Virgin. La banda no tuvo mucho éxito y Guy se fue a Londres a hacer un curso de música. Después de la escuela de música se dedicó a tocar el piano por los bares de Londres y a vivir al dia. Dejó de vivir del paro cuando le propusieron tocar los teclados en la banda de Liverpool The Teardrop Explodes. Tocó en otras dos bandas, The Waterboys y Karl Wallinger’s World Party.

Pero la ambición de Guy era tener su propia banda, por lo que formó The Leemon Trees, donde tocaba la guitarra y cantaba. No arrasaron precisamente, aunque la madre de Rob, Jan, era fan suya. La verdad era que Guy no tenía ni la apariencia ni la habilidad vocal que pudiera hacer que el grupo fuera otra cosa que una banda marginal. Se decía que Rob tenía un nuevo equipo de representantes y que estaban buscando un compositor que conectara con el antiguo ídolo juvenil y escritor de poesía. Si David Enthoven hubiera tenido algo de pelo, seguro que lo habría perdido. El y Clark habían tenido que oír decenas de demos en su búsqueda del escurridizo compañero para su nuevo cliente. Por suerte, un amigo de Guy le había recomendado que enviara una cinta a la pareja. Clark y Enthoven ya habían sido advertidos por algunos contactos de que merecía la pena escuchar la demo de Chambers. Su material destacaba sobre el resto y se organizó un encuentro entre los dos talentos.

A Rob le gusta un toque de misticismo: las runas, fuerzas más allá de nuestro control, todas esas cosas. Esta convencido de que la mano de un poder superior fue la que le envió al compañero que le ha ayudaría a vender más de 20 millones de discos durante los próximos cinco años. El cuenta la historia de que sus representantes le presentaron una lista de potenciales colaboradores. Que él no tenía ni idea de quien era Guy Chambers y que no había oído nada de su música, pero que sin vacilar señaló su nombre en el trozo de papel y dijo ‘Es él’.

Guy no estaba muy convencido. Conocía lo bastante de Robbie Williams como para saber que era un desastre, borracho y drogadicto y que le habían fotografiado totalmente hecho polvo por todo Londres. Para Chambers, que era un músico serio, que había escrito su primer cuarteto de cuerda a la edad de 12 años, la perspectiva de verse mezclado con un marginado de una banda de chicos era, cuando menos, dudosa. Pero Clark y Enthoven tenían la esperanza de que la unión de las dos disciplinas pudiera producir algo especial. Con Rob tenían un escritor que no tenía miedo de mostrar sus sentimientos. Era capaz de expresar ira, dolor y amor en igual medida. Las palabras salían de él sin control, de forma instintiva. Con Chambers habían descubierto a un camaleón musical. Se había criado escuchando la enorme colección de discos de su madre y se había empapado de una gran selección de estilos musicales. La pregunta era ¿funcionaría la combinación? ¿se llevarían bien?.

Rob fue presentado a Guy. El plan era sentarles a los dos juntos y ver si surgían algunas ideas. Rob dice que las siguientes 48 horas, encerrados en la casa de Guy, le salvaron la vida.

La combinación fue explosiva. Al cabo de media hora de su primer encuentro el 8 de enero de 1997, entre los dos habían terminado ‘South of the Border’, que se convertiría en un single. Escribieron tres canciones en una tarde, ‘Killing Me’, ‘Teenage Millionaire’ y ‘Life Thru a Lens’. La primera melodía que Guy tocó para Rob fue ‘Lazy Days’. A Rob le gustó, pero quiso cambiar la letra. El segundo dia, el proceso iba a toda marcha. Ese dia, el 9 de enero, les llevó 20 minutos escribir ‘Angels’, la canción que cambiaría para siempre la idea que el mundo tenía de Rob. Guy recuerda que tenía la gripe y se sentía mal. Rob dice que Guy tenía migraña después de terminar la canción. ‘No creo que fuera migraña’ diría Rob más tarde ‘Creo que se puso enfermo con tanta excitación’. Los dos sabían que juntos estaban produciendo algo especial. Clark y Enthoven querían saber como iban las cosas. Chambers tocó para ellos lo que habían escrito en esos dos vertiginosos primeros dias. El equipo de representantes no podía creerlo, estaban alucinados.

Esa mañana Rob fue conducido a la casa de Guy en un taxi. El conductor, que reconoció a la antigua estrella de Take That, le preguntó a que se dedicaba ahora. Rob le dijo que acababa de empezar a trabajar con un nuevo compañero y que estaban sacando algunas ideas para ver si podrían funcionar para un álbum. Esa noche, llevando una grabación de la recién terminada ‘Angels’, le pidió al mismo conductor que la pusiera en el cassette. ‘Esto es un número uno’, dijo el taxista. Cuando Rob le cantó la canción a su padre Pete en el coche un dia de camino a Nantwich, Pete le hizo cantársela otra vez. ‘Cada vez que terminaba le decía que la cantara otra vez y la cantó durante todo el camino. La cantó ocho veces. Yo quería recordarla porque era muy buena’, dice Pete, ‘La estuve cantando con él para poder recordarla hasta que la oyera en el disco. Al dia siguiente se me había olvidado la melodía y me volví loco intentando recordarla’.

El trabajo estaba hecho. Saca el Monte Cristo, enciéndelo y, tomando una frase de Rob ‘siéntate y mira como aumentan los royalties’. Podía haber sido así de simple, pero en el Planeta Williams las cosas casi nunca son así de fáciles. Clark y Enthoven sabían que su chico tenía un montón de canciones que eran sin duda lo suficientemente buenas como para ponerlas en juego. Las nuevas melodías que habían surgido en el estudio de la casa de Guy habían puesto a Rob en el preciso lugar donde necesitaba estar. El pop de plástico de Take That había sido relegado al pasado. Las nuevas canciones con referencias a ‘Cocaina Katie’(29) eran sin duda más adultas. Sin embargo, EMI no estaba tan segura con el nuevo rumbo. Su departamento de marketing creía que Rob necesitaba dirigir su música a sus fans de Take That. Conseguir nuevos fans podía ser difícil. Debería concentrarse en atraer a la gente que le había puesto donde estaba. Pero donde estaba no era un buen sitio para estar. No solo era su afición al alcohol y a la cocaína, sino que también estaba desarrollando una adicción a los medicamentos prescritos para su depresión. Tocó fondo cuando finalmente sucumbió a la heroína. Esa fue la gota que colmó el vaso y la experiencia le dejó aterrorizado. Estaba intentando dejar la coca y probó la heroína como un sustituto. ‘Ha sido la peor experiencia de mi vida y puedo decir, con la mano en el corazón, que jamás la volveré a probar’, dijo.

En marzo, Rob había perdido peso y estaba listo para el lanzamiento de ‘Old Before I Die’, la canción que había escrito con Desmond Child en Miami. El single debería haber salido al mercado en enero, pero ni Rob ni sus nuevos representantes estaban demasiado contentos con la canción. Le pidieron a Guy Chambers su opinión sobre la canción y él sugirió rehacerla en Londres. Pero había que convencer a la discográfica. Habían gastado una fortuna enviando a Rob a Florida, no solo para escribir la canción con Child, sino también para grabarla allí. Al tener que rehacer la canción se retrasaría la fecha del lanzamiento y EMI exigía un nuevo single.

Rob se parecía más ahora a una estrella del pop, pero todavía se sentía como un borracho. En público se mostraba optimista, dando las gracias a Elton John por ayudarle a poner orden en su vida. Beechy Colclough, dijo, le había ayudado a entender ‘algunas cosas sobre mi mismo. Me ha hecho darme cuenta de que realmente no quiero ser el George Best(30) del pop’. Pero sus problemas con las adicciones estaban lejos de estar solucionados. Mientras hacía la promoción de ‘Old Before I Die’ Rob admitió que todavía bebía. ‘No estoy totalmente reformado’, dijo, ‘Todavía bebo, pero últimamente soy capaz de parar antes de perder totalmente el control. No me siento orgulloso diciendo esto, pero quiero ser sincero’. También dijo que Elton se iba a subir por las paredes cuando se enterara. ‘Me gustaría poder dejarlo completamente, pero todavía no lo he hecho’, dijo. ‘Old Before I Die’ fracasó en su intento de llegar a número uno, quedándose en el número dos. La canción, una inteligente interpretación del estribillo de Pete Townshend ‘Hope I die before I get old’(31) en su canción ‘My Generation’, era del estilo roquero de Oasis, pegadiza, pero musicalmente no era más que una mala imitación. Rob, que siempre fue un buen imitador desde su debut en el Red Lion de Burslem, hizo su mejor imitación de Liam, rindiendo asi homenaje a su ídolo de Burnage(32). El tono cambiaba en el estribillo final probando que al menos la voz de Rob estaba lo suficientemente bien como para cantar a pleno pulmón. Pero esencialmente el disco era poco más que una imitación, una actuación de Stars in their Eyes(33): ‘Esta noche, Matthew, voy a ser Liam Gallagher de Oasis’. No daba ninguna pista de quien era el nuevo y mejorado Robbie Williams que las campañas de marketing y relaciones públicas habían anunciado a bombo y platillo. Peor que eso, le inspiró a Noel Gallagher su posterior insulto de que Rob no era más que ‘un cantante gordo de karaoke’. Todavía se recordaba lo suficiente a Take That como para garantizar el éxito del single, pero ya había signos de que solo sería cuestión de tiempo que Rob fuera juzgado por lo que estaba haciendo en ese momento y que no podría contar con las fans de su antigua banda para que le echaran un cable en su próximo intento de entrar en las listas de éxitos. Necesitaba que el nuevo material que había escrito con Guy Chambers funcionara.

El proceso de escribir las nuevas canciones fue pan comido en comparación con lo que costó tener el disco terminado. El proceso de grabación puede ser arduo y difícil en el mejor de los casos. Puede ser casi imposible si tu cantante y compositor está tumbado bajo la mesa de mezclas en posición fetal agarrado a una botella de Chateauneuf du Pape(34). Robbie Williams siempre ha sido un artista bastante reticente en las grabaciones. Le gusta ver el blanco de los ojos de su público. Para él, cantar siempre conlleva obtener una reacción del que escucha: reacción y amor. Nunca le ha gustado ponerse delante de un micrófono en una cabina insonorizada, viendo a algunos técnicos empujando diales arriba y abajo, girando botones y sin prestar absolutamente ninguna atención a su actuación. Dentro de algún tiempo, en los años sobrios, Rob estará allí desnudo salvo por los auriculares y un cigarrillo mientras graba sus canciones. Pero en aquel tiempo se ayudaba de cualquier sustancia, legal o no, para distraerse del rigor del trabajo que tenía entre manos. Había dias en que Chambers y su co-productor Steve Power no conseguían nada de su reacio artista. Nada que no sonara como los gemidos nocturnos y patrióticos de un borracho bebedor de whisky yendo del bar a la chip shop(35).

El éxito o el fracaso en cuanto a su peso, que había sido una problema permanente para el cantante, era también evidente. Una vez que la promoción, las sesiones de fotos y las entrevistas terminaron, una vez que se hubo grabado el Top of the Pops y los demás programas de televisión, Rob se soltó de la correa otra vez y volvió al chocolate, a la comida basura y a las patatas fritas. También volvió a las juergas, aunque realmente nunca las había dejado.

¿Cuánto es necesario? ¿Cuál es el momento en el que te das cuenta? ¿Qué hace que se encienda la bombilla en tu cabeza? Ese momento de claridad no llegó para Rob después de una larga mirada en el espejo. Había tenido miedo de enfrentarse a él durante meses. Quizás, como ávido lector que era de las noticias que aparecían sobre él, llegó mientras estudiaba las fotografías en las que se le veía saliendo del nightclub Hanover Grand de Londres a las 3 de la mañana. Estaba con una rubia que no era su nueva novia, la actriz Anna Friel. Era una chica que había conocido en el club, aunque, de cualquier forma, ella no era el problema. El verdadero problema estaba en aquella serie de fotos, captadas por el paparazzi entre la puerta del club y el taxi. Aquellas pocas fotos tomadas sin permiso decían más que las llorosas súplicas de su madre, que las advertencias de su amigo Elton John y que el consejo de ‘tómatelo con tranquilidad’ de sus preocupados representantes. Cogido en la dura luz del flash, allí estaba el signo de Ryman(36), el precio pagado por los dos últimos años era evidente, incluso para los ojos de un alcohólico y drogadicto que se niega a ver la realidad. Su piel estaba húmeda de sudor frío, pálido y amarillento. Los ojos muy abiertos, una horrorosa camisa de estilo hawaiano con los primeros botones desabrochados. El pelo húmedo y enmarañado con mechones que le caían por la frente. Sin afeitar, la barba de dos dias tratando de disimular la papada. La chica intentando cubrirse la cara con un movimiento reflejo ante el flash y luego desistiendo. Rob sin hacer ningún esfuerzo por ocultarse. Parece como si supiera que el juego había terminado. Esa iba a ser su última juerga antes de aceptar ir a rehabilitación.

Cuatro dias antes Rob había estado al borde del suicidio. Había ido a Irlanda a visitar a Anna Friel, su novia desde hacia dos semanas, que estaba rodando con Richard E. Grant y Miranda Richardson en Bray, en el condado de Wicklow. Volvió a Inglaterra para un partido benéfico de fútbol el domingo, pero no estaba precisamente en forma para jugar. Cuando llegó al partido se encontraba tan mal que vomitó en los servicios y parecía más muerto que vivo. Avisados sobre el penoso estado de la estrella, desde la sección de espectáculos de al menos dos periódicos llamaron a la discográfica de Rob. La respuesta de EMI fue que tenía problemas de estómago. No muy convencido, Mathew Wright, que era el columnista de espectáculos del Daily Mirror por aquel entonces, llamó por teléfono a Tim Clark. Tim se desahogó con él. Si, Rob tenía un gran problema. Había estado a punto de perder la vida el fin de semana. Su consumo de alcohol y drogas estaba fuera de control. Después de salir del club había vuelto a su nueva casa de Notting Hill con la chica. Sus representantes Clark y Enthoven no tenían ni idea de donde estaba. Preocupados por él, contactaron con Jan en Stoke y la enviaron a Londres para que hablara con él. Jan, a pesar de su experiencia como consejera sobre abuso de alcohol le pudo ayudar muy poco. Rob diría más tarde. ‘Las madres hacen cosas de madres. Los consejeros son muy buenos solucionando los problemas de otra gente. Pero no pueden solucionar los suyos propios’.

Lo que Clark no le dijo a Wright fue que creía que Rob había intentado matarse. Se había tomado las pastillas que le habían recetado, mezcladas con cocaína y alcohol y había entrado en coma. Un amigo le encontró en casa y le abofeteó la cara hasta que lo hizo reaccionar, devolviéndole a la vida. El representante, en cambio, le dio a Wright la noticia de que Rob iba a entrar en una clínica para recibir tratamiento de sus adicciones. Clark más tarde afirmaría que había estado hablando ‘en confianza’ y que había pedido a Wright que respetara la privacidad de lo que le había contado. También afirmó que la competencia del Mirror, The Sun, también había recibido instrucciones, y había estado de acuerdo en no publicar la historia. Sea cual sea la verdad, Wright tenía una primicia, y su publicación sería una fuente de mala sangre entre Williams y Wright durante bastante tiempo.

Rob entró en Clouds House en Wiltshire en 1997 para una cura de desintoxicación de seis semanas. Solo le dejaron salir una vez para grabar un video. Por 4.000 libras, mantuvieron a Rob aislado del resto del mundo, sin televisión, ni periódicos, ni radio, ni libros. El régimen era estricto, habitaciones compartidas e incluso de las estrellas del pop se esperaba que lavaran los platos después de cenar. Rob fue puesto inmediatamente en el programa de doce pasos del método Minessotta usado en Alcohólicos Anónimos. Al igual que sus compañeros, la mayoría de los cuales recibían el tratamiento en la Seguridad Social, el primer paso para Rob fue admitir en público, en frente del resto, que era un adicto. El segundo paso es aceptar y creer que hay un poder superior que puede ‘devolverte la razón’. Su solicitud de una habitación privada fue denegada. Se esperaba de él que asistiera a las sesiones de terapia de grupo y dejara su ego de estrella del pop en la puerta. ‘Eramos todos adictos y fanáticos’ dijo de la temporada que pasó allí. El régimen podía ser severo, pero a Rob le sentó de maravilla. Disfrutó de la experiencia, durante un corto periodo de tiempo, de ser solo un miembro más del grupo. ‘Rob, alcohólico y drogadicto’. No tenía que desempeñar el papel de estrella del pop. Para un hombre que tenía tan pocos amigos, la mayoría de ellos drogatas con los que se había ido topando desde su llegada a Londres, encontró allí una sensación de pertenencia que raramente sentía. El y sus compañeros seguirían cada uno su camino después de las seis semanas de tratamiento, Robbie de vuelta a su vida, sus compañeros de vuelta a las suyas. Ellos, como él, la habían cagado en mayor o menor grado, pero durante el tiempo que estuvo allí, aquella gente se convirtió en su mundo. El proceso de no beber y no tomar drogas había sido más fácil de lo que había esperado. El deseo físico, esa añoranza química, fue más fácil de controlar de lo que había imaginado. El verdadero peligro sería cuando saliera otra vez, cuando volviera al ambiente en que todo el mundo bebía y se drogaba, en que se esperaba que fuera Robbie, el colega loco, el gracioso ‘Mister Sábado Noche’. En la clínica podía hablar de sus sentimientos de inferioridad, del odio hacia sí mismo sin que le dieran una palmada en la espalda y le ofrecieran otra raya. Se trataba de hablar sobre sus emociones, sus miedos, sus inseguridades y Rob decidió que le gustaba. Nunca había sido capaz de reprimir la necesidad de desnudar su alma, y aquí abrazó la idea con renovado vigor.

‘Clouds ha sido fantástico’, dijo a su salida. ‘Es la clase de lugar donde, cuando tenga niños, les enviaré al terminar la escuela’. Dejó la clínica y fue derecho a Elstree, en Hertfordshire, para grabar un programa de Top of the Pops donde era el presentador. Volvió a su antigua vida, pero la experiencia había dejado una profunda huella en él. Con fervor evangélico adoptó el lenguaje del análisis, la jerga de los terapeutas, ‘catarsis’ y ‘controlar tu destino’ entraron en su vocabulario. Cuando se inventó el programa de los 12 pasos, en 1930, la idea era que los alcohólicos encontraran a Dios a través de su adicción. Rob no había encontrado a Dios, pero había descubierto una nueva religión, practicada no en iglesias, sino en las consultas de carísimos loqueros y en medio de los muebles de formica y las macetas de las reuniones de Alcohólicos Anónimos.

De todas formas, su convalecencia iba a ser corta. Pocos dias después de dejar Clouds, Rob se encontró cara a cara con otro de los demonios que le habían acosado durante años, Nigel Martin-Smith. Los dos se encontraron por primera vez desde la repentina salida de Rob de Take That en la espléndida sala de paneles de madera de la Corte Suprema de Londres. Rob, con la cabeza rapada, delgado y saludable, con un traje de Alexander McQueen y con ojeras, llegó a la corte con un aspecto notablemente relajado. Después de los enormes gastos de su perdida batalla legal con RCA, este último encuentro en los juzgados le podía dejar arruinado si Martin-Smith probaba que Williams le debía un porcentaje de sus ganancias. En la corte se dijo que el cantante había sido echado del grupo por sus cuatro compañeros después de que desarrollara cierta afición por ‘las compañías glamorosas y extravagantes, el alcohol y los narcóticos’. Durante la vista, Rob se volvió y le guiñó un ojo a su adversario. Era su forma de decirle a su antiguo jefe que ya no le tenía miedo. Martin-Smith podía llevarse todo el dinero que había ganado, pero ya nunca más tendría ningún poder sobre él.

Mientras todavía retumbaba la batalla en los juzgados, Rob se topó con otro juicio, esta vez con Tim Abbott. En un caso estimado en alrededor de 1 millón de libras, la compañía de representación de Abbott interpuso una demanda en la Corte Suprema reclamando daños por 70.500 libras en honorarios no cobrados. Mientras esperaba el fallo en el caso de Martin-Smith, Rob se enfrentaba con valentía al futuro. ‘No importa si gano o pierdo’, dijo, ‘Es un montón de pasta. Puede acabar conmigo financieramente. Pero al fin y al cabo ¿qué es lo peor que puede pasar?. Puedo perder algo de dinero. Antes no tenía un duro y puedo ganarlo otra vez’. El fallo, sin embargo, fue un golpe duro para Rob y su cuenta bancaria. El Señor Justicia Ferris, ordenó al cantante pagar una cantidad inicial de 90.000 libras a Martin-Smith y mandó investigar cuanto dinero había ganado exactamente Williams desde que dejó Take That. Los expertos en leyes dijeron que esperaban que entre los daños y las costas se alcanzara cerca del millón de libras. La discográfica de Rob se tomó a broma las afirmaciones de que el fallo podía llevar a la bancarrota al cantante. Rob, en cambio, no se rió. El coste del caso, añadido al que había perdido con RCA y a los que se le venían encima con Kinsella y Abbott le iban a dejar desplumado.

(28) Un roadie es el que se ocupa de llevar y montar el equipo para un grupo en una gira.
(29) El grupo heavy americano Poison tiene una canción titulada ‘Cover of the Rolling Stones’ donde dicen: … I got a freaky old lady named Cocaine Katie… Esta frase es muy parecida a la estrofa inicial de ‘South of the border’
(30) Futbolista del Manchester United, que debía ser muy bueno
(31) ‘Espero morirme antes de hacerme viejo’. La canción de Robbie dice justamente lo contrario ‘Espero ser viejo antes de morir’.
(32) Barrio de Manchester del que proceden los hermanos Gallagher.
(33) Programa de TV donde sale gente imitando a cantantes, presentado por Matthew Kelly.
(34) Vino francés, por si no os lo habíais imaginado
(35) Tienda donde se vende pescado frito con patatas fritas, muy típico en Inglaterra.
(36) La Ryman League, creo que es como el equivalente a la tercera división de fútbol
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:13

CAPITULO 9:

ANGELS



En julio de 2002 un dublinés de 29 años se sentaba nerviosamente en la sala del juzgado mientras su abogado le contaba al juez su historia. No había nada fuera de lo ordinario en relación a su delito. Su cliente, Ray Heffernan, había sido pillado por la policía conduciendo sin seguro cinco meses antes. Le habían retirado el permiso de conducir por 12 meses y le habían puesto una multa de 750 euros (unas 500 libras). El abogado quería que le redujeran la multa. Heffernan, dijo, no tiene mucho dinero y gana solo 200 libras a la semana. También necesitaba que le devolvieran su licencia para poder visitar a su hija de cuatro años que vivía a 50 millas de distancia. El caso era igual que otras cien tristes historias que la juez Patricia Ryan sin duda había oido esa semana, excepto por una cosa. Hefferman fue, según dijo su abogado, el hombre que escribió ‘Angels’.

Considerando todo lo que le estaba cayendo a Rob en el terreno legal, era sorprendente que pudiera levantarse de la cama por la mañana. Para ser sinceros, de vuelta a sus hábitos, generalmente se tomaba una raya de coca antes de que esa maniobra fuera completada, pero había esperanza en el horizonte. A pesar de las dificultades con que los productores Chambers y Power se encontraban para mantener a Rob sobrio el tiempo suficiente para grabar, Life Thru a Lens, el tan largamente esperado primer álbum de Robbie Williams estaba listo. En la carátula del CD podía verse a nuestro héroe, con la cabeza rapada y la mirada dura en su estilo habitual, acosado por los paparazzi y un grupo de parásitos del mundo de la música. Su título había sido inspirado por esas omnipresentes famosas-por-ser-famosas que lo único que hacían era ir a fiestas, Tara Palmer-Tomkinson y Meg Matthews(37). En el campamento de Rob y en su compañía discográfica EMI no había ninguna duda de que esas once canciones iban a decidir su futuro. Incluso en los dias pre-Pop Idol(38) de 1997, las compañías de discos no estaban interesadas en conservar a los que fallaban en la venta de discos. Una estrella del pop que se desploma borracha la mayoría del tiempo es tolerada y envuelta en algodón si consigue que su discográfica gane dinero. Si no esa es otra buena razón para deshacerse de su lastimoso culo.

El lanzamiento del álbum fue precedido por dos singles. El primero ‘Lazy Days’, se benefició de la publicidad que envolvió el juicio con Nigel Martin-Smith. Dicen que debes escribir sobre lo que conoces, así que Rob escribió sobre estar borracho. Pero a pesar de que la canción tenía una innegable autenticidad, carecía del requisito fundamental para ser una buena canción pop: no era inolvidable. Sonaba como una canción más de un álbum, no como la canción que iba a impulsar una carrera y lanzar un álbum de éxito. Con Rob aún imitando a Liam al final de los versos, todavía sonaba como si no se hubiera decidido entre si quería ser Robbie Williams o hacer un casting para Noasis, la banda tributo(39) a los hermanos Gallagher. La canción alcanzó el número ocho cuando EMI esperaba un número uno. El siguiente single ‘South of the Border’, fue lanzado dos semanas antes que el álbum, pero la maniobra fue totalmente equivocada. La canción, que se empezó a componer en el andén de la estación de Stoke-on-Trent, recordaba a Steve Tyler de Aerosmith y Rob hizo su mejor imitación de la fanfarronería de Mick Jagger en el verso inicial. Alcanzó el puesto número catorce. No es difícil imaginarse las risas que resonaron en la casa de un tal Sr. G. Barlow en el tenebroso condado de Cheshire.

El tratamiento de Barlow en la ácida crítica ‘Ego a go go’ tiene reminiscencias del ataque de John Lennon a Paul McCartney después de la disolución de los Beatles con ‘How do you sleep?’. La canción, llena de odio y resentimiento, es la venganza de Rob contra el hombre que le amargó la vida en sus dias de chico de banda. Sorprendentemente, la letra no se mencionó en la conversación que los dos ex-compañeros tuvieron en la semana del lanzamiento del álbum. La conversación telefónica entre Rob y Barlow, la primera vez que hablaban desde la salida de Williams del grupo, trató de la propuesta de una reunión de Take That en el funeral por la muerte de Diana, Princesa de Gales. A pesar de las negociaciones, Rob disfrutó de su admisión de que aquella canción trataba ‘sobre uno de los chicos’. La reunión nunca tuvo lugar. Cuando el Concierto de la Esperanza, organizado por Gary Barlow y dedicado a la princesa, tuvo lugar en diciembre de 1997, Rob y Barlow cantaron por separado. Lo más cerca que estuvieron fue cantando ‘Let it be’con el resto de los cantantes en la actuación final del concierto. Irónicamente, esta excepcional reunión de la banda fracasó por Mark Owen, que estaba lanzando su carrera en solitario y rechazó la invitación para actuar con el resto de la banda.

Aquellos que dudaron de Rob, incluso aquellos que estaban más cerca de él, nunca lo admitirían hoy en dia. Nunca dudaron que lo conseguiría, os dirán. No hubo dudas ni miedos. ‘Siempre supimos que Rob conseguiría lo que se propusiera’, dicen. Esto, por supuesto, es basura. Hubo momentos en que el futuro de Robbie Williams como artista en solitario estuvo pendiente de un hilo. En noviembre de 1997, dos meses después de su lanzamiento, Life Thru a Lens había vendido a penas 30.000 copias. Los singles habían fallado en aumentar las ventas y el álbum no había superado los últimos puestos del Top 20. En diciembre prácticamente había desaparecido, las ventas eran mínimas y se había hundido hasta el puesto 104 de las listas. EMI estaba al borde del pánico. La estrella en la que habían gastado millones no estaba vendiendo discos. Las espadas estaban en alto para él. Matthew Wright, cuya enemistad con Williams se había intensificado desde su confrontación con Tim Clark, les dijo a sus lectores del Daily Mirror: ‘Apuesto a que los jefes de Chrysalis están empezando a preguntarse para que han pagado 2 millones de libras’. Los ejecutivos de EMI, que habían visto a Rob desplomarse en muchas de las fiestas, tenían serias dudas. De repente Robbie era una mala noticia y pocos eran los que querían verse asociados con un fracaso. Al final del año con la noticia de que las bajas ventas de Life Thru a Lens no parecía que fueran a mejorar, Robbie estaba a punto de ser despedido por su discográfica. Por supuesto, hoy dicen que nadie estaba preocupado porque todos sabían que Rob tenía ‘Angels’ y la canción era pura dinamita, lo suficientemente buena como para reflotar el barco. El problema era que la canción había recibido críticas desiguales de los críticos. La compañía discográfica proyectó invertir más dinero en una campaña con anuncios en televisión para intentar salvar algo del desastre, pero fueron disuadidos por Clark y Enthoven.

Se podía aprovechar el estado de la nación tras la muerte de Diana. Tal vez el público que compra discos, estaba listo para una canción que hablara de salvación, redención y protección celestial. Tal vez fuera una canción apropiada para navidad. Tal vez tan solo fuera un buen disco. Muchos oyentes de radio de primeros de diciembre de 1997, descubrieron con ‘Angels’ a Robbie Williams. Seguramente conocían a aquel chico de Take That, pero esta era la primera vez que encontraba un público que no fueran aquellas gritonas almas en pena que eran las ‘Thatter’. Llegando después de la reeditada ‘Candle in the wind’ de Elton John, la canción parecía seguir con el mismo tema. También fue muy importante la forma en que la cantó. Aquí no intentaba imitar a nadie como en ‘Old before I die’. Todo lo que oías era la voz de Williams y el descubrimiento para muchos fue que el chico descarado de Take That, el que no era Gary Barlow, el guapito o uno de los otros, realmente sabía cantar. Se convirtió en el deporte nacional, aquellos que habían oido la canción desafiando a aquellos que no la habían oido a adivinar quien la cantaba y estos últimos preguntando al final: ‘¿Aquel de la sonrisita? ¿Estas seguro?’. Durante un año la canción fue emitida 42.000 veces en las radios de Inglaterra. La gente quería que la tocaran en sus bodas, bautizos y funerales. Después de su enorme éxito, el álbum, que languidecía en los puestos más bajos de las listas, empezó a aumentar sus ventas. A las 30.000 leales fans de Take That, que hubieran comprado la interpretación a capella del Anillo de Wagner(40) siempre que lo cantara Robbie, se les unió un público que no hubieran comprado ni muertos un disco de Take That. Todavía no era algo exactamente guay comprar un CD de Robbie Williams, pero al menos los que salían de WH Smith(41) con el álbum no se sentían obligados a esconderlo bajo el ejemplar de Hustler(42). Finalmente el álbum se convirtió en número uno tras 28 semanas en las listas.

Guy Chambers sabe la fecha exacta en que escribió ‘Angels’. Fue al dia siguiente de conocer a Rob en enero de 1997. Había tocado la sencilla melodía progresiva del estribillo al piano, mientras Rob cantaba la letra que había escrito acerca de su tía Jo y el abuelo Williams. La canción ayudaría a considerar a la pareja como uno de los más exitosos equipos de compositores de su generación. En la versión oficial de Chambers acerca de cómo surgió la canción, no se habla de ningún otro co-escritor. Pero este no fue el principio de la accidentada historia de la melodía. De hecho había nacido en un ático de Dublín. Fue el resultado de la muerte de un niño que no llegó a nacer, que iba a ser llamado Mathew, y que iba a ser el hijo de Ray Heffernan y su novia Joanne Louchart. Heffernan había estado viviendo en Paris y la pérdida del niño en 1996 acabó con la relación con la madre francesa del bebé. Todavía sufriendo por la muerte de su hijo y el fin de su aventura amorosa, volvió a su Dublín nativo para intentar rehacer su vida. En 1996, durante las navidades, estaba tomándose un trago un sábado por la tarde en el Bar Globe de la ciudad cuando conoció a Robbie Williams. El cantante estaba en la ciudad de vacaciones con su madre, Jan, y su hermana Sally. Rob, en el peor momento de sus adicciones, estaba en bastante mal estado. Deprimido y enfadado por la forma en que había tenido que salir de Take That, entabló amistad con el irlandés que estaba experimentando su propio sufrimiento. Heffernan, un compositor y músico muy bueno, era bien conocido entre la brigada de bandas locales y aspirantes a estrellas del pop en la capital irlandesa y los dos hombres hablaron sobre las bandas y la música que les gustaba. Se emborracharon juntos y acabaron en la casa de la madre de Heffernan a las 6 de la mañana. Heffernan tocó para su nuevo amigo algunas canciones y decidieron intentar escribir algunas melodías juntos. Nada parecía funcionar hasta que Heffernan, en el piso de arriba de la casa de su madre, tocó para Rob una canción que había escrito. Se titulaba ‘Angels Instead’. Excitado con la nueva melodía, Rob y Heffernan trabajaron juntos en la letra.

Hoy en dia, Heffernan dice de su encuentro con Rob: ‘Yo estaba en el pub con un amigo. Los dos llevabamos el pelo teñido de rubio y camisetas blancas. Robbie entró solo y se acercó a nosotros. Nos preguntó si estábamos en una banda de chicos. Nos llevamos bien de inmediato. El es un tío muy abierto y era evidente que tenía un montón de problemas en su vida. Dijo que estaba buscando un compañero para componer’. El curso de la historia del pop podría haber cambiado si la pareja lo hubiera dejado después de sus primeros intentos de escribir una canción juntos. Su primer intento se titulo de manera bastante poco original ‘El complejo del gatito de la bolsa’ y trataba del gato de peluche de un programa infantil de televisión. ‘No era una canción muy buena’, dice Ray. Luego el irlandés tocó ‘Angels Instead’ con la guitarra acústica. ‘El verso y la melodía del verso son míos’, dice Ray. ‘Las palabras del principio del estribillo eran mías, pero la gran melodía del estribillo, el gran trozo épico que empieza ‘And through it all’ vino después, ese fue compuesto por Rob y Guy Chambers.. Grabamos la canción esa noche con la grabadora y es realmente divertido escucharla ahora porque suena como dos tipos borrachos intentando cantar ‘Angels’. Creo que ambos sentimos la espiritualidad de la canción porque Rob no era feliz en aquella época y yo tampoco’.

Rob telefoneó al representante de Boyzone, Louis Walsh, en Dublín y le preguntó donde podían conseguir un estudio en la capital irlandesa donde él y Heffernan pudieran grabar la nueva canción. Pero incluso después de grabar la canción en el estudio STS de la ciudad, Ray todavía no estaba muy convencido de su potencial. ‘Estuvimos trabajando durante todo el dia en ella’, dice, ‘pero para ser honestos, a mi no me gustaba particularmente la canción. Siempre pensé que estaba inacabada porque todo lo que teníamos era el verso. Pensé que acabaría en nada. Lo único que teníamos era un estribillo pegadizo en la canción y no fue hasta más tarde, cuando oí ‘Angels’ grabada por Robbie y Guy, que me di cuenta de lo que nos faltaba. Cuando oí ese piano al estilo de los Beatles al principio supe que Guy se había hecho realmente con la canción. Lo hizo bien e hizo un gran trabajo con ella. Yo estaba realmente impresionado’.

Pero Rob estaba encantado con la versión inacabada. Los dos hombres hablaron acerca de que Ray se uniera a la banda de Rob y el cantante invitó a su nuevo amigo a Inglaterra para que se quedara con él y escribir así algunas canciones más. Rob volvió a Londres y Ray viajó de nuevo a Paris a recoger sus cosas. ‘Robbie me llamó y me dijo que fuera a Londres y me dio un número para llamarle cuando llegara’, dice Ray. Pero cuando Heffernan llegó a la capital, Rob no estaba allí. ‘Acababa de correrse una juerga tremenda y luego se había ido a casa de su madre en Stoke’, añade Ray. El irlandés se quedó con un amigo algunos dias, pero sus llamadas y mensajes para Rob no tenían contestación, así que decidió hacer autostop hasta Staffordshire para ver a su nuevo colega. ‘No conocía a mucha más gente en Inglaterra así que simplemente pensé que podría ir allí y ver a Robbie en casa de su madre’, dice Ray. El problema para Heffernan es que no sabía donde vivía exactamente Jan. Terminó preguntando a los transeúntes en Stoke si sabían donde estaba la casa de la estrella. Finalmente uno señaló hacia una casa con un Porsche amarillo aparcado fuera y le dijo que era la casa de Jan. A las 10 de la noche, el obstinado Heffernan llamó a la puerta de Jan. No fue una visita bien recibida. Rob le invitó a pasar, le ofreció una taza de té y le dijo: ‘Mira tío, me das miedo. ¿Porqué me estas siguiendo?’. Heffernan dice, ‘Fue entonces cuando me di cuenta de que aquello había sido una equivocación. Sinceramente pensé que él estaría encantado de verme, pero no lo estaba. Estaba bajo una enorme presión y tomaba cantidad de cocaína y creo que estaba paranoico’. Jan le dio a Heffernan 40 libras para que pasara la noche en un bed and breakfast(43) local y regresara a Irlanda al dia siguiente. Esa fue la última vez que vio a Rob.

Su siguiente contacto fue a través de la compañía de representantes de Rob, IE Music. Le dijeron que la versión completa de la canción de Williams-Chambers estaría incluida en el primer álbum de Rob Life Thru a Lens. Los representantes de Rob, Tim Clark y David Enthoven le hicieron una oferta a Heffernan. Le darían un único pago de 10.000 libras y él renunciaría a reclamar los royalties por las ventas de la canción. Heffernan dijo que estaba más interesado en figurar en los créditos de la canción lo que le ayudaría a impulsar su carrera como compositor. Creyó que dentro del acuerdo se incluía el que su nombre figurara en el single y el álbum. ‘Me imaginé que mi nombre aparecería como uno de los compositores bajo el título de la canción en la carátula del CD’, dice Ray. De hecho, el nombre de Heffernan no aparece en el álbum. En la carátula del single Rob incluyó una dedicatoria, ‘Incluso los Ángeles caídos acaban riéndose, mi agradecimiento a Ray Heffernan’. ‘Fue muy decepcionante’, dice Ray.

Casi un año después de conocer a Rob, Heffernan oyó la nueva versión de ‘Angels’ por primera vez cuando salió y compró Life Thru a Lens. Lo que es innegable es que Heffernan fue pagado por Williams. Incluso firmó un acuerdo con la compañía de representantes de Rob. En el juicio para intentar ver reducida su multa de tráfico, el abogado de Heffernan, Bernard McCabe, le dijo al juez que a pesar de que la canción había conseguido una fortuna para Williams, Heffernan no había sido tan afortunado.

Como Williams, Ray había pasado por su propia batalla con las drogas y el alcohol y había firmado un contrato con IE cuando fue a rehabilitación. Había dejado Irlanda a la edad de 19 años y había ido a Paris para trabajar como terapeuta musical con niños autistas, como una forma de intentar luchar contra sus adicciones. Pero cuando volvió a Irlanda durante las navidades, cuando conoció a Rob, cayó de nuevo en sus antiguos hábitos. Dice Ray hoy en dia:’Bebía mucho y tomaba Extasis. Rob me dio mi primera raya de coca. La sacó de su calcetín, donde la escondía. No me obligó a tomarla. Me la metí por la nariz y me gustó hacerlo. Simplemente compartimos nuestras drogas, pero acabé teniendo serios problemas con la coca’. Heffernan fue testigo de la diferencia entre las dos caras de Williams, la estrella y el hombre. Dice Ray: ‘El no usaba el nombre de Robbie fuera del entorno del escenario y cuando entrábamos en un club solía decir: ‘Ahora me pondré mi disfraz de Robbie’.

Heffernan dice que Williams estaba profundamente dolido de su relación con Nigel Martin-Smith. ‘Cuando le conocí por primera vez era muy, muy infeliz. Me pasé varias noches con él llorando en mi regazo’, dice Ray, ‘Estaba muy, muy deprimido. Hablaba mucho de Nigel Martin-Smith y del odio que sentía hacia él. Robbie se refería abiertamente a Nigel como a “Satan”. Sentía mucho odio. Había cosas muy serias allí. Podías verlo en la cara de Robbie. El estaba soportando un enorme dolor’. En su relación con su madre, Rob era el subordinado, dice Ray. ‘Jan era la que se encargaba del negocio Robbie Williams’, dice. ‘Robbie hablaba con mucho enojo de su padre, pero Jan era la Virgen Maria. Ella le protege mucho y la noche que pasé en su casa de vacaciones me hizo un montón de preguntas. Es una verdadera aprendiz de psicóloga. Robbie me había dicho en el taxi mientras íbamos hacia allí, “cuando conozcas a mi madre, dile que nos conocemos desde hace algunos años, cuando estaba en Take That”. Tuvimos que compaginar nuestras historias. Ella siempre tenía la última palabra. Cuando fui a su casa en Stoke a ver a Robbie ella fue la que tomó el control de la situación. Una vez que ella bajó las escaleras, él se calló’.

El que ‘Angels’ tuviera un enorme éxito no ayudó a los problemas con que se estaba enfrentando Heffernan. ‘Tuve que olvidarme de ello porque sino creo que me hubiera vuelto loco’, dice. ‘Ahora puedo oírla y decir que es una canción muy buena de Robbie Williams pero hasta hace poco tiempo sentía un enorme enfado y una gran decepción de que nunca se me hubiera elogiado por ella. La canción ha hecho millones, pero el dinero nunca me ha preocupado realmente. Lo más doloroso es que Robbie nunca ha admitido mi participación. Yo fui parte de esa canción y todavía me siento enfadado por eso. No es que Robbie me la robara, pero me gustaría que reconociera mi participación en ella. A pesar de todo, me siento muy feliz de que la canción haya hecho sentir tanto a tanta gente y eso es más importante que quién la escribió’.

(37) Tara Palmer-Tomkinson, TPT para sus amigos, es una niñata de la buena sociedad cuya principal actividad es ir de compras y a fiestas. Se hizo famosa por unas fotos que salieron en la prensa en las que se la veía besándose con el Príncipe Carlos. Meg Matthews fue la mujer de Noel Gallagher entre 1997-2000, y se dedica a vivir de las exclusivas.
(38) Operación Triunfo versión inglesa.
(39) Esto es algo que hacen bastante los ingleses y que no se da tanto en España (al menos yo no conozco ningún caso). Las tribute band, son bandas que imitan a otras más famosas y cantan sus canciones a menudo cambiando la letra. Robbie tiene unas cuantas.
(40) ‘El anillo de los nibelungos’, una opera de Wagner
(41) Cadena de tiendas de música
(42) Una revista para adultos
(43) Hotel barato donde te dan habitación y desayuno
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:14

CAPITULO 10:

GRACE



Es lo que quiere toda mujer, ¿no?. Tener una canción escrita para ella, dedicada a ella. Imagínate tener tu belleza inmortalizada como hizo George Harrison con Patti Boyd en ‘Something’ y Eric Clapton con su ‘Layla’. Imagínate tener el poder de suscitar ese nivel de emoción e inspiración.

‘Sexed Up’, la quinta canción de Escapology, es una canción amarga, bilis con una melodía, llena de odio y resentimiento. Una carta musical tipo ‘Querido John’(44), cuyo tema es deshacerse de alguien al estilo de Robbie Williams. No se anda con miramientos. Ahí no hay nada de esa mierda de ‘No eres tu, soy yo’, nada de tratar de suavizar las cosas. Te lo lanza directamente: ‘Te dejo y es por esto’. Casi vomita los versos ‘Vete a la mierda. Nunca me gustaste. Pero yo te elegí y todo se ha ido al traste. Es sábado, voy a salir a encontrar otra como tú’. La canción termina, ‘Espero que desaparezcas, desaparezcas, desaparezcas’. En el otoño del 2002, cuando la cantó para el público por primera vez, Rob la dedicó a su ex-prometida Nicole Appleton.

En enero de 1998 las cosas estaban cambiando. A finales del mes Life Thru a Lens había vendido 210.000 copias y estaba a punto de superar las ventas del álbum debut de Gary Barlow, Open Road. Mientras que ‘Angels’ había vendido casi medio millón de copias, el último single de Barlow, ‘So Help Me Girl’, solo había conseguido vender 70.000. El impulso que ‘Angels’ dio a la carrera de Rob fue enorme. Un mes después el álbum era doble disco de platino y ‘Angels’ había alcanzado las 600.000 copias vendidas. La actuación de Rob en febrero en los Brits acaparó el show. Su dueto con Tom Jones cantando ‘Full Monty’ fue lo mejor de la noche. Rob vestido de cuero, una versión actualizada de la superestrella galesa, la reencarnación de la sensación de los 60 con su famoso movimiento de caderas. Su capacidad para hacerse con el show fue la última evidencia de que Williams, a pesar de sus adicciones, era el artista más natural, el más seguro en el escenario, de todos los de su generación. No había nadie capaz de igualarle, nadie que se le acercara siquiera. Jones se convirtió en fan suyo al instante. ‘Este chaval tiene tanta energía que me hace sentirme joven otra vez. De hecho ha conseguido que todo el mundo en la sala se sintiera joven’, dijo la superestrella. ‘Creo que es uno de los artistas con más talento de hoy en dia en Inglaterra’. Así mismo, su primera aparición en Parkinson, mientras promocionaba ‘Angels’, fue una brillante exhibición. Rob rodeando la silla del presentador y colocándose detrás, señalando al sonriente entrevistador, mirando directamente a la cámara y exclamando: ‘Mira mamá, Parky’. Fue un momento estelar de la televisión, lo que a todo el mundo que hubiera ido al programa le hubiera gustado hacer, pero pocos tienen las agallas o el estilo de Williams. Su pose decía, ‘Hey, mírame. Yo he sido el que lo ha hecho’. Rob, con entusiasmo infantil, se había ganado al público aparentemente sin esfuerzo con su encanto. Incluso se permitió fanfarronear de los papeles en películas que le había ofrecido delante de Ewan McGregor, otro de los invitados. Se mostró torpe pero simpático, como un crío contando la bola de que su padre jugaba en el Liverpool. Aquellos que fueron testigos de estas dos actuaciones contemplaron el nacimiento de un fenómeno: El Robbie Williams Número Dos había nacido.

Rob había conocido a Nicole Appleton, cantante de la banda de chicas All Saints, seis meses antes en un estudio de televisión. La pareja había intercambiado cumplidos acerca de la música de cada uno y luego habían seguido cada uno su camino. Los dos estaban en el programa del Concierto de Esperanza en Battersea Power Station y durante los ensayos Nicole invitó a Rob a la fiesta en que celebraba su 23 cumpleaños. El llegó temprano con su compañero de piso Charlie y después de unas cuantas cañas, él y Nicole se pasaron la noche charlando. Posaron para una foto tomada con la Polaroid que le habían regalado a Nicole por su cumpleaños y ella se enamoró al instante. Al dia siguiente se dirigió a su representante para que la consiguiera el número de teléfono de Rob, pero estaba demasiado asustada como para llamarle. Antes de que consiguiera reunir el valor para llamarle, los periódicos anunciaron que Rob había tenido una cita con la rubia presentadora de televisión Denise Van Outen. La presentadora de The Big Breakfast le había enviado a Rob un pájaro con una nota que decía ‘¿Puedo ser tu chica?’(45). Pero Rob estaba más interesado en volver a ver a la más joven de las dos hermanas Appleton. Nicole se emborrachó y decidió llamarle de todas formas. Contento de que le llamara, Rob le dijo a Nicole que iba a ir a un estudio en el campo al dia siguiente para grabar algo. La invitó a que fuera a cenar. Ella recorrió el difícil camino desde Londres hasta el estudio en Buckinghamshire en un taxi a través de la nieve. Esa noche Rob cantó para ella desde la cabina de sonido y los dos comieron juntos, fueron al pub y se emborracharon. Era muy tarde para que Nicole volviera a Londres, así que durmieron juntos espalda contra espalda en la cama de Rob. A la mañana siguiente, mientras Nicole se dirigía de vuelta a Londres, la primera página de The Sun proclamaba el amor de Rob por Denise.

Rob no llamó a Nicole en toda la semana. Su segunda cita fue bastante original. El 29 de diciembre Rob la llamó desde una fiesta en la que estaba en el norte de Londres. Estaba borracho y quería que ella viniera a recogerle. Ella llegó para encontrarle tirado en un sofá en un estado lamentable. Le ayudó a volver a su casa y, desde ese momento, los dos fueron uno. Cuatro dias después un fotógrafo que esperaba fuera de la casa de Rob, consiguió una foto de Nicole saliendo por la mañana y la historia se hizo pública. Anteriormente se había relacionado a Rob con la Spice Girl Mel C. Aunque más tarde ella afirmaría que nunca habían sido pareja, él dejó que un amigo revelara que la Spice Deportista había estado ‘un poco obsesionada’ con él. Como consecuencia de esto, las otras Spice Girl le volvían la espalda siempre que se cruzaban en su camino.

Poco más de un mes después de que empezaran a salir, Rob y Nicole estaban ambos en el programa en los Brits. Rob estaba nominado en cuatro categorías, pero se fue con las manos vacías, el ‘Never Ever’ de All Saints ganó dos premios: al mejor single y video británico. Ya por entonces la pareja era vista regularmente en todas las fiestas o cenando en el restaurante Oxo Tower de Londres mostrándose de lo más apasionados. Nicole, que estaba locamente enamorada, se deshizo en elogios en The Sun, ‘El es una de las personas más dulces que he conocido jamás y no puedo imaginar como se las arregla para soportar toda esa atención. Tiene ;-D de ser salvaje, pero ese no es el Robbie que yo conozco. Es muy divertido. Robbie siempre va a estar en el ojo público por haber estado en Take That y eso crea mucha presión en una relación. Me hace reír y espero que estemos juntos mucho tiempo, aunque todavía somos demasiado jóvenes para comprometernos’. Un mes después, Nicole estaba embarazada del bebé de Rob. Lo descubrió en Vancouver durante una gira promocional con All Saints. Ella y su compañera de la banda Melanie Blatt descubrieron que estaban embarazadas el mismo dia. Nicole calculó que debía haberse quedado embarazada el dia de San Valentín.

En su libro Together, Nicole cuenta que llamó a Rob a Londres a las 2 de la madrugada. Al principio él no dijo nada cuando ella le dijo que tenía que darle una noticia. Pero su nuevo novio se mostró encantado cuando ella le contó que estaba esperando a su hijo. ‘Eso es genial, nena’, dijo, ‘Me hace muy feliz. Es lo que quiero’. Pero según dice Nicole, tan pronto como la noticia de ambos embarazos en la banda fue conocida por su representante y la compañía de discos, la presionaron para que abortara. Mientras que Melanie se mantuvo firme y se negó a ceder ante la coacción, Nicole se encontró acorralada por todos los que la rodeaban.

Cuando Nicole volvió al Reino Unido, Rob la llevó a ver a su abuela Betty en Stoke. El bebé, le dijo a Nicole, iba a salvar su vida. Decidieron que si era una niña la llamarían Grace. Rob escribió una canción para su niña no nacida, la cual aparece en su segundo álbum I’ve Been Expecting You. Sus versos dicen, ‘Grace, aún no he nacido. Ven a abrazar a un alma que llora. Tengo tanto para darte’. Lo que Nicole no dice en su libro es que, a pesar de esa imagen de flores y corazones con que ella la dibuja y a pesar del poco tiempo que llevaban juntos, la relación ya estaba plagada de problemas. Dos semanas antes de descubrir que estaba embarazada, la pareja había tenido la primera de sus muchas rupturas. A pesar de su posición como músicos del pop en la cima del mundo del espectáculo de Gran Bretaña, de su glamoroso estilo de vida, de los coches y de la ropa, en privado eran ambos propensos al infantilismo y a tener discusiones provocadas por el alcohol. Los que estaban a su alrededor se sentían avergonzados cuando los dos, como niños de guardería, se peleaban públicamente por todo, desde que CD querían poner hasta a que restaurante debían ir. Nicole podía tener solo 23 años y Rob uno más pero, fuera de la vista del público, ambos parecían mucho más jóvenes. Ambos tenían ;-D de ser muy aficionados a las fiestas, pero en pareja parecían ser extrañamente ingenuos e infantiles. Podían pasarse horas en la ‘sala de juegos’ de Rob en el piso superior de su casa jugando a los juegos de Star Wars o pretendiendo ser DJs.

A la relación no le ayudaban las largas temporadas que la pareja permanecía separada mientras buscaban consolidar sus florecientes carreras. Rob estaba promocionando su nuevo single ‘Let Me Entertain You’ y preparando una gira nacional que iba a empezar en mayo y en la que parecía que se iban a agotar todas las localidades. Mientras tanto, All Saints estaba en Estados Unidos llevando a cabo una exhaustiva campaña de relaciones públicas. A primeros de marzo la noticia era que la pareja había roto. Ambos habían confesado en privado que sus atareadas vidas habían puesto a la relación bajo una presión terminal. Mantenían su relación por teléfono por lo que habían decidido separarse una temporada. El anuncio de Nicole de que estaba embarazada había hecho revivir la relación, pero aún no se habían solucionado los problemas. Rob aún bebía demasiado y a menudo con Nicole, pero a diferencia de lo que pasó con Jacqui Hamilton-Smith, tanto a Jan como a Pete les gustaba la novia de su hijo, y creían que era una influencia positiva para él. Jan dijo por aquella época: ‘Me encantaría que Nicole fuera mi nuera. Es la que yo habría elegido para Robert. Tiene una forma de ser encantadora y una familia encantadora y hace feliz a Robert. Pero yo no puedo decir con quien se tiene que casar. El hará lo que quiera’.

En Abril Nicole estaba en Nueva York y estaba cediendo a la presión para deshacerse del bebé que podía acabar con su carrera. Llamó a Rob llorando desde su apartamento alquilado en la Torre Trump y le dijo que iba a abortar. Rob le dijo que cogería el primer Concord que saliera de Heathrow y se reuniría con ella por la mañana. El dia siguiente lo paso con una llorosa Nicole luchando con su conciencia sobre su decisión. Rob la apoyó en todo momento. No trató de convencerla en ningún sentido. Después de una noche sin dormir, escoltó a su amante a las oficinas en Manhattan de una clínica abortiva privada. Le dijeron a la pareja que Nicole estaba embarazada de cuatro meses. Luego, mientras Rob se sentaba en la sala de espera, Nicole fue guiada a la habitación contigua donde su bebé sería separado de su cuerpo. Nicole, que permaneció despierta durante la operación, se desmayó. Cuando volvió en sí Rob estaba con ella. Fuera esperaba una limusina para llevarlos de vuelta al apartamento. Al dia siguiente volaron de vuelta a Londres en el Concorde. Nicole escribió en su libro acerca de ese dia que ella aún no sabe si Rob la perdonó por haber abortado a su hijo.

Mientras que su vida personal era un torbellino, la carrera de Rob iba viento en popa. ‘Let Me Entertain You’, que era una declaración de intenciones más que un disco, estaba en el número tres de las listas británicas. En junio, el abarrotado concierto de Rob en el Forum de Londres fue el primer concierto de pop retransmitido mediante el sistema pay-per-view por la cadena Sky TV. Los fans podían pagar 9,95 libras por ver Robbie Williams – Live in Your Living Room. Se dispuso a provocar al mundo.’Las cosas van fenomenal en este momento, pero eso no es una sorpresa’, alardeó, ‘No me hubiera dedicado a la música si no hubiera sabido que podía ser el más grande del mundo. Conseguiré todo lo que quiera mientras yo siga siendo tan bueno’.

Era plenamente consciente de que la mayor amenaza para su carrera no iba a venir de una súbita pérdida de interés por parte del público. La locomotora Robbie no se quedaría de repente sin vapor, las fans no se iban a cansar de aquel granuja que ponía caras de mono tan rápido como habían empezado a revenderle. No, Rob era totalmente consciente de que era el amo de su propio destino. Nunca hubo ninguna duda en su mente desde el momento en que salió al escenario como Artful Dodger y provocó ese suspiro en el público, ese audible signo de aprobación. Rob sabía que lo que tenía era especial. Con los adiestrados sentidos de alguien con una instintiva conciencia de la naturaleza de su don, estudió discretamente a todos sus colegas. Y vio muy pocas señales de que cualquiera de sus rivales más cercanos tuviera su habilidad para manipular, para dirigir a un público de la forma en que él podía hacerlo. Podía, por supuesto, perderlo todo, pero sería por su culpa. Los demonios todavía estaban ahí, el alcohol y las drogas. Ese miedo sigue con él en la actualidad, el terror casi fóbico de echarlo todo a perder, y que le ha dado los verdaderos momentos de lucidez incluso cuando sus adicciones trataban de hundirle. Ese terror le ha hecho retroceder desde el borde del precipicio cuando estaba a punto de saltar. El conocimiento de lo que estaba desperdiciando ha estado siempre ahí en el fondo, acosándole, engatusándole, burlándose de él. Eso ha salvado su vida.

Dado que su batalla con la bebida todavía daría bastante que hablar, visto en retrospectiva, resultaba demasiado optimista hablar de su adicción en tiempo pasado. Pero en le verano de 1998 Rob estaba convencido de que había superado la necesidad de emborracharse. ‘Mantenerse alejado de la bebida ha sido una lucha diaria durante mucho tiempo’, dijo en junio de ese año. ‘Pienso en ello todo el tiempo, cada dia, sin falta. En las últimas dos semanas mi vida ha recuperado la alegría otra vez y ahora pienso en mi música en lugar de en beber. Si me apetece una cerveza me la tomo. Y no me apetece muy a menudo. Se que la he cagado durante mucho tiempo. Pero lo mejor del público británico es que ellos lo saben y te lo perdonan si eres bueno’.

El vínculo con el público ha estado siempre en el centro del fenómeno Robbie Williams. A pesar de la fama, de las mansiones, de los millones en el banco, él siempre ha conseguido que nos pareciera que era uno de nosotros, de la gente y para la gente. Aunque no faltan los escépticos. Después de todo se trata de un hombre mucho más rico de lo que sus fans puedan imaginar, una estrella desde que dejó la escuela, un hombre al que se le han dado todos los caprichos, se le ha mimado y consentido. Si Rob, el chico de Stoke, existió alguna vez, fue dejado atrás con los perdedores de la cola de los parados, los padres adolescentes, los pringados que viven de un sueldo, cuando el recién encarnado Robbie se dirigió a Manchester y a la fama. Podía parecer como uno de nosotros, podía sonar como uno de nosotros, pero Robbie, dicen ellos, es un impostor. Un replicante andante y parlante del Planeta Celebridad tomándole el pelo a un público crédulo.

Es verdad que Rob estaba empezando a mostrar preocupantes señales de su conversión de civil a personaje teatral. Estaba empezando a exhibir los efectos de alguien que se ha tumbado demasiadas veces en los divanes de los terapeutas de las celebridades. Se había adiestrado con concienzuda dedicación en la jerga de los terapeutas. Sus conversaciones estaban salpicadas con reveladoras palabras y frases. Se había ‘dado a si mismo’, empezaba diciendo a sus entrevistadores. Había hecho un ‘serio trabajo’ consigo mismo y había pronunciado, aparentemente en serio, la inmortal frase: ‘He decidido tomar un baño en el Lago Yo’. También se llevo un buen montón de justas críticas por describirse a si mismo como ‘un artista’ y por exponer categóricamente, después de un álbum de éxito, ‘puedo escribir canciones que estarán al lado de las de los mejores compositores de mi generación’.

Su habilidad era, y sigue siendo, su capacidad de convertirlo todo en un chiste, incluso a su costa. Su gira había sido llamada muy apropiadamente ‘El Ego ha aterrizado’. Rob volvía locos a los fans y, por primera vez, se había ganado a los críticos que hasta la fecha levantaban la ceja con escepticismo y que no podían creer que el antiguo miembro de Take That pudiera haber hecho un disco decente. Life Thru a Lens fue nominado a los Premios Mercury Music.

A pesar de su tempestuosa naturaleza, la relación con Nicole había sobrevivido al trauma del aborto. Incluso se mantuvo firme ante las declaraciones de la bailarina erótica Sandy Palermo de que había hecho un show privado para Rob en su casa de Notting Hill. A principios de verano la pareja se comprometió. Rob le pidió matrimonio a Nicole cuando ella volvió a casa a las 5 de la mañana después de un vuelo desde Japón. Con cara de sueño saltó de la cama y arrodillándose la ofreció un anillo antiguo de diamantes tallados como esmeraldas. Los dos lloraron de alegría. La pareja se fue de vacaciones a St Tropez para celebrar su inminente matrimonio. Pero pronto tendrían que separarse otra vez, cuando All Saint comenzó su gira por Argentina, Méjico y Brasil. La pareja reanudó su relación a larga distancia, con diarias llamadas de teléfono, pero Rob se estaba cansando de estas separaciones. Siete semanas después de que le pidiera a Nicole que fuera su esposa, puso fin a su compromiso con una corta y brutal llamada telefónica. Nicole llegó a Rio para encontrarse un mensaje de Rob esperándola en el hotel. Ella cuenta en su libro como su relación parecía ir bien seis dias antes cuando había dejado a Rob en Londres. Pero en los dias transcurridos desde entonces, él había cambiado de actitud. Cuando Nicole llamó a su prometido la conversación fue corta. Rob le dijo que no se veían lo suficiente. No tenía las ideas claras, pero lo había decidido. Habían terminado. Nicole colgó el teléfono y empezó a llorar.

The Sun hizo pública la historia de que la relación estaba rota, pero informó que había sido Nicole la que la había puesto fin. Rob le dijo al periódico que estaba desolado por la ruptura. ‘Estoy totalmente destrozado por dentro’, dijo, ‘Nicole lo es todo para mi pero ha sido muy complicado con ella siempre de gira. Todavía espero que podamos arreglar las cosas. Somos muy buenos amigos y hablamos por teléfono todo el tiempo. Pero de momento, todo ha terminado’. La ruptura duró hasta que Nicole volvió a casa en Inglaterra. Mientras ella lloraba por su amor perdido, Rob parecía que estaba teniendo más éxito en superar la ruptura. Volvió al sur de Francia, donde fue fotografiado con un grupo de bellezas playeras. También le invitaron a una fiesta llena de alcohol en Puerto Banus en España donde se ligó a dos chicas durante una juerga de 24 horas. De vuelta en Inglaterra, la camarera danesa Linnea Dietrichson afirmó que Rob la había llevado a su casa y se había acostado con ella después de conocerla en el Club DTPM en Londres. Nicole, mientras tanto, estaba en Blackpool(46) inmersa en una gira que se retransmitía por Radio One. Rob, que siempre se ha descrito a si mismo como ‘el hombre más solitario del mundo’, le pidió a su compañero de piso Charlie que llamara a Nicole para decirla que todavía la quería a pesar de que hubieran roto. Luego el mismo Rob la llamó para invitarla a cenar en el famoso restaurante Nobu. La pareja terminó borracha y Nicole fue fotografiada montada en la espalda de Rob a la salida de un bar. Unos dias después Rob le pidió de nuevo que se casara con él. Esta vez las circunstancias fueron menos románticas. Estaban en un taxi de camino a una fiesta en el no demasiado glamouroso East End de Londres.

Mientras tanto, Rob tenía una carrera que mantener. El segundo álbum I’ve Been Expecting You, estaba listo para su lanzamiento en el otoño. La relación había inspirado muchas de las canciones del disco. En ‘Win Some Lose Some’ aparece la voz de Nicole susurrando: ‘Te quiero cariño’. Ella había grabado este mensaje de amor en un llavero con grabadora incorporada que había regalado a Rob. ‘Heaven From Here’ y ‘Grace’ también hablaban de su romance con la cantante. Pero mientras Rob elogiaba a Nicole diciendo que se había convertido en su musa, las letras cuentan una historia diferente. Mientras la incorpórea voz de Nicole se repite al principio de ‘Win Some Lose Some’, la letra habla de una relación que ya estaba condenada al fracaso. El primer verso dice ‘No pensamos que fuera a durar más allá del verano’, y el estribillo final repite los versos ‘Ahora se ha terminado, ganas algo, pierdes algo’.

A finales de 1998, Rob y Nicole contemplaban como su relación moría de forma lenta y dolorosa. Rob recurría a la botella más que nunca. Lo más probable era encontrarlo en juergas maratonianas, sobre todo si creía que tenía una buena disculpa – un mal dia, una pelea con Nicole o con su madre. A los más cercanos a ambos cantantes les resultaba difícil saber si seguían o habían terminado. En diciembre Rob estaba haciendo un espectáculo en Ámsterdam y Nicole voló a reunirse con él. El la envió mil rosas rojas a su habitación del hotel, pero estos detalles no eran suficientes para convencer a nadie de que tuvieran algún futuro juntos. El dia de navidad, enfadado y sintiéndose excluido, después de haberse pasado el dia bebiendo en un pub cercano a la casa de sus padres, tuvieron una violenta discusión y él se fue, diciendo que no iba a volver. Se alojó en un anónimo hotel de Londres, solo y desesperado. En el bar del hotel Stakis, en Edgware(47), Rob, arrastrando las palabras, se dedicó a contar a un puñado de extraños los detalles más sangrientos de su última pelea con Nicole. Invitó a cuatro tipos a su habitación y luego desapareció. Perdió el conocimiento en un sofá en el pasillo y fue fotografiado, borracho y patético, por sus invitados que a priori habían tenido el detalle de embadurnarle con pasta de dientes y espuma de afeitar y que vendieron las fotos a The Sun.

I’ve Been Expecting You subió a lo más alto de las listas de álbum. El segundo single extraído de él, ‘Millenium’, una cínica y exitosa declaración de Williams y Chambers que se aprovechaba de la excitación de la llegada del año 2000, se convirtió en su primer numero uno en Inglaterra. El álbum giraba en torno a las relaciones perdidas. ‘No Regrets’, en el que intervenían sus héroes los Pet Shop Boys, sonaba como un adiós musical a alguna ex-amante. En realidad, era la despedida de Rob a sus cuatro compañeros de Take That. En ella incluso recuerda las peleas de Jan con la banda ante su insistencia de llevar las cuentas del dinero de Rob, con el verso ‘Supe que las cosas no iban a funcionar cuando no os gustó mi madre’. ‘Karma Killer’, una mordaz y virulenta diatriba, fue descrita como la venganza de Rob hacia aquellos que habían dudado de su talento. En realidad es un ataque lleno de odio contra su representante de Take That, Nigel Martin-Smith. ‘¿Por qué no te las has arreglado todavía para morirte? Podrías montarte el bar en el infierno’, se burla Rob. ‘Espero que te ahogues con tu Bacardi con Cola’. El tema es lo habitual – Rob incapaz de perdonar, muy poco dispuesto a ser magnánimo en su victoria. Las viejas cuentas están ahí para ser saldadas, las heridas reabiertas y curadas de nuevo. Williams no perdona. Revive obsesivamente los fallos de sus relaciones personales, removiendo y rebuscando para hacer un revoltijo con todo ello.

(44) Una ‘Dear John letter’ es una carta que se escribe para cortar con alguien.
(45) Juego de palabras. Bird significa pájaro pero también se usa para referirse a una chica en lenguaje coloquial. ‘Can I be your bird?’ es lo que decía la nota.
(46) Ciudad turística de Inglaterra, como Marbella o algo así.
(47) Barrio de Londres
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:15

CAPITULO 11:

EL DOMINIO DEL MUNDO


En un desnudo terreno de tierra quemada, un joven con una camiseta de colores brillantes, pantalones anchos, deportivas y una gorra de béisbol estaba jugando a mantener en el aire un balón de fútbol. El pecho fuera, los codos doblados, las palmas de las manos hacia atrás, los ojos fijos en la pelota a medio metro enfrente suyo. La banda de crios que le rodeaba tenía los ojos fijos en el desconocido. No tenían ni idea de quien era, pero la pelota que había traído había roto las barreras del lenguaje y de la raza. Por el momento, al menos, él era uno de ellos.

Un dia antes Rob se había quedado helado cuando, poco después de bajar del avión que le había traído desde Londres, se le pusieron delante un grupo de soldados, con las armas preparadas y nerviosos. Su novia Nicole Appleton de All Saints había llorado mientras Rob se dirigía al aeropuerto a coger el vuelo hacia Sri Lanka. El país estaba en guerra. Pensaba que le matarían. Rob tampoco estaba del todo seguro de poder volver a casa de una pieza. Unos dias antes de empezar el viaje, que estaba previsto que acabara en el distrito norte de Jaffna, una provincia que los conocidos Tigres Tamiles(48) habían reclamado como suya, una bomba había matado a un grupo de gente entre la que estaba el alcalde. A Rob le habían dado la opción de evitar el compromiso y suspender el viaje, pero decidió ir de todas formas. La decisión de unirse a la misión de UNICEF a Sri Lanka para ayudar al programa de vacunación contra la polio había sido tomada en el último minuto. Rob le preguntó a su amigo y colega el músico Ian Dury si podía acompañarlo después de que el cantante, él mismo víctima de la polio, le hablara a Rob de su trabajo en obras benéficas y de cómo esto le llevaba a hacer viajes regulares a zonas devastadas por la guerra. En el otoño de 1998 Rob era el número uno con ‘Millenium’ y era el hombre perfecto para dar publicidad al trabajo de las organizaciones benéficas.

En el último momento, el viaje a Jaffna fue cancelado cuando las Naciones Unidas dijeron que no era seguro a causa del reciente atentado. Rob, Ian y el equipo de UNICEF se dirigieron en su lugar a la empobrecida Vavuniya. Rob estaba administrando dosis de la vacuna a los bebés con una pipeta cuando llegó un hombre con un álbum de Take That para que se lo firmara. El era uno del escaso puñado de personas que era consciente del status de superestrella de aquel tipo de aspecto corriente con la gorra de UNICEF que, unos minutos antes, había estado jugando al fútbol con los niños. Pero los tentáculos de la fama se extienden incluso hasta estos apartados confines, más allá de los soldados armados hasta los campamentos provisionales y las filas de crios flacuchos. Rob estaba en el país principalmente para ayudar con su fama a concienciar sobre la campaña, posar para algunas fotos con los bebes, y utilizar su fama para que el mensaje llegara a casa. Pero había otra razón para que Rob quisiera hacer el viaje. Era una oportunidad, creía él, para darle algún sentido a su propia existencia, para descubrir quien era cuando no era Robbie Williams, la estrella del pop. Allí, entre los crios sonrientes, que lo único que querían de él era que jugara a la pelota en un polvoriento trozo de tierra, Rob esperaba reencontrarse con lo que había sido su vida antes de la fama, antes del dinero, de los fans, del negocio que le había cambiado, en el que había crecido. ‘No estoy en Sri Lanka para hacerme rico’, dijo. ‘Estoy aquí porque quiero poner las cosas en su sitio en lo que respecta a mi vida. Las cosas que me preocupan en casa no tienen importancia. Quiero ver a la gente sonreír en la cara de la adversidad. ¿Verdad que esto suena horriblemente superficial?. No quiero parecer egoísta pero lo que realmente quiero es recordar como era la vida antes de ser famoso’.

Unos dias antes, mientras se preparaba para viajar fuera de Gran Bretaña, Rob había explicado con detalle sus sentimientos respecto al inminente viaje. ‘No creo que vaya a regresar de este viaje’, había dicho, ‘No me entiendas mal. Lo que quiero decir es que o me pegan un tiro o regresaré como un hombre diferente. Si, diferente, eso es lo que necesito ahora mismo. He alcanzado el numero uno y pienso ¿Qué es lo que la gente puede decir sobre mi?’. Su franqueza era admirable. Si, quería ayudar a aquellos crios en ese lugar tan peligroso, pero el viaje se trataba de algo más que eso. ¿Pero era su vida tan sin sentido? ¿Le resultaba su vida tan carente de significado que estaba dispuesto a arriesgarse a que le pegaran un tiro para encontrar las respuestas que tan desesperadamente buscaba?. Desgraciadamente ese parecía ser el caso. El viaje estaba, por supuesto, bien organizado, los riesgos habían sido minimizados, se había cuidado mucho la seguridad, pero de una forma considerable, al menos en la mente de Rob, la amenaza era real y eso era lo más importante. Necesitaba sentir que se había puesto en peligro como si de esa forma pudiera encontrarse a si mismo, como si de esa forma pudiera poner su vida diaria en alguna clase de contexto. Allí estaba, siendo el número uno en las listas, su sueño se había hecho realidad, y aquellos que dudaron de él cuando no era más que un acabado drogadicto expulsado de una banda de chicos habían tenido que callarse. había demostrado de lo que era capaz a Nigel Martin-Smith, a Gary Barlow y a los otros, pero incluso después de todo esto, incluso aunque había conseguido la fama y el respeto que había deseado toda su vida, todavía no era feliz, todavía no estaba satisfecho, todavía se esforzaba por alcanzar algo que no podía identificar. La solución que había encontrado parecía demasiado simple. ¿Esperaba realmente que aquí, en medio de la pobreza, de los poblados de chabolas y de la miseria de una tierra quemada por el sol iba a encontrar su propia felicidad? ¿Qué esto haría que todo fuera bien? ¿Qué apreciaría su riqueza y su fama, que diera gracias por todo lo que tenía y por su suerte? ¿Es esa la cura para la depresión? ¿Tienes que experimentar el sufrimiento de los niños en Sri Lanka, o ponerte al borde de la locura con la ayuda de la botella o de las drogas antes de que te des cuenta de que lo que tienes merece la pena que lo pongas en primer lugar?.

Rob tenía esperanzas en que el viaje le cambiaria. ‘Quiero que esto me enriquezca. Hay una parte de la industria en la que estoy que me hace sentirme amargado. Un pesimista que se sienta en mi hombro y me dice “lo que haces no significa nada”. A causa de lo que me pasó en Take That, el éxito siempre conlleva dolor. Relaciono éxito con tristeza’. Cuando Rob y el equipo de UNICEF estaban a punto de irse, se le acercó un hombre con un niño pequeño. Quería que Rob, un extraño, se llevara con él de vuelta a Inglaterra al chiquillo, su nieto de tres años, para que tuviera una vida más feliz.

Dos meses después, mientras Rob yacía en estado comatoso en el blando mobiliario del Hotel Stakis de Londres, daba la sensación de que poco era lo que se había solucionado en su mente. Su relación con Nicole era un asunto terminado y de letras envenenadas. Si su conclusión de que el éxito solo trae dolor era cierta, ahora tenía que estar sufriendo. A principios del nuevo año se anunció que estaba nominado para seis premios Brit, lo que era un record. Las nominaciones eran la recompensa por los 2,3 millones de copias vendidas de sus dos álbumes Life Thru a Lens y I’ve Been Expecting You, que le habían convertido en el artista más vendido de Inglaterra en 1998. Algunas de las categorías en las que Rob estaba nominado eran: Mejor álbum británico por I’ve Been Expecting You, Mejor cantante británico masculino, Mejor single por Angels y Mejor video británico por el video inspirado en James Bond de Millenium. La trasformación desde ganador del premio de Smash Hits a ‘Perdedor del año’ en 1995 hasta convertirse en uno de los mejores había sido completa. Rob era aclamado como una estrella renacida como el ave fénix de las cenizas de su carrera en Take That. Era el drogadicto gordo que se había rehabilitado, se había puesto en forma, se había enfrentado al mundo y había ganado. Pero esta historia era un poco demasiado ordenada, un poco demasiado fácil. La verdad era que aunque Rob parecía estar bien otra vez, todavía estaba lejos de haber dejado atrás su carrera de borracho famoso. A un periodista que le entrevistó por aquella época le preocupó tanto su comportamiento que telefoneó a la discográfica de Williams para decirles que él había sido testigo de primera mano de cómo Jimi Hendrix y Brian Jones echaban a perder sus vidas. ‘Si no solucionáis esto, él estará con ellos antes de final de año’, les advirtió.

Lo que era verdad es que todo el mundo quería un trozo de Rob. Todo el mundo quería ser tocado, o al menos alcanzado, por el polvo dorado de su celebridad. Su gira por los 24 estadios más importantes de 13 ciudades a principios de 1999 se vendió en menos de cuatro horas. Cuando apareció en el programa del espectáculo organizado para celebrar el cumpleaños del Príncipe Carlos en el Lyceum Theatre de Londres, el Príncipe le preguntó si había tenido que cancelar algún otro compromiso para estar presente en aquel gran espectáculo benéfico. ‘Ninguno, a parte del dominio del mundo’, fue la arrogante respuesta de Rob. En los Brits en febrero, Rob ganó tres de los premios para los que había sido nominado: mejor cantante masculino en solitario, mejor single y mejor video británico. Se los dedicó a su madre. ‘Me siento muy muy feliz y sé que mi madre estará muy orgullosa de mi, lo que es genial porque yo no sería nada sin ella’, dijo. ‘He cometido montones de errores, tantos que no puedo recordar ni la mitad de ellos. Mi madre siempre ha creído en mi y afortunadamente también lo han hecho algunos otros y me he reformado y he vuelto a hacer lo que siempre he querido hacer que es entretener a la gente’. Rob interpretó Millenium acompañado de 150 bailarines y saltando 50 pies desde el tejado del Docklands Arena de Londres en un número que hizo gritar a la audiencia. Tuvo que recibir tratamiento de acupuntura en los ensayos para calmar sus nervios y al final de la noche estaba tan hecho polvo a cuenta del vodka gratis que su ultimo discurso de aceptación consistió en levantar un cartel garabateado apresuradamente con las palabras: ‘Como una cuba. Gracias’. Después del show se fue a casa con Jan para una tardía cena de alubias con tostadas. Había estado tan borracho que cuando se despertó a la mañana siguiente no podía recordar cuantos premios había ganado. Jan sabía que la batalla no había terminado, pero por el momento estaba contenta con los progresos que su hijo había hecho en su lucha para vencer sus adicciones. ‘Estoy muy contenta de haber dejado atrás los malos tiempos’, dijo. ‘Han sido realmente malos. Siempre que tus niños están heridos y sufren es tan triste para los padres como para el niño, no importa la edad que tengan. Lo que ha pasado con Robert es que estaba enfermo, es una enfermedad cuando tienes problemas con el alcohol o las drogas. Cuando tienes esa enfermedad es bastante duro vencerla en privado. Como madre me ha resultado muy, muy duro abrir el periódico por la mañana o que alguien empujara debajo de mi puerta una foto suya aparecida en un periódico. Pero para ser justa con Robert tengo que decir que el ha compartido tanto conmigo que me ha ayudado mucho a comprender lo que le estaba pasando’. En lo más profundo de su adicción a la cocaína, Rob había suplicado a su madre que probara la droga para que así supiera la naturaleza del control que tenía sobre él. Jan, que solía aconsejar a adictos en su trabajo, se negó. ‘Sea lo que sea lo que hagamos en nuestra vida tenemos que responsabilizarnos de ello’, dijo. ‘El lo ha hecho muy bien enfrentándose al problema que ha tenido. Es un joven muy fuerte’.

Tan solo diez dias después de su triunfo en los Brits, Rob parecía seguir teniendo problemas con su reformada imagen. La lucha que mantenía se hizo evidente durante las dos noches consecutivas en el Wembley Arena. Durante el show del sábado por la noche Rob se había superado a sí mismo. Su actuación fue vertiginosa, volviendo locos a los fans con sus canciones y su agudo humor. La noche anterior la historia había sido diferente. Rob, con aspecto desmejorado, se había pasado la noche fumando, jurando y enseñando el culo al público. Los que fueron testigos de sus incoherentes divagaciones no les quedó ninguna duda de que la estrella había pasado algún tiempo en los momentos previos al concierto en la zona donde se servían las bebidas en el backstage. También estaba todavía intentando aceptar su ruptura con Nicole Appleton. Durante un concierto en Newcastle utilizó a su público como su confesor, contando como había salido disparado dejando a unos colegas con los que estaba de vacaciones el verano anterior en su esperanza de hacer renacer su relación con ella. ‘Llamé por teléfono a Nic y esto es lo que la dije’, les confesó a sus fans. Y a continuación empezó a cantar una estridente versión del éxito de Take That ‘Back For Good’. Pero al final de la canción gritó: ‘Y ella todavía me dijo que me perdiera’. Al mismo tiempo admitía que no había ninguna esperanza de recuperar su historia amorosa. ‘Cuando tienes 25 años, comprometerse es un milagro. Soy tan inconstante como cualquiera a mi edad. La gente quiere que le dé seguridad y yo no puedo ofrecérsela en este momento, especialmente en el mundo en que vivo. Tengo un demonio dentro de mi. No se si esto es anormal o tan solo lo que siente cualquiera a los 25 años, pero no puedo confiar en mi mismo’, dijo.

Irónicamente, dada la escala de su éxito, todavía había quien predecía la caída del mayor artista de la nación. La colaboración de Rob con los Pet Shop Boys, que sonaba como ellos, no como él, hizo afirmar a Emma Forrest de The Observer ‘La imitación de John Barry es sosa. Los intentos de rock duro son aburridos. Cada single versiona un nuevo género, pero con muy poco entusiasmo’. Era verdad que mucho del material era poco original, pero Guy Chambers no se disculpa por ello. El es feliz enumerando la lista de artistas que inspiraron I’ve Been Expecting You. ‘Stalkers Day Off’, dice, tiene influencias de Brian Wilson de los Beach Boys. ‘Millenium’ esta basada en el tema de John Barry para la película de James Bond Solo se vive dos veces añadiendo un ritmo de hip hop. Con ‘Win some lost some’, los compositores, dice Chambers, habían buscado un sonido de los 80 del estilo de Blondie o Squeeze. ‘Karma Killer’ se inspiró, dice, en el gran éxito de Queen ‘Killer Queen’. ‘Stand Your Ground’ era un intento de imitar el sonido del White Album de los Beatles y a Jimi Hendrix.

Pero estas imitaciones no se detuvieron ahí. En ‘Man Machine’, Rob canta, ‘I’m a man machine, drinking gasoline’(49). Compárala con uno de los versos de la canción ‘Night Train’ de Guns’n Roses de su album Appetite for Destruction de 1987. En esa canción Axel Rose canta: ‘I’m a mean machine, been drinking gasoline’(50). La canción ‘Jesus in a Camper Van’ iba a llevar a Rob a una demanda acerca de los royalties. Le acusaron de utilizar la letra de la canción ‘I am the Way (New York Town)’ del cantante americano Loudon Wainwright III. El cantanté intentó obligar a la compañía discográfica de Williams, EMI, a que retirara del mercado todas las copias de I’ve Been Expecting You hasta que se resolviera la pelea por los royalties.

A principios de 1999 Rob y sus representantes Tim Clark y David Enthoven miraban más allá del triunfo en las listas británicas y del creciente éxito en Europa. Parecía que Rob tenía todas las armas necesarias para lanzar su asalto a los Estados Unidos. Llegaron a la conclusión de que su música, básicamente para todos los públicos, debería resultar atractiva para las estaciones de radio americanas y ¿podrían los yankis mostrarse más inmunes al travieso encanto de aquel adorable inglés que cualquier otro?. Parecía que no. ‘Angels’ había sonado mucho en Estados Unidos y I’ve Been Expecting You se había convertido en el album de importación más vendido en Tower Records en Los Angeles. Apenas dos semanas después de año nuevo Rob se encontraba en Los Angeles exhibiendo sus talentos ante un público invitado en el gran escenario de la industria de la música en el club Lucky Seven de Hollywood, cerca del famoso cuartel general de Capitol Records. Rob tenía muchas ganas de distanciarse de sus antiguos amigos de Oasis cuyo gamberrismo no había sido bien recibido en los Estados Unidos. ‘No tengo nada que ver con mis primos gemelos de Manchester a los que les gusta escupir al público’, dijo a los invitados allí reunidos. La indirecta fue otra salva en la entretenida guerra de palabras entre los hermanos Gallagher y Rob. Liam había llamado a su nuevo mayor enemigo ‘Culo Gordo Williams’. Rob les dijo al público formado por ejecutivos y productores musicales, ‘Siempre me he sentido más identificado con los cantantes clásicos como Frank Sinatra y Dean Martin y esta noche vosotros habéis hecho que me sintiera un poco más cerca de ellos’.

El regreso de Rob a Gran Bretaña coincidió con el fallo de la Corte de Apelación en su intento de anulación de la victoria de Nigel Martin-Smith en la Alta Corte. La corte decidió que Rob tendría que pagar las 90.000 libras por los royalties que Martin-Smith decía que había ganado, más cerca de un millón de libras en costas. Era tal el odio de Rob hacia el hombre que le había descubierto que estaba dispuesto a luchar durante cuatro meses más después de perder el caso. Los royalties que Martin-Smith reclamaba eran una cantidad insignificante comparada con las costas legales que Rob había acumulado en su determinación de imponerse a su enemigo. Lo peor fue que los jueces, a quienes no convencieron los argumentos de Williams, habían otorgado al representante el derecho a demandar al cantante por el dinero que podría haber ganado si se le hubiera permitido actuar como su representante durante los seis meses de preaviso que Rob estaba obligado a dar a su antiguo jefe. Martin-Smith comentó que sentía lástima por su antiguo protegido. ‘Personalmente estoy encantado de que Robbie haya seguido teniendo éxito después de Take That’, dijo, ‘Pero creo que aquellos que han oído solo la versión de Rob se sentirían muy desilusionados si conocieran toda la historia. Siento una gran lástima por Robbie. Le tuve mucho cariño, pero él ya no es el mismo tipo que recogí de la cola del paro y convertí en una estrella’.

Rob se había deprimido tanto después del caso que telefoneó a la camarera danesa Linnea Dietrichson con quien supuestamente había tenido una aventura en su casa del oeste de Londres. Ella afirmó que él le dijo que su relación con Nicole había terminado mientras intentaba convencerla de que reanudaran la que habían mantenido y que hasta la fecha no había sido más que simple atracción física. Rob, cuenta ella, la telefoneó a las 2 de la mañana, parecía muy deprimido, y la dijo: ‘Necesito que me cuides esta noche. Realmente lo necesito’.


(48) Grupo guerrillero de Sri Lanka
(49) Soy un hombre mecánico, que bebe gasolina
(50) Soy un tacaño mecánico, que ha estado bebiendo gasolina
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:16

CAPITULO 12:

EL EGO HA ATERRIZADO


Aunque la amargada letra del ‘Sexed Up’ de Escapology no se conocería públicamente hasta tres años después, los sentimientos que la inspiraron, alimentaron y nutrieron, pueden remontarse a la primavera de 1999. Las noticias sobre su dedicación a perseguir faldas y de que Rob estaba intentando cortejar desesperadamente a la cantante irlandesa Andrea Corr, le sentaron muy mal a Nicole. Rob había enviado un ramo de rosas rojas con una rosa blanca entre ellas, valorado en 250 libras, al estudio de Top of the Pops donde Andrea estaba actuando, con una nota tomando prestada parte de la letra del gran éxito mundial de la banda ‘What can I do to make you love me’(51). Con la herida de su fallida relación todavía abierta, la venganza de Nicole fue rápida y brutal. El secreto del bebé y del aborto permanecería entre ellos durante algún tiempo hasta que Nicole escribió su autobiografía en 2002. Así que el verdadero veneno de su ataque contra su antiguo amante solo fue completamente comprendido y sentido por las dos personas que se habían desecho de su bebé no nacido en la clínica de Manhattan. De repente el humor de Nicole cambió. Los buenos deseos que la pareja se había enviado a través de las páginas de los periódicos desaparecieron. El cambio en sus sentimientos fue el resultado de los últimos y escabrosos encuentros entre ambos. La primera vez, después de reunirse en el moderno bar Met de Londres, Nicole había aceptado la oferta de Rob de volver a su casa. Después de obsequiar a los transeúntes con la imagen de ambos besándose apasionadamente en el salón, se retiraron al dormitorio. Un mes después la escena se repetía tras una cena en el Titanic, restaurante frecuentado por los famosos. Pero a pesar de la pasión de su encuentro sexual, el comportamiento post-coital de Rob no fue precisamente atento. Parecía encantado de deshacerse de ella después del acto. Ignoraba sus llamadas y no se las devolvía. Sintiéndose utilizada y humillada, la amargura de Nicole hacia su antiguo amante empezó a aumentar. Su resentimiento explotó con palabras que habían sido muy bien calculadas para herir al hombre que una vez la había llamado su ‘salvadora’.

‘Se ha terminado. Nunca tendría hijos con él y espero que pueda leer esto’, declaró una enfadada Nicole, ‘Esta demasiado loco y es demasiado inestable. El padre de mis hijos tendrá un carácter normal y una vida normal. Su vida no es real. Su vida es realmente patética’. Cuando posteriormente escribió su libro, Nicole culpó con firmeza de su decisión de abortar a la presión de su representante y de su compañía de discos. Pero doce meses antes la historia que contaba era muy diferente. Lo que había detrás de sus palabras, solo plenamente comprendido por aquellos que conocían el secreto que la pareja ocultaba al mundo, era que Nicole había decidido abortar porque no quería que Rob fuese el padre de sus hijos. ¿Qué otra cosa podía él pensar después de leer estas declaraciones?. ¿Fueron sus afirmaciones sobre la coacción ejercida en los despachos empresariales, desesperados por no poner en peligro la mina de oro que habían descubierto, una pantalla de humo?. ¿Fue la verdadera razón de que hubiera acudido a aquel estéril e impersonal edificio para que le practicaran el aborto que tenía miedo ante la perspectiva de que Rob, con su desordenada vida, se convirtiera en el padre de aquel hijo al que él ya había puesto nombre y para el que había escrito una canción?. Seguramente fue lo que Rob pensó cuando lo leyó. Nicole hablo de Lilyella, el bebé que su compañera Melanie Blatt había descubierto que estaba esperando el mismo dia que Nicole se dio cuenta de que estaba embarazada. Nicole dijo, ‘Cuando veo a Lily solo pienso que tiene que ser como sentir que lo tienes todo, pero tiene que haber algo más que solo querer tenerlo. Me gustaría saber como hubiera sido mi bebe, pero no estoy celosa de Mel. Lo que ocurre es que todavía no estoy preparada. Quería tener un hijo antes del año 2000. Pero luego pensé que tal vez sería mucho mejor si naciera en el año 2000’.

También Rob se debió preguntar como habría sido su bebé. Nunca lo sabría. Las palabras de Nicole, incluso en su estado de resentimiento y amargura, fueron, con el conocimiento de lo que ambos compartían, doblemente crueles. La venganza, tal como Rob ya había aprendido, es un plato que se sirve frío.

La campaña para conquistar América fue ganando velocidad, pero los planes tan cuidadosamente elaborados por Clark y Enthoven fueron puestos en peligro por el comportamiento de Rob. La gira europea fue suspendida con la disculpa dada por su compañía de discos de que Rob sufría una infección viral. La verdad era que conseguir que subiera al escenario era una ardua batalla para sus agobiados representantes. Las afirmaciones de que Rob simplemente no se encontraba bien fueron un intento desesperado para apartar la atención del verdadero problema. Con el reclamo del mercado americano no podían permitirse admitir que el cantante, que un par de meses antes había alardeado ante los peces gordos de la industria americana de que él era el lado bueno y sin vicios del Britpop, pareciera ahora haberse estarse metiendo más alcohol y drogas que los dos hermanos Gallagher juntos. Con la cancelación de los conciertos europeos en el último minuto, los rumores de que Rob estaba perdiendo el control se hicieron más fuertes. Los rumores culminaron con un periódico preguntando ‘¿Dónde está Robbie?’. Rob respondió a las crecientes especulaciones con una llamada al DJ Jaime Theakston de Radio One. Le dijo a Theakston que no es que hubiera desaparecido sino que se estaba recobrando de los cortes y magulladuras que había sufrido después de caerse de un quad(52). No había nada de verdad en los rumores de que había vuelto a sus antiguos hábitos, le dijo al DJ. De hecho no había tomado un trago desde hacia un mes.

La realidad era, sin embargo, asombrosamente diferente. La gira europea había sido cancelada después de que Rob se negara rotundamente a subir al escenario en el concierto de apertura en Estocolmo. Mientras el público esperaba expectante a que apareciera su héroe, Rob se veía envuelto en un enfrentamiento con su equipo. Casi al borde del pánico estaban intentando desesperadamente convencer a la estrella del espectáculo de que no defraudara a sus fans, además de que la demanda podría costarle casi medio millón de libras. Durante una hora y mientras se mantenía abierta una línea caliente con las oficinas de Londres, Guy Chambers, su banda, el director de la gira y su asistente personal Gabby Chelmicka, suplicaron a Rob que saliera y se pusiera delante de sus fans. El cedió y dijo que daría el concierto y luego cambió de opinión otra vez. Al final, con el público sueco pidiendo a gritos que comenzara el espectáculo, se vieron obligados a salir al escenario y decirles que el concierto se suspendía.

El estado mental de Rob en Estocolmo era la consecuencia de las tres noches anteriores que habían sido legendarias, incluso comparadas con las que le eran habituales. En la etapa final de una gira promocional por los Estados Unidos, Rob había dado un concierto en Austin, Texas. Después del concierto se dedicó a quemar la ciudad y darle a la botella. Terminó en su hotel con un pequeño grupo de complacientes chicas y la fiesta continuó con la ayuda del vodka y un suministro sin fin de cocaína de la mejor calidad. A la mañana siguiente Rob, todavía borracho y manteniendo una dura batalla con la gravedad, fue guiado por el aeropuerto para un vuelo directo a Suecia para el inicio de la gira europea. Les había suplicado a David Enthoven y Tim Clark que le llevaran con ellos de vuelta a Londres. Pero sus representantes persuadieron a la estrella de que hiciera el viaje a Estocolmo y Rob se pasó durmiendo en su asiento de primera clase todo el viaje a través del Atlántico. Una vez en Estocolmo, el equipo tenía un dia y medio para conseguir que el cantante estuviera en el estado adecuado para subir al escenario. Sin embargo, la juerga tejana había sido tan salvaje que, según se acercaba la hora de inicio del espectáculo, Rob, sufriendo aún los efectos de la resaca y el síndrome de abstinencia, no se sentía capaz de entretener a nadie. También se quejaba de dolor de garganta. El colmo fue una teatral rabieta de prima donna que solo las más grandes estrellas son capaces de representar. En el recinto del concierto, Rob descubrió que dos de sus miembros favoritos del equipo no estaban trabajando en la gira. Con este descubrimiento canceló el concierto, le dijo al director de la gira que no iba a continuar y se volvió al hotel. Más tarde durante esa noche aun tendría más malas noticias para su equipo. No era solo en Suecia donde no iba a actuar: iba a cancelar toda la gira europea.

Rob voló a casa con su madre mientras EMI afirmaba que todavía estaba superando su misteriosa infección viral. Pero aparentemente se les olvido hablarle a Rob sobre esta pantalla de humo. Algunos dias después le fotografiaron jugando al fútbol con un equipo amateur de Stoke. ‘Es verdad que esta enfermo. Eso es indiscutible’, dijo un nervioso portavoz de EMI. Rob podía haber estado enfermo, pero no por culpa del aparentemente resistente virus. Su representante y discográfica estaban manteniendo una lucha cada vez más dura para mantener ocultos su habitual consumo de drogas y alcohol mientras intentaban esquivar a la suspicaz prensa. Incluso su viejo amigo Elton John estaba preocupado por la salud de Rob. ‘No sé que es lo que esta pasando exactamente, pero me llegan noticias de él’, dijo el Hombre Cohete(53). ‘solo espero que solucione sus problemas y se cuide. Estoy realmente preocupado’. El asalto a los Estados Unidos estaba a punto de empezar. En privado, Clark y Enthoven esperaban que el instinto de conservación que Rob había mostrado en anteriores ocasiones en que se había acercado peligrosamente al borde del precipicio, apareciera de nuevo ahora cuando más lo necesitaban. Esperaban que diera marcha atrás, recuperara la razón y les diera una oportunidad para luchar. También sabían que cualquier estrella británica que realmente quisiera triunfar en América tendría que invertir un enorme montón de duro trabajo y dedicación en la empresa. Rob no parecía encontrarse en el estado adecuado para llevar a cabo la tarea. Algunos de los mejores grupos británicos, como Oasis o Blur, se habían topado con la resistencia del público americano a comprar sus discos. A All Saint también les había costado progresar porque las consideraban demasiado viejas y con mala pinta para ganarse al mercado adolescente. El hecho de que Natalie Appleton fuese una madre soltera también les había perjudicado ante el notoriamente mojigato público americano. Solo las suaves y descafeinadas Spice Girls habían conseguido igualar su éxito en Gran Bretaña a través del Atlántico. El consuelo para aquellos que habían invertido dinero en Williams era que él deseaba triunfar allí mucho más que ellos aún. Nunca se iba a conformar con el mercado nacional, Europa y una cada vez mayor parte del mundo. Para Williams, entonces y ahora, América era el Santo Grial. Era el hogar de sus héroes Frank Sinatra y Dean Martin, el mayor mercado del planeta, la prueba final de que lo has logrado, la mayor afrenta a Gary Barlow y Nigel Martin-Smith. ‘Barlow se suicidará cuando yo triunfe en América. Lo sé’, solía repetir Rob mientras preparaba su próximo viaje a los Estados Unidos.

En mayo Rob se embarcó en una gira por Canadá y los Estados Unidos para promocionar su recientemente lanzado álbum The Ego Has Landed. El disco, realizado para ser lanzado solo en Estados Unidos, era una recopilación de sus mejores canciones de Life Thru a Lens y I’ve Been Expecting You. Mientras que en Inglaterra y Europa Rob podía esperar actuar ante un público de 15.000 personas, aquí le habían reservado pequeños clubs, que no podían contener más de un par de miles, mientras intentaba darse a conocer en los Estados Unidos. También se organizó una exhaustiva serie de apariciones en televisión y la maquinaria del marketing se puso a trabajar a toda marcha. MTV le dedicó un programa de una hora titulado El Próximo Gran Triunfador. Lo más importante para Rob y su compañía de discos fue conseguir que el aún relativamente desconocido cantante interviniera en el programa de la CBS Late Show with David Letterman, uno de los más famosos e influyentes. Esta aparición era fundamental en la estrategia para convertir a Williams en una estrella a ambos lados del Atlántico. Pero por una vez los nervios traicionaron a Rob.

En su primera aparición como invitado en Parkinson, Rob se había ganado al público y al presentador con su innato encanto natural y su sentido del humor. Su cálida acogida había sido el resultado del mutuo entendimiento entre él y aquellos sentados al otro lado de la cámara. Ellos sabían quien era él. Era el tipo que sonreía y hacía reír, el descarado. Ellos conocían su accidentada y problemática historia y a pesar de eso les gustaba. El los conocía y sabía instintivamente como actuar ante ellos. La tarea que se había impuesto en su intento por triunfar en América no podía haber sido más gráficamente ilustrada que con su aparición en el show de Letterman. Rob cantó ‘Millenium’, la canción elegida por Capitol, su discográfica americana, para su lanzamiento. Pero las tan costosamente contratadas mentes pensantes y publicistas de la prestigiosa firma de relaciones públicas Nasty Little Man, que habían convencido a la cadena de televisión de que invitara a aquel inglés bullicioso y lleno de dinamismo y personalidad, parecía que habían sobrevalorado a su cliente a juzgar por su actuación ante el público americano en horario de máxima audiencia. En el momento de máxima presión, cuando se sentó al otro lado de la famosa mesa de Letterman, el legendario carisma de Rob le abandonó. Titubeante y adulador en su conversación con el mejor entrevistador del mundo, Rob parecía intimidado e inseguro. Empezó la entrevista con un torpe y demasiado efusivo discurso diciéndole a Letterman el honor que era para él estar en su programa y el gran fan que era de él. Sus chistes no hicieron gracia, su padre era un cómico, pero no de esos que hacen reír, dijo nerviosamente. Cuando Letterman mostró una foto de un joven Williams en Take That, Rob dijo, ‘Ese no soy yo, es mi hermano’. Letterman que no tenía ni idea de quien era Rob, se lo creyó.

Ese ha sido el mayor problema de Williams en la búsqueda de esa fama más allá del Atlántico que siempre ha deseado. La mayor parte de nuestro interés por él tiene sus raíces en nuestra historia colectiva. El es parte de nosotros, nosotros somos parte de él. Hemos visto de cerca su desintegración, su renacimiento y su triunfo final. Conocemos su historia. Estuvimos dentro del confesionario mientras él pagaba públicamente por sus pecados. El nos ha involucrado, se ha confiado a nosotros. Cuando, en Escapology, canta acerca de ser ‘el hombre más atractivo del mundo’, sabemos que él fue una vez como un pudin hinchado que no podía soportar su propia imagen en el espejo. ¿Pero como podía su público americano sentir esto? Lo más seguro es que pensaran ‘Este britis(53) esta muy pagado de si mismo’. De la misma forma, cuando canta ‘es difícil ser humilde cuando eres tan jodidamente grande’, ¿Qué significa esto para un público que lo ve como cualquier cosa menos grande? Al final de su primera aparición en el programa de Letterman, el presentador parecía haber desarrollado una natural resistencia al encanto de Williams. Sin molestarse por mencionar el nombre del rey del pop británico, Letterman se refirió a Rob, que por aquel entonces tenía 25 años, como ‘el chaval’.

De vuelta en Inglaterra para recoger dos premios Ivor Novello por sus composiciones, Rob se mostró belicoso. Todos aquellos que ya habían dado por perdida su oportunidad de conquistar América podían ‘irse a la mierda’, dijo. ‘Estoy en América y voy a triunfar, y los que no me crean se van a tener que comer sus palabras’. Sin embargo, ‘Millennium’ fracasó en su intento de conseguir aquello que estaba esperando.

(51) Que puedo hacer para que me ames
(52) Moto de cuatro ruedas
(53) ‘Rocket Man’, nick de Elton John
(54) ‘Limey’, se utiliza en América despectivamente para referirse a los ingleses.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:17

CAPITULO 13:

80.000 RAZONES PARA ESTAR DEPRIMIDO


El último acorde de guitarra resonó a través de los altavoces y 80.000 personas se volvieron locas. Robbie Williams había hecho su última reverencia, la banda abandonaba el escenario, abrazándose y saludando a los fans. Rob, ya fuera de la vista de la gran multitud que había convertido Slane Castle en Dublín en una escena que parecía una final de la copa, había dicho a la marea humana de allí abajo, ‘Gracias por darme la mejor noche de mi vida’. Había sido el mayor concierto que jamás había dado. Rob se había mostrado irresistible, engatusando, provocando al público, haciendo bromas, dándoles lo que habían ido a buscar. El animador consumado, fue el campeón indiscutible, el maestro de su oficio. Los críticos lo sabían, el público, que hizo temblar el suelo mientras saltaban todos a la vez y cantaban cada palabra de sus canciones, lo sabía. Pero lejos de las cámaras y de los sonrientes y tímidos chicos del backstage que consiguieron captar una mirada traviesa de la estrella mientras se dirigía a su camerino rodeado por su séquito, la atmósfera había cambiado. Ahora no había saludos con el puño cerrado, ni besos lanzados a la extasiada multitud, ni sus ojos muy abiertos recorrían con la mirada al público sin perder ningún detalle, ni tampoco su sonrisa característica. Ahora solo había lágrimas y un sentimiento de desolación. Más tarde los sentimientos se convertirían en enfado, amargura y odio hacia si mismo. ¿Cómo podía él, Rob, el tipo de Stoke, que lo único que había deseado era ser famoso, entretener y ser amado, ponerse delante de toda esa gente, que le había demostrado su cariño, su afecto y su respeto, y no sentir nada? ¿Qué era lo que no funcionaba dentro de él? ¿Cómo podía tan inimaginable éxito, tan desenfrenada adoración por parte de su público, dejarle tan abatido? ¿Cómo de jodida tiene que ser tu vida para que te pase eso?

Las palmadas en la espalda, el jolgorio del camerino de la banda, los apretones de manos de los miembros de la discográfica, no significaban nada para él. Fuera del escenario y de los focos Rob podría describir su principal emoción como ‘tristeza’. Es una palabra muy popular en el léxico de males de Williams. A menudo parece estar pasando el mejor momento de su vida ahí enfrente de los chillones fans. Pero tan pronto como se baje del escenario su humor cambiará. ‘Gran concierto’, le dirán uno o dos miembros de su equipo. ‘No, el de esta noche no lo ha sido’, es la más probable respuesta de Rob. Incluso aquellos que suelen estar alrededor de la estrella son incapaces de saber de que humor estará una vez que se aleje de los focos, baje las escaleras y se dirija desde el escenario hacia su habitación. Su padre, Pete, un hombre con muy buen ojo para las actuaciones estelares, a menudo se ha encontrado a si mismo felicitando a su hijo por un gran espectáculo y a Rob respondiéndole que cree que ha sido una mierda.

A finales del verano de 1999, a pesar del éxito espectacular del concierto de Slane Castle y las favorables críticas que provocó, Rob estaba listo para abandonarlo todo, no volver a actuar y no volver a grabar un disco. Ya había tenido bastante y quería dejarlo. Intentaría hacer otra cosa, cualquier cosa, menos esto. Ya no disfrutaba subiéndose a un escenario y entreteniendo al público. El momento había pasado, la euforia como de una droga que solía sentir ya no era igual. Todas esas caras que le miraban desde abajo con adoración ya no le hacían sentir nada. La pérdida de la alegría le torturaba. Pero la verdad era que no importaba que hubiera 80.000 personas u ocho allí delante de él, porque él sentiría lo mismo. En Slane Rob estaba en un estado cercano a desmoronarse. Todos a su alrededor temían no solo que no fuera capaz de subir al escenario para dar el concierto, sino, lo más importante, que fuera un verdadero peligro para sí mismo. Su comportamiento en el backstage había sido frenético y extraño. Dicen que puso su mano en el muslo de una chica de su equipo y empezó a apretar hasta que ella hizo una mueca de dolor. En ese momento se volvió hacia ella y dijo con mal disimulado pánico, ‘Me muero de ganas por un poco de cocaína. De verdad que la necesito’. Durante la mayor parte del verano había estado hundido en su depresión. América se le había escapado y finalmente había fracasado. A su regreso de los Estados Unidos había sufrido una crisis nerviosa. No quería ver a nadie. Se quedaba en casa, con miedo a salir, asustado por tener que hablar con la gente, aterrorizado de tener que conversar con cualquiera en la calle y que pensara que era aburrido o estúpido. No podía levantarse de la cama y enfrentarse a todo un dia por delante. ‘Me aterraba hasta bajar a la charcutería y que la gente me hablara o me mirara’, recuerda. ‘Y yo sabía que no tenía nada que decirles. Pensaba que era una persona aburrida’.

Su deseo de dejar la música, de dejar de ser Robbie Williams, la descarada y adorable estrella del pop, se había estado madurando desde septiembre del año anterior, desde el lanzamiento de ‘Millennium’ en Inglaterra. Rob recuerda, ‘Quería dejarlo. Lo único que pensaba era “No quiero hacer esto nunca más”. Quería dejar la música y los escenarios’. Dos meses después del concierto de Slane Castle Rob estaba harto. De nuevo en los Estados Unidos, en otra gira promocional, se quejaba, ‘En este momento me importa una mierda lo que la gente piense de mi y realmente no tiene sentido que me suba a un escenario. No sé lo que quiero hacer, pero seguro que no es esto. Esto ya no me gusta’. Del espectacular concierto irlandés dijo, ‘Fue el mayor concierto que jamás he hecho y me sentía tan infeliz, tan asustado. Es ese sentimiento de haber logrado lo que siempre has deseado, el síndrome del paraíso. Te hace darte cuenta de que, no importa todo el éxito que tengas, no te aporta nada como persona. ¿Qué haces después de esto?. He tenido una crisis nerviosa y han ocurrido toda clase de cosas desagradables en mi vida y todo ello me ha llevado a este momento. Te hace pensar ‘¿Porqué quieres seguir vendiéndote?’. Eso es lo que estoy intentando averiguar’.

¿Cómo puede ser que, en medio de tanta adoración por parte del público, con un mar de caras mirándole, amándole, gritando su nombre, lo único que puede sentir es tristeza, desolación y sufrimiento? ¿Cómo podría tal emanación de cariño por parte de miles de personas que están allí solo para verle dejarle tan imperturbable y con tan pocas ganas de repetirlo?. La sencilla respuesta era, por supuesto, que toda esa gente en el público gritando por él, adorándole, no significaba nada para él. Unos locos patéticos. ¿Cómo podían amar a un hombre que se odiaba a sí mismo? ¿Qué sabían ellos, al fin y al cabo? Cuando te odias a ti mismo con tanta pasión, con tanto desdén, ¿como puedes sentir respeto por aquellos que están tan engañados que creen que tu eres algo especial?. Es un viejo problema: ¿Cómo puede aceptar amor hasta que no sientes que te lo mereces?.

A pesar de su aparente disposición a abandonar su carrera en el pop, Rob todavía se las arreglaba para al menos lograr la ilusión de que se lo estaba pasando bien en el escenario. En octubre no le costó demasiado destacar en el concierto benéfico NetAid en el estadio de Wembley, con una vibrante y brillante actuación, marchándose del escenario sin nada que envidiar a David Bowie o George Michael. A la vez que firmaba un contrato de 2 millones de libras con Pepsi, se colocó en el primer puesto de una encuesta entre los lectores de Cosmopolitan que le votaron como el hombre más guapo del mundo. Incluso consiguió figurar al lado de Elvis Presley y Mozart en una encuesta hecha a 600.000 personas por HMV(55) en la que se pedía nombrar a los 20 mejores músicos del milenio.

A pesar del enorme esfuerzo y la cantidad de dinero gastados en la tarea que tenían entre manos, América no fue abandonada sin luchar. Su álbum The Ego Has Landed había fracasado en su intento de meterse en los primeros puestos de las listas y a pesar de los conciertos que había dado, o tal vez por su causa, el calificativo que le habían puesto como ‘El próximo gran triunfador’ parecía estar bastante lejos de la realidad. En Atlanta, en octubre, había dejado al público desconcertado cuando salió al escenario totalmente desnudo pretendiendo haberse perdido. Su proeza apareció en los titulares en Inglaterra, pero se parecía más a Norman Wisdom (56) que a Jim Morrison (57). Había invertido mucho en la empresa y había admitido que ‘Será muy embarazoso si no puedo triunfar allí’. Pero el stress de la agotadora campaña para conquistar América había empezado a aparecer. Se le manifestó un grave eczema que le dejó la piel irritada y roja. Seis meses después de la crisis nerviosa que había sufrido todavía tenía que mantener una dura batalla diaria todas las mañanas para levantarse de la cama. Ni siquiera las citas con la encantadora Joely Richardson, la estrella de la película 101 Dálmatas, consiguieron levantarle el ánimo. Habían llegado cogidos del brazo a una fiesta de la revista Vogue en Londres en noviembre y se les vio besándose más tarde mientras cenaban en The Ivy. Pero al mismo tiempo Rob se lamentaba de su suerte. ‘Lo único que quiero es tener una vida normal, pero hay demasiadas presiones’, dijo. ‘Ni siquiera mi perro me ayuda porque se caga en la alfombra diez veces al dia. Me levanto por la mañana estresado y deseando normalidad’.

Pero de todas formas, también era consciente de que no se encontraría mejor no siendo famoso. ‘Con una personalidad como la mia, sería mucho peor si no fuera famoso’, había dicho seis meses antes. ‘Estaría en algún pub en Stoke-On-Trent, gordo y quejándome de no haberlo conseguido antes de caer desmayado debajo de la mesa’.

Por si no tenía pocas preocupaciones, la ;-D con el cantante y compositor americano Loudon Wainwright III había terminado en los tribunales. El cantante había presentado una demanda judicial a principios del año 2000 sobre la canción de Williams ‘Jesus in a camper van’ del álbum ocho veces disco de platino I’ve Been Expecting You. La demanda se centraba en la letra casi idéntica a la canción de Wainwright ‘I am the way (New York Town)’. En su canción, Williams canta ‘Even the Son of God gets it hard sometimes, especially when he goes around saying “I am the way”’(58). En la canción de Wainwright, escrita 25 años antes, cantaba, ‘Every Son of God gets a little hard luck sometime, especially when he goes round singing “he’s de way”’ (59). Las dos partes no habían conseguido llegar a un acuerdo sobre el reparto de royalties en agosto de 1998, y la discográfica de Wainwright, Ludlow Music Inc., presentó una demanda por daños ante la Corte Suprema. La compañía también solicitó la supresión de la canción en el álbum de Williams. Se estimó que la acción costaría millones de libras. La batalla legal se alargó hasta febrero de 2002 en que fue ganada por Ludlow Music, que tenía los derechos sobre la canción de Loudon Wainwright y de la melodía que la había inspirado, ‘I am the way’ de Woody Guthrie, escrita en 1961. La discográfica había alegado daños adicionales por parte de Williams y Chambers, pero la Corte Suprema de Londres, rechazo dichas alegaciones. De todas formas, el juez, el Magistrado Pumfrey, ordenó que ‘Jesus in a camper van’ fuera eliminada de I’ve Been Expecting You. También ordenó a Rob que entregara el 25 por ciento de los royalties sobre la canción.

Rob trató de superar sus problemas más inmediatos en cuanto comenzó el milenio, con unas vacaciones de año nuevo en la estación de esquí de St. Moritz con su nueva novia Tania Strecker, de 26 años, presentadora del show de Channel Tour Naked Elvis. Strecker, de piernas larguisimas y madre soltera, era bien conocida por su afición a las fiestas y a hacerse publicidad, y a menudo había sido vista saliendo de nightclubs en diversos grados de exaltación. Ella había sido una antigua novia del director de cine británico y futuro Sr.Madonna, Guy Ritchie. La rubia aspirante a famosa iba de su brazo cuando Rob se dirigió a los Brits en el Earl’s Court a primeros de marzo. Rob, que había volado desde New York para la ceremonia, terminó la noche batiendo un nuevo record al añadir dos Brits más a los nueve que ya tenía. Su número uno ‘She’s the One’ fue votado como el Mejor Single y el video de la canción, que mostraba a Rob imitando a Torvill y Dean (60) en la pista de hielo, ganó como Mejor Video. Con ellos ya poseía dos Brits más que Annie Lennox, que hasta entonces ostentaba el record de Brits ganados. Había ganado cinco en dos años a los que había que añadir los cuatro que ganó como miembro de Take That.

Mientras recogía sus premios, Rob tuvo la oportunidad de añadir otro asalto a su pública pelea con los hermanos Gallagher. En el escenario hizo una versión burlesca de un ‘colgado’ haciendo muecas al estilo de Liam. Luego se ofreció a pagar 100.000 libras de su dinero si Liam igualaba la apuesta en un combate de boxeo entre los dos. ‘¿Vas a hacerlo o te vas a acojonar, jodido imbécil?’, se burló. La polémica era el último asalto en el público intercambio de insultos que había proporcionado a ambas partes una gran cantidad de publicidad gratuita. Dias antes de los premios, el hermano de Liam, Noel, había descrito despectivamente a Williams como un ‘bailarin gordo’. Rob reaccionó enviándole una corona de flores a través de las oficinas de The Sun, con el mensaje, ‘R.I.P. He oído tu último álbum. Mi más sentido pésame’. Un enfadado Liam amenazó con dar una paliza a su antiguo colega de Glastonbury.

Rob había empezado ya a hacer planes para una fundación benéfica que iba a ser creada con los dos millones de libras que había recibido del contrato con Pepsi. En mayo creó la fundación ‘Give It Sum’, que sería dirigida por Comic Relief. El dinero contribuiría al trabajo con UNICEF en el que Rob se había implicado a través de su amigo Ian Dury, quien había perdido su larga batalla contra el cáncer un mes antes. Financiaría la beneficencia local de Stoke, tal como ya lo hacía ‘Jeans for Genes’, la fundación benéfica que financiaba la investigación de enfermedades hereditarias.

A Rob le gusta la palabra ‘serenidad’. Juega un papel importante en su vida. Representa como se siente cuando se desvanecen, al menos por un momento, las inseguridades, el miedo y la constante atracción de la botella. La serenidad es un sentimiento al que Rob desea aferrarse. Esta palabra incluso forma parte de uno de los tatuajes de su brazo ‘Elvis, grant me serenity’(61). Utiliza la misma frase como una oración cada noche antes de subir al escenario. Se espera que tanto los miembros de la banda, como el equipo y como cualquiera que ande por los abarrotados pasillos del backstage se una al corro mientras el Reverendo Williams dirige la oración. Las palabras, como el tatuaje, son según dice, una protección. La cruz católica en su pierna y la cabeza de león con el emblema ‘Born to be Mild’ (62) en la parte superior de su brazo son también protectores. Cree en su poder, en su significado casi religioso.

‘Sereno’ fue la palabra que utilizó momentos antes de subirse a un terriblemente rudimentario helicóptero Puma en la primavera del 2000. Con los ojos casi cerrados en la nube de polvo levantada por las palas del rotor, se dirigió a su asiento y contempló la escena que se desarrollaba mas abajo mientras volaba de vuelta al cuartel general de UNICEF en Maputo, Mozambique. Habiendo asumido el papel de embajador de la organización benéfica después de la muerte de Ian Dury, había pasado el día en la parte trasera de una camioneta que le había llevado a través de las inexistentes carreteras del país, que había sido arrasado por las devastadoras inundaciones que mataron a 700 personas a primeros de ese año, y por la epidemia de SIDA, que infectaba al mismo número de personas cada dia. El viaje se había realizado en un momento difícil. El fin de semana antes de volar a África, Rob había vuelto a la bebida de una forma espectacular. Podía afirmar que había estado sin beber nueve meses antes de sucumbir a la tentación de otro trago. Había estado preocupado por el viaje y por su nuevo papel en la organización benéfica. ‘Estaba petrificado. Iba a representar a UNICEF y estaba avalado en cualquier sitio en que pusiera los pies, lo que siempre esta bien si hago mi trabajo”. Estaba claro que los oficiales, los peces gordos del gobierno, no tenían ni idea de quien era aquel visitante con pantalones cortos y camiseta. Ni tampoco las hileras de niños de la escuela provisional que Rob había traído y donde las clases eran tiendas enviadas por UNICEF desde Kosovo. Pero siempre un animador, Rob estaba en su elemento, jugando al fútbol y divirtiéndose con los alborotadores chiquillos. La comprensión del impacto de su trabajo en las obras benéficas le llegó tras un recorrido por las salas donde niños pequeños se morían de sida y de kwashiorkor, una enfermedad producida por la deficiencia de proteínas. Rob le dijo al médico de guardia lo mucho que admiraba su trabajo y dedicación. ‘No’, le contestó el médico, ‘Tu podrías hacer más de lo que yo nunca podré’.

Como en su visita a Sri Lanka dos años antes, el viaje le permitió a Rob analizar su propia existencia, sus motivaciones y su deseo de ser famoso. ‘Adoro tener público, pero me aterroriza estar cara a cara con alguien’, dijo. Era consciente de que su anhelo de celebridad era la forma de llenar un vacío en su vida. Nadie sabía realmente como era él. ‘Dejé de ser Robert y dejé de ser el asustado chaval de 16 años que se fue de Stoke-on-Trent’, dijo. El breve anonimato del que disfrutó en África fue un bienvenido alivio. De vuelta a casa, Rob admitiría que solo tenía un amigo, su compañero de la infancia y compañero de piso Jonathan Wilkes. Su recién adquirida fortuna de 10 millones de libras no ayudaba. ‘Es difícil para mi encontrar amigos porque tengo 26 años, he hecho una fortuna y soy muy conocido’, dijo, ‘asi que tengo que ir a lugares exclusivos y caros tan solo para protegerme’. Además de la pura dificultad de salir sin ser acosado por los fans o molestado por un montón de personas acercándose a su mesa en cualquier restaurante, esto se estaba convirtiendo en un problema. Una vez en que Rob fue a las carreras con Pete, se le acercó una mujer y le pidió que se moviera un poco hacia la izquierda para que su amiga pudiera verle. Eso y el riesgo de que le pudieran ofrecer drogas y tentar para volver a sus antiguos hábitos, significaba que la mayor parte del tiempo Rob se quedaba en casa viendo el Canal de Historia. La clave para permanecer sobrio era su compromiso con Alcohólicos Anónimos y su incorporación a su programa, sin importar en que parte del mundo estuviera, había tiempo para acudir a las reuniones, a menudo con un antiguo adicto, su representante David Enthoven. Después del desastre de la cancelación por Rob de la gira europea el año anterior, Enthoven había adoptado el papel de mentor y apoyaba a Rob cuando estaba fuera de promoción o de gira. El esta siempre a mano para aconsejar a su protegido, jugar a las cartas con él o acompañarlo a las reuniones del programa de 12 pasos.

Ambos hombres recibirían la recompensa del comportamiento de Madre Teresa de Enthoven. Los beneficios financieros que produce una gira que funciona bien son enormes. Cuando en el verano del 2000 se pusieron a la venta las entradas para la gira británica de Williams, se vendieron en menos de seis horas produciendo unas ganancias record de 6,7 millones de libras. La gira, que empezaría en octubre en el NEC de Birmingham, fue un éxito inmediato. Las 44.000 entradas para el concierto en el NEC estaban vendidas a mitad de la mañana del primer dia en que se pusieron a la venta. En Manchester las líneas telefónicas se colapsaron con fans solicitando las 75.000 entradas para el concierto en el estadio Manchester Evening News de esa ciudad.

Dados los problemas de Rob con las mujeres, probablemente fue una idea sensata mantener al corpulento Enthoven a su lado para que le proporcionara apoyo emocional. En abril Rob había roto con la hijastra de su representante Tania Strecker. Más tarde se lamentaría de su mala suerte con las mujeres. Pero fue a su ex-prometida Nicole Appleton a quien se dirigirían sus más mordaces comentarios. ‘Nunca he estado enamorado’, declaró a principios del verano. ‘Si, estuve prometido, pero en este loco y confuso mundo del espectáculo, eso no significa nada realmente, ¿verdad?. No quiero entrar en explicaciones porque eso no es asunto del público – se trata de mi incapacidad para desenvolverme dentro de la realidad. No tengo a nadie. Es lo que decía Groucho Marx “No me gustaría pertenecer a ningún club que me tuviera a mi como miembro” y esto es bastante cierto en mis relaciones’. También dejó claro su veredicto sobre muchas de las mujeres con quienes había salido. ‘Creo que sabes lo que buscan’, dijo, ‘Seguro. Hay un montón de gente ahí fuera que quiere estar conmigo por quien soy y si sigo mi intuición estaré bien. Sino, me hará sentirme mal’. Su nueva existencia sin recurrir al alcohol le ayudaba, afirmó, ‘a causa de la nueva vida que llevo ahora puedo aguantar sin bajarme los pantalones. En mi antigua vida pensaba que tenía que acostarme con montones de chicas porque era una estrella del pop. Y eso es exactamente lo que hice porque me lo ofrecían en bandeja cada noche. En realidad hubo demasiado de eso y al final ya no me hacia feliz. Desgraciadamente las chicas con las que me he acostado tienen la costumbre de ir contándolo por ahí. Tan pronto como salen de mi cama se lo dicen a todo el mundo. El problema es que con esa clase de chicas que vienen a mi casa y con las que me acuesto, no puedo tener una conversación. Mi vida amorosa es mi negocio y estoy harto de ello. Antes de convertirme en un monje sabía que tenía que cambiar el rumbo porque mi antigua vida solo me hacia sentirme deprimido’.

Esto incluía su relación con Nicole, afirmaron amigos de la estrella. Confidencialmente dijeron que había puesto a su amada el apodo de ‘Nic la Ninfo’ por su insaciable apetito sexual. La activa Señorita Appleton, dijo, incluso se negó a dejarle salir de casa a comprar leche durante un particularmente apasionado fin de semana que terminó con el cantante perdiendo un vuelo a Europa porque no pudo escapar de sus lujuriosas garras. ‘Nic no me dejaría salir por la puerta a menos que folláramos allí y luego en el pasillo. Incluso me bajaba los pantalones antes de que pudiera contestarla’, había confesado el agotado Williams. ‘No me importaría si no lo hubiéramos hecho cuatro veces la noche antes. No se si lo aguantaría otra vez’. Qué coincidencia que estos comentarios tan poco caballerosos sobre su ex se produjeran al mismo tiempo que ella se embarcaba en una relación con su declarado y público enemigo Liam Gallagher. El cantante de Oasis y Nicole habían sido amigos durante más de un año, pero empezaron su relación amorosa en el verano del 2000. Rob estaba furioso con la relación y como resultado rompió todo contacto con Nicole. Consideró que su sorprendente unión con el de Manchester era el colmo de la traición y hasta el dia de hoy no la ha perdonado por ello.

(55) Creo que es algo parecido a la FNAC
(56) Cómico británico
(57) Cantante del grupo The Doors
(58) ‘Incluso el Hijo de Dios lo tiene difícil algunas veces, sobre todo cuando va por ahí diciendo “yo soy el camino”’
(59) ‘Cada Hijo de Dios tiene un poco de mala suerte alguna vez, sobre todo cuando va por ahí diciendo que él es el camino’.
(60) Pareja de patinadores británicos
(61) ‘Elvis, dame serenidad’
(62) ‘Nacido para ser afable’
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Re: Angels & Demons (Traducción Completa)

Notapor moiLolita30 » 25 Nov 2009 19:34

Capitulo 14 - Charla Hetero

Es un ritual peculiar y periódico. Eso lo puedes garantizar, cuando la bebida está flotando y la habitación está llena de ceñidas camisetas blancas, cabezas rapadas y devotos de Abba, la conversación es inevitable gira en torno al más crucial y presionado de todos los debates. Los hombres son gays, por alguna razón, más importante que la mayoría de ideas de famosos, pero sus especialistas sujetos, sus comienzos como adolescentes, es el campo de la intimidad de un famoso. Un viernes ó sábado por la noche puedes apostar por las mismas conversaciones que se han estado hablando en cada bar gay de Londres.
“Mi ex lo tuvo, querido, como en Navidad está enamorado. Debería de casarse, es tan dulce, pero está en la sombra de la sala de estar cada martes por la noche”.
La aceptación de estos locales nocturnos son como exámenes forenses es lo que el mundo distingue entre dos tipos de hombres: los que son gays y los que son gays pero no lo admiten. Alguien juraría que ellos saben si alguien se ha acostado con un hombre famoso, habría parecido ser tan heterosexual como Jim Davidson. el primero de la lista siempre es Robbie Williams. La evidencia por cada estado definitivo es, incluso hasta el más superficial de los examinados

Tan fiable como la referencia característica suministrada por Neil Halmiton. Pero la pregunta provocadora es: ¿Por qué todo el mundo está tan interesado en la sexualidad de Rob?
La mayoría de las respuestas son muy parecidas, porque él quiere mantenernos intrigados. Si no lo es, tiene una manera divertida de mostrarse.
Mirad la gran actuación con su compañero de piso Jonathan Wilkes durante su duo en el concierto Swing When Youre Winning en el Royal Albert Hall, las referencias de la pregunta sobre su sexualidad en las letras de sus canciones y un capitulo en su primer libro oficial, que decía así: “¿Es Robbie Williams gay?”. La mayoría en la industria se preguntarán si Rob es gay o heterosexual. La respuesta es, porque él lo ha hecho en nuestra industria, si queremos saberlo o no. No es sorprendente que debería encontrarse a sí mismo en el centro de un debate acerca de sus preferencias.
Después de todo, aquí hay un artista que una vez llevó puesto un vestido de licra y calzoncillos, zapatos de tacón y gorra de beisbol, fue dirigido por un manager homosexual que llevaba un grupo inicialmente indicado hacia el mercado gay. Pero, ¿por qué desde los años intermedios él ha salido con algunas de las mujeres más famosas del país y ha presumido como un colegial sobre sus conquistas? Y eso hace que las preguntas continúen.
Robbie Williams es innegablemente afeminado. Forma parte de su carisma, un legado de su sala musical, cabaret hereditario. Forma parte de su actuación, parte de la pequeña razón de mujeres adultas como él tanto como las adolescentes. Se esconde tras ello y juega con ello. Su primer sencillo “Old Before I Die” fijaba el tono. El éxito incluía la frase “¿Soy hetereo o gay?”. El tema continuó con “Kids” en un rap de Rob “Me pregunto si tal vez me gusta la sodomía, no lo sé, sí probablemente”. A él le gusta mantenernos en la incognita no sabemos si lo dice en serio o solo es otra de sus provocaciones.

La línea oficial de Rob es las mujeres de las que se rodea en todo momento, pero nunca hay que decir nunca jamás.
Él cantaba “Te doy por el culo, te doy por el culo” una y otra vez como calentamiento de voz antes de salir al escenario en el documental Nobody Someday y después decía: “Nunca me he acostado con un hombre. La idea se me pasa por la cabeza, pero siempre me detengo en sus partes. Todo se prueba alguna vez en la vida. No descarto la posibilidad, pero no estoy lo suficiente preparado todavía”.
Su compañía de discos les gusta la línea oficial. Rob se mantiene al margen de las especulaciones sobre su vida privada, pero EMI también. Como un gran artista del país, Williams atrae a hombres y mujeres, pero en sus actuaciones los chicos están fuera de numerados del 6 al 1. Las mujeres lo adoran; es guay, guapo y sexy. El sexy es importante. Si un artista como él saliera y confesara su homosexualidad ¿esas mismas mujeres lo encontrarían irresistible? ¿se matarían por tocar su mano cuando están ahí bajo el escenario en sus conciertos? ¿se subirían a hombros de otros para hacer topless y tirarle sus sujetadores? Los ejecutivos musicales intentan no romper los jovenes corazones masculinos que viven con horror una espontánea confesión gay, o aún peor, la perdida de dinero de una hilera de tickets. Tenemos que vivir en tiempos politicamente correctos, pero eso no ha ayudado a la carrera de George Michael desde que fue pillado en un lavabo público por un policía de Beverlly Hills.
También, ¿qué ocurrió con todas esas fans gritonas después de que el cantante de Boyzone Stephen Gately fuera al The Sun a contar a sus desvastadas groupies que sus sueños de estar en la intimidad con él nunca se iban a hacer realidad, ya que de hecho él estaba enamorado de un chico?.

Todo está correcto si te fijas en Elton John, pero si te escondes bajo una apariencia atractiva y una atracción sexual hacia las mujeres que forma la mayor parte de tu éxito, el ser gay tiene que ser eliminado como la plaga.
La conspiración de las teorías puntualizaría también hacia las relaciones de Rob con una serie de famosas. Más tarde llegó a encontrarse a sí mismo en el centro de atención por unas fotos en las que posaba desnudo junto a Rachel Hunter. Así mismo su relación con la ex Spice Girl , Geri Halliwell, abrió la pregunta. La relación entre las dos dio para escribir mucho sobre esto, un pequeño empuje positivo para dos artistas que acaban de sacar single para no desfavorecer un poco de curiosidad hipérbole cuando comenzaban sus promociones. Su relación con la patilarga presentadora de televisión Tania Strecker, también causó un gran escándalo en la industria adictos al cotilleo. Ella, se transpira, era la hijastra de su manager David Enthoven y, en el pasado, había dicho que Rob “formaba parte de la familia”. Cuando empezaron a salir Tania estaba intentando desesperadamente hacerse popular en televisión. La publicidad no podía haberle abierto más oportunidades. El dilema, más para la imagen del artista que para él mismo, es eso, negar algo para alimentar más los rumores. Eso dijo, Rob no parecía exáctamente estar totalmente resuelto para evitar la publicación. A principios del 2003 cuando grababa “Life Thru A Lens” de su nueva casa en LA para el MTV Cribs, él mostró su salón aparentemente como los gays. Y arrancó la manivela del campómetro salió a comprar una cinta de vídeo el día antes para dar a la escena autenticidad. Cuando la cámara finalmente siguió a Williams a la habitación presentó a sus amigos, un grupo de extravagantes jóvenes que estaban felizmente sentados alrededor del televisor viendo ese clásico musical afeminado, “El Sonido De La Música”

Su relación con Jonathan Wilkes, su compañero de piso y amigo de Stoke, el cual conoce desde que tenía 9 años, también es sujeto de especulación. Los cotilleos parecen olvidar que Wilkes mantiene una larga relación con su novia con quien planea casarse.
Su interpretación en “Me and My Shadow” estaba rebosante de ironía, Jonathan bromeando le dijo a su amigo, “No le diré a nadie que eres gay”. La pareja parecían seguir el juego, la sexta forma de la indirecta, el juego de la muñeca, la pantomima.
En una ocasión el cantante admitió hacer mella en su imagen como un amante hambriento persiguiendo faldas. Confesó que una vez besó a un amigo en un pub. Acerca del incidente dijo: “Estaba por allí y había un amigo mío vino hacía mí y me besó”. Pensé “¡mierda!” y entonces le besé. Pero de una manera viril”. Describió la escena como un “beso lésbico” diferente, una reacción homosexual, una reacción que tomaría cualquiera.
Pero no hizo hincapié en la posibilidad de tener una relación sexual con un hombre. “Tendré que probarlo” dijo. “Si me sintiera atraído por un hombre entonces lo haría, pero por ahora ni física ni emocionalmente me he sentido atraído por un hombre para hacer algo sexual con ellos”. En otoño del 2001 cuando se encontraba en Australia, dejó caer que quizás su experiencia debe ir más allá de eso. En tono bromista de nuevo acerca de su orientación sexual, un periodista de Melbourne le preguntó, y él soltó de golpe: “Mira, no soy ;-D, ¿vale?. Joder. Se lo digo al mundo entero. Pido disculpas a todos intenté ser gay, pero simplemente no es para mí. Si pudiera tomar una pastilla para ser gay, lo haría pero no es para mí”.

Sin embargo, a menudo se relaciona con variedad de famosas, preferiblemente rubias. Ciertamente, no ha habido escasez de chicas preparadas para ir a publicar sus relaciones sexuales con el cantante rompecorazones.
¿Cuál ha sido la reacción de Rob ante estas baratas historias vendidas de momentos privados, el comercio con la intimidad?
Parece sorprendentemente optimista con todo esto. La única vez que negó que habían contado la historia de un beso a la prensa fue cuando con un enfado fingido, dijo al público de TOTP que había planeado demandar a una supuesta conquista que quería hacerse rica, porque era tan fea que nunca se hubiera acostado con ella. De hecho, es de los que no comercian en el campo de las historias de un beso que publican en los periódicos, hay una aceptada regla de burla que Robbie Williams nunca se enfada con las declaraciones de las propiamente dichas chicas guapas. No encontrarías a Robbie circulando por High Court un sábado noche contando a alguien de ojos llorosos y medio dormido juez que necesita servir un entredicho al News Of The World o al Sunday People porque planean invadir su intimidad a la mañana siguiente mientras desayuna cereales y se recupera de un maratón sexual.
Es normal, con esa mayoría de apreciada prensa sensacionalista, no son tantas las historias de cama que la prensa publica. “Robbie es muy aficcionado a hacer tantos escándalos de cama como le sea posible”. Publicó el News Of The World. Cuando muestra sus músculos su símbolo Inoi reluciente parece que se mueve con la luminosidad de la mesa de luces. Robin descubrió que ella hacía moverlo aún más cuando sus dedos lo tocaran en persona. “El periódico publico las alucinaciones a sus lectores” gente de confianza les informaron de que Inoi es una oración Mahorí que Rob se tatuó en el hombro.

Raunchy Robin Reynolds de 27 años describió con todo detalle sus tres días de maratón de sexo en la habitación de Rob en el Hotel de cinco estrellas de Auckland llamado Somerset Grand Hotel. La rubia modelo, le contó al periódico que es la gran, gran, gran nieta de Rangihaerepo, el líder de la tribu Mahorí Whakatohea que fue uno de los líderes que firmaron un acuerdo con la reina Victoria en 1840 estableciendo las reglas entre Gran Bretaña y Nueva Zelanda. La historia se mueve en torno a la biología.
“En la cama a él le gusta darlo todo, incluso más de lo que recibe. No durmió más de tres horas en tres días” contó Robin.
La pareja se conoció en Julio del 2000, en la planta baja del bar del rascacielos en Nueva Zelanda después de que Williams llegara al país en un vuelo que duró once horas desde Singapur. La escultural Robin tenía un vaso de vino y estaba con su amiga peluquera Nicky cuando el cantante llegó y se presentó. Minutos después Nicky estaba trabajando con su mágico peine y tijeras en la habitación de Rob mientras los tres charlaban acerca de las relaciones y Rob les habló a las dos chicas acerca de sus hazañas en un californiano Jacuzzi. Una vez ella terminó el corte de pelo, se esfumó, Nicky desapareció, dejando a Rob invitando a Robin a verse en media hora. Para cuando lo hizo, ella se lo encontró en la puerta de la habitación y llevaba un suave albornoz.
Las previsibles habitaciones de estrellas del rock son un drama, inesperadamente te puedes encontrar con una escena, sospechas que Mick Jagger nunca representaría el papel principal de hombre. Cuando Robin entró a la habitación, Rob le dijo “algo no marcha bien”. El artista le dijo que tenía un ataque de pánico. Robin intentó calmar al agitado cantante y después él la hizo entrar en la habitación, según ella. “Yo llevaba unos pantalones negros ajustados y un pequeño top negro

Pero él me los quitó, mientras no paraba de besarme. Naturalmente yo respondí. Después me dijo que su ataque de pánico había desaparecido obviamente estaba mucho mejor” dice ella sonriendo. “Necesitaba mucho cariño. Todo el sexo que practicamos fue seguro y él se cuidó mucho con eso”. Cuando se marchó Rob, según contó ella a la prensa, le dejó un CD con el número de teléfono de su casa en Londres. Ella le regaló una cruz dentro de una concha, típicas en Nueva Zelanda. Robin recibió de brazos abiertos al News Of The World, posando en topless para el periódico y contando con todo detalle su encuentro. Pero vender su historia no se vio politicamente correcto en su país natal y Robin se fue a Londres y Los Angeles para escapar de la burla pública que estaba sufriendo.
El tiempo y la distancia hicieron un dramático efecto en su recuerdo, “de los tres días de maratón sexual”. Con la perspectiva del tiempo transcurrido, ella admite que el encuentro no fue exactamente el equivalente sexual de Jeux Sans Frontieres. “El se sentía muy solo y con muchos problemas” dice hoy la neumática rubia. “Me pidió que me quedara esa noche, pero para ser sincera, él solo buscaba algo de cariño. Me senté en una silla y él me echó la cabeza sobre mis piernas. Le acaricié el pelo y se durmió. Me dio mucha pena. Me dio la sensación de que buscaba en alguien el cariño de una madre. Necesitaba ese calor. No algo sexual”. Robin le cogió de la mano y Rob se llevaba tatuado el nombre de su abuelo Jack Farrell en sus muñecas. Cuando ella se marchó, él le dejó escrito el CD y se lo dio: “De Rob, gracias por cuidarme”.
Robin le dijo al cantante que si le importaba que contara lo que había pasado en un periódico una vez se marchara él a Auckland. Sorprendentemente, ella dijo, que todo fue idea de Rob. “El dijo que no le importaba mientras dijera cosas agradables” dice Robin. Así que fue Rob quien apoyó la publicación, según ella, cuando

Ella se tropezó con él meses después en Los Angeles, él mandó a paseo sus disculpas por las revelaciones sexuales tras su primer encuentro. Como era de esperar, Robin fue a reencontrarse con el News Of The World dando más llamativas descripciones del sexual dinamismo de Rob durante su segundo encuentro con él. poco después de una semana “la exhuberante Mahori” Robin se vio obligada a dormir con la suite de Rob en Auckland. La portada de The Sun llamaba la atención con un titular: “Robbie y Geri: Enamorados”. El periódico revelaba que Williams y la Spice Girl, Geri Halliwell, estaban “profundamente enamorados”. El periódico publicaba que los dulces corazones habían sido pillados en unas románticas vacaciones juntos al Sur de Francia. Un portavoz de Rob lo publicaba diciendo: “Es amor. No lo habíamos visto así en mucho tiempo”. Las consiguientes vacaciones en una casa alquilada por Geri, 10.000 libras a la semana, nada mejor para relajarse. El descanso era seguido por las lentes de los fotógrafos de prensa. Geri, se mostraba con su nueva figura delgada vestida con un mini biquini, abrazada al cuello de un musculado Rob y riendo a carcajadas, mientras él la llevaba a cuestas para la playa de St. Tropez delante de la gente. Rob incluso invitó al Radio Times a la casa para que le hicieran una entrevista durante “las vacaciones”.
Geri por supuesto, es una conocida maestra con un poco de creatividad PR. Las reglas del juego consistían en ser perseguidos por la prensa a los artistas para llevar a cabo “un juego de amor entre famosos” impidiendo ser perseguidos: dejando escapar una historia a una complaciente prensa de que un famoso y una famosa han sido vistos juntos. No decir que están enamorados, pero los cotilleos sobre ellos eran “no parecen tan felices” etc.
Después una vez la historia termine, pillas a los dos complacientes artistas juntos y hacerlo oficial a menos que haya un fotógrafo que capture el momento. Hacer oficial tu publicidad hambrienta a clientes que no pagan demasiadas cuotas.

Si ellos nunca admitían el romance, tendrían un alibio, después serían acusados de fingir una relación. Todo vendría a ser igual, ambas partes obtenían durante unas semanas unos buenos articulos antes del triste anuncio por sus representantes de que la relación había terminado. Quedarían como amigos, aunque solo se trata, por supuesto, de “un asunto privado”.
Durante todo el mes de pared en pared los periódicos eran portada de esta historia, Geri se mantuvo callada. Rob como siempre era más abierto. Cuando se dio cara a cara con el periodista de Radio Times, Andrew Duncan, durante el viaje, Rob confesó que su relación era solo platónica. “No nos hemos acostado juntos ni besado” dijo. “La quiero mucho y no quiero estropear una amistad por tener algo más serio”. La realidad era que los dos supuestos enamorados dormían en habitaciones separadas.
“Si tuviera una hija, no querría que saliera con la persona que soy, pero si la dejaría salir con la persona en la que me voy a convertir” añadía Rob.
Después, mientras se quejaba por la presencia de los paparazzis que los espiaban desde las colinas, la verdadera razón por la cual la farsa había terminado. “Seguramente invadían mi intimidad” explicó al periodista que invitó a sus vacaciones. “Yo quería saltar desnudo a la piscina. Pero no lo hice. Una foto de eso hubiera alzado mi single Rock DJ al número uno durante una semana más”.
La campaña había funcionado como un trato. Millones de publicaciones fueron fieles a la pareja con la historia publicada a miles de revistas femeninas con el titular “¿Finalmente Geri encontró el amor a la luz pública?” o “¿Por qué Geri no logró domesticar al hambriento amante Robbie?” pero había quienes sospechaban que la pareja nos habían estado engañando durante todo ese tiempo. Ambos estaban medio obsesionados por llenar en un corto periodo de tiempo el máximo potencial publicitario.

Geri, por supuesto, se había puesto en forma en este departamento. Justo a primeros del pasado año, ella había declarado fingir otra relación, esta vez con el DJ de Virgin Radio el famoso pelirrojo Chris Evans.
Doce meses después, Rob admitiría que no había tenido novia desde hacía dos años, desde que “apretó el paso” con Tania Strecker. Pero después, aparentó haber olvidado sus declaraciones de no haberse acostado con Geri, estaba cambiando de rumbo otra vez. Como estaba lanzando un bombardeo para promocionar su disco Sing When Youre Winning, Rob estaba aparentemente con cambios confusos de humor. Dijo haberse asustado de Geri cuando ésta empezó a jugar con muñecas y hablar como una “niña psicópata”. Acerca de lo de acostarse con la Spice Girl alguna vez dijo “no fue sexo en realidad”. Pasarían meses antes de que Rob finalmente fuera sincero y admitiera que nunca tuvieron sexo.
La broma “están juntos, no lo están” se utilizaba de nuevo para especular el efecto durante la colaboración de Rob cantando con Nicole Kidman. La bella estrella de cine de Hollywood que recientemente se había separado de Tom Cruise, convencida por el equipo de Rob para cantar a duo con él el clásico “Something Stupid”, la canción de Frank Sinatra y su hija Nancy. A decir verdad, el vídeo para el single no fue la única vez, daba a entender que la pareja sufría subidas y bajones no iba bien. Con la prensa británica saboreando el panorama de parejas en Bretaña y codiciando al cantante y a la glamurosa super estrella. La historia iba sobre la marcha. La pareja eran buenos complices. Felizmente jugaban al gato y al ratón con la prensa con artículos de Rob dejando a la adorable señorita Kidman en la suite del Dorchester a primera hora de la mañana. Previsiblemente, mientras había la oportunidad

De llegar al número uno con el single, tampoco negaba los rumores que habían convertido en noticia. La realidad, sin embargo, no era tan excitante. En verdad, nunca hubo una relación sino estrictamente profesional. Nicole divulgo tanto como pudo, después de grabar el vídeo subido de tono, ella dijo en una entrevista, “Robbie es muy dulce”. Su descripción difícilmente implicaba los juegos artificialesy sexuales que las fans imaginaban creer que continuaron después de que el director del vídeo gritara “¡corten!”.
El negocio de la música es sucio. Se coge más de lo que se comparte, los comerciantes obtienen dinero rápido, los chicos de carretilla son más felices colgándose de fajos de dinero que de una melodía, los atractivos colgados en percheros de flecos, soltando palabrotas y tomando Extasis, el gangster dando golpes falsos con actuaciones de segunda categoría y Mercedes de segunda mano. El viejo dicho de “Donde hay un éxito hay un fracaso” nunca se ha cumplido. Es un mundo donde ya te están jodiendo con un abrazo y un estrechamiento de manos. Cada hombre lleva consigo un sombrero de lata. Lo que se mueve es el dinero y nunca es la verdadera naturaleza del negocio la más aparente cuando hay una fila por encima.
Rob rompió con su primer manager después de Take That, Kevin Kinsella, tomando la ruta de la industria convencional y la amenaza de acabar en los juzgados.
La ;-D se basaba en todo el dinero que Kinsella reclamaba, Williams le debía varios meses ya que el manager había administrado los asuntos de Rob. Kinsella no le gustaban como a la mayoría de managers, llevar el cargo de porcentaje de ganancias, cuentas con sus clientes por su tiempo de trabajo, un plano cada hora por sus servicios expertos. Cuando la relación se rompió entre ellos, lo importante era lo que Kinsella reclamaba a Williams era la causa de amargo resentimiento entre los dos. Kinsella, que para el artista significó algún día como la figura de un segundo padre, rápidamente se convirtió en furia y resentimiento.

En unas semanas concluiría oficialmente la relación de su negocio los contratos volaban. Kinsella lo demandó, tenía un acuerdo legal con el cantante que lo garantizaba en cerca de 400.000 libras entre cargos y gastos. Los abogados de Rob contradijeron que no había un contrato formal entre la pareja. Kinsella demandó en el juicio que él tenía evidencia de que había enviado el contrato a la madre de Rob, Jan. La fila estaba formada por los abogados de Rob, Harbottle y Lewis que se dirigían al Tribunal Superior preparando una larga defensa contra las demandas de Kinsella. Su manager estaba bastante irritado ya que rechazó tomar un abogado para luchar con el caso e insistió llevarlo él mismo.
Por esa época el primer disco de Rob, “Life Thru A Lens”, se había publicado, y había perdido apoyo entre aquellos que fueron sus amigos. En verdad el estilo de Williams era una sarcástica dedicatoria a la familia Kinsella, entre otros, en unas letras del disco decía así: “Tú me enseñaste mucho acerca de la industria. Espero que todo lo que deseas, no vaya en contra mia”. Rob no sabía que iba a pasar esto en aquel momento, Kinsella no estaba dispuesto a perdonar como Rob en principio imaginaba. Kinsella había estado ocupado preparando un documento de 164 páginas el cual detallaba su demanda contra el cantante. Era una lectura muy interesante. Kinsella admite hoy, que las secciones de su declaración eran tan discutibles que el juez le mandó hacerlas quitar en una pre reunión celebrada en compartimentos. Kinsella hizo una serie de acusaciones serias contra su cliente. Kinsella dijo, tras la salida de Take That, que su ex cliente estaba confuso y algo problemático con su sexualidad. “Estaba muy trastornado, muy perdido” dice Kinsella. “Se sinceró conmigo acerca de lo que sentía”.

El quería contarmelo porque creo que estaba muy confundido. El no se tapó mucho de la manera en que se sentía”.
Kinsella dice que Rob parecía tener miedo a que sus tentaciones gays se hicieran publicas. “El problema en estos casos son siempre las compañías discográficas” dice Kinsella. “Les aterroriza que se publique que Rob pueda ser gay. No tiene cabida dentro de sus planes para hacer ventas. La confusion en la mente de su cliente solo añadiría problemas al joven artista ya encaminado, dice el ex manager. “Rob llevo una batalla muy difícil con el alcohol y las drogas. Dejó Take That y lucho por si mismo” dice. “Estaba sometido a una enorme presión. Le aterrorizaba el perder su carrera. Sentía que su vida entera se venía abajo y no sabía como cambiar eso. Lo pasó muy mal, una ruptura y se vino abajo. Solo necesitaba ser capaz de hablar de ello con alguien”.
A pesar de los muchos problemas que marchitaban su vida, dice Kinsella, a Rob no le faltaban ofertas con chicas fans guapas. En una ocasión en una fiesta en Manchester en otoño de 1995 una bella muchacha estaba haciendo una obvia actuación para el rompe corazones, ya liberado del casto dogma Take That. Sin embargo el compromiso de estas fiestas de famosos y la confusión de la chica fan, Rob rechazó la oferta evidente de sexo. “Esta chica estaba todo el rato encima de él haciendo obvio lo que ella deseaba” dice Kinsella. “Pero Rob no se dejaba llevar. De repente estalló en lágrimas y delante de todo el mundo le dijo “No puedo echar un polvo contigo. Me recuerdas a mi hermana”. Fue algo muy desagradable para todos.

La opinión de Kinsella coincide con la de Ray Heffernan que conoció a Rob en navidades de 1996 en Dublin y pasó dos semanas con él. Heffernan dice, “creo que en aquel momento el problema de Rob con su homosexualidad era una de sus batallas. Estaba involucrado con la escena gay desde los comienzos con Take That. No tenía claro si era heterosexual o gay cuando le conoci. Andaba por Dublin a todas horas de la noche solo hablando acerca de sus problemas y la sexualidad no la tenía clara. Era bastante claro sobre eso. Era difícil para él saber exactamente quien era. El caso es que hablaba mucho sobre ello pero sin embargo siempre salía con las chicas más atractivas como si se estuviera poniendo a prueba”.
Eventualmente Rob fue a un establecimiento fuera del tribunal con su consejero. Kinsella dice hoy que su opositor se enterró. “yo estaba muy contento con el resultado que conseguí” dice. “Pero no creo que Rob ni sus abogados entraran igual a la corte. Yo conseguí lo que me merecía”.
Los gays están también en el corazón de la mayoría de publico entre los que se encuentran Rob, Noel y Liam Gallagher. Rob fue nombrado “maricón” por Liam Gallagher en los premios del 2000 de la revista Q en Londres. Cuando el cantante de Oasis aceptó dar el premio a la mejor actuación en directo, le dijo al público, el cual incluía Rob, “Este es para Robbie como se esperaba. Él sabe el significado de la letra Q” después explicaría la observación en el típico repugnante estilo, despreciando: “Se merece el premio Q por maricón” Kevin Kinsella dice que los hermanos son inquietos con la constancia, incluso llamaron la atención de Williams tras conocerse por vez primera en Glastonbury en el verano de 1995. “Rob estaba obsesionado con los chicos de Oasis” dice, “Estaba enganchado a ellos”.

Le encantaba su música su actitud. Les seguía por Glastonbury y se hizo amigo de ellos. Le toleraban estar con ellos antes de empezar, pero se colgó tanto a ellos que ya se había convertido en un groupie. Noel y Liam en sus borracheras, decían que era gay y los deseaba. Eran un par de trabajadores de clase obrera y no sabían como llevar algo así, como librarse de él. Por eso nunca se han llevado bien entre ellos”.
Rob por supuesto no oculta nada. Es muy difícil defenderte de acusaciones gays. Él ha dicho que sería como insultar a sus amigos gays si continuara negando que es homosexual, esa implicación de alguna manera en sus negaciones sería la causa de atraer a los hombres, algo vergonzoso. Su acercamiento a las publicaciones parece ser el intento de probar la política por primera vez, de aprobar y desactivar el codazo, un codazo que hace guiño a sus propios comentarios.
Avatar de Usuario
moiLolita30
I've been expecting you
I've been expecting you
 
Mensajes: 120
Registrado: 08 May 2007 15:34

Siguiente

Volver a General RWS

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado

cron

Panel de Control del Usuario

Identificarse

¿Quién está conectado?

En total hay 1 Usuario identificado :: 0 registrado, 0 ocultos y 1 invitado (basados en usuarios activos en los últimos 5 minutos)
La mayor cantidad de usuarios identificados fue 605 el 25 Dic 2016 00:08

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado